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El trastero de Manlleu: el fallo fue antes del fuego

Cinco menores muertos y una pregunta: ¿quién estaba vigilando?

Vista del barrio del Erm, el entorno donde se ubica el edificio afectado por el incendio.
Vista del barrio del Erm, el entorno donde se ubica el edificio afectado por el incendio.

Como ya contó El Liberal, el incendio mortal se declaró en un bloque de la calle Montseny y se originó en los trasteros de la azotea. Cinco adolescentes murieron y hubo heridos leves.

Sobre el detonante exacto, todavía hay versiones cruzadas. El Periódico apuntó inicialmente a la hipótesis de una bombona de óxido nitroso (“gas de la risa”). Pero otras informaciones recogen que Mossos d’Esquadra descartaron una explosión y trabajan con la posibilidad de que se quemara algún objeto del interior con combustión rápida.

Quiénes eran las víctimas

No eran “un grupo cualquiera”: eran chavales del municipio, con vida cotidiana de instituto y barrio. Cuatro de las víctimas eran alumnos del Institut Antoni Pous i Argila y también aparecen menciones al Institut del Ter en distintas crónicas.

Varios medios señalan además un contexto familiar de origen inmigrante, con especial presencia magrebí en el entorno, un dato que explica el impacto comunitario: un tejido vecinal compacto y tragedia íntima.

El barrio del Erm es una zona construida en los años sesenta, con crecimiento rápido y un urbanismo pensado para alojar a mucha gente en poco tiempo, lo cual marca el tipo de vivienda, el tipo de comunidad y, sobre todo, la presión de espacio.

A esa presión se suma un dato: el Pla de Convivència en la Diversitat recoge que se detectó “un gran número” de viviendas irregulares en el Erm y cuantifica 58 pisos ocupados en el barrio sobre 87 en todo el municipio.

Cuando un barrio acumula densidad, vulnerabilidad y “zonas grises” —espacios compartidos degradados, sobreocupación, problemas de convivencia—, el control real se complica: hay demasiadas grietas abiertas a la vez.

En ese ecosistema aparece una escena cada vez más frecuente: menores buscando privacidad donde no toca. Algunos testimonios recogidos por la prensa describen que solían reunirse allí por falta de espacios y por el frío. En términos prácticos, un trastero se convertía en “local”.

Aquí está el “fallo antes del fuego”. Un trastero no es un punto de encuentro, es un recinto pensado para guardar cosas, no para encerrar cuerpos. Si entra humo, no hay margen: ventilación mínima, salida mala, pánico, segundos.

El Ajuntament de Manlleu ha defendido que no tenía constancia ni del uso ni, en algunas declaraciones, incluso de la existencia de esos trasteros en el terrado, y que no había recibido avisos previos.

Ignasi Boltó
Ignasi Boltó
Vídeorealizador, Youtuber y Asesor de Comunicación. A favor de una sociedad abierta y tolerante.

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