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El Govern quiere limitar la compra “especulativa” de vivienda

La Generalitat de Catalunya estudia introducir restricciones vía Ley de Urbanismo, en una medida ligada a la negociación presupuestaria con los comunes.

Viviendas en Barcelona, en una imagen de archivo.
Viviendas en Barcelona, en una imagen de archivo.

La idea de limitar la compra “especulativa” de vivienda no llega por una reflexión serena ni por un gran pacto social: llega porque forma parte del precio político de unos presupuestos. Los Comuns llevan semanas presionando para que el Parlament apruebe en un plazo de meses una ley que prohíba o limite estas operaciones como condición para negociar las cuentas.

En ese contexto, el Govern ha tomado impulso con un argumento clave: cuatro informes encargados por la Generalitat concluyen que una restricción de este tipo puede encajar en el marco legal, sobre todo si se aplica de forma temporal y en zonas de mercado tensionado.

Qué se quiere hacer,

Según el contenido difundido sobre esos informes, la fórmula se articularía mediante cambios en urbanismo para condicionar la compra a un uso residencial efectivo durante un periodo de años, con controles y sanciones para evitar fraudes y con especial atención a la compra por parte de empresas.

La promesa política es simple: si se frena parte de la demanda inversora, bajará la presión sobre los precios. Pero esa promesa solo funciona si la norma es precisa, aplicable y controlable. Y ahí empiezan los problemas.

Más incertidumbre, menos oferta

Catalunya tiene un problema de vivienda que no se explica solo por “quién compra”, sino por escasez estructural y por un ritmo de creación de vivienda insuficiente. Si se interviene el mercado sin resolver suelo, licencias, plazos de obra y rehabilitación, se corre el riesgo de tocar la demanda sin reforzar la oferta.

Además, cuando el marco se vuelve incierto, el mercado responde como siempre: se frena la inversión pequeña y mediana, aumentan las estrategias para esquivar la norma (sociedades, cesiones, contratos puente), y se reduce la rotación del stock. El resultado puede ser el contrario al buscado: menos operaciones limpias, más ingeniería y un mercado aún más rígido.

Menos épica, más vivienda real

La crisis de vivienda exige políticas que aguanten el barro de la realidad, no solo el aplauso de la negociación. Si el Govern quiere ser creíble, no puede fiarlo todo a una etiqueta moral “especulación” y a una restricción difícil de definir y aún más difícil de controlar. Lo que baja precios de verdad es que haya más vivienda disponible y que el sistema deje de funcionar como un embudo.

María Riera
María Riera
Licenciada en Ciencias de la Información por la UCM.

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