El portavoz de VOX en el Parlament, Joan Garriga, ha mostrado este miércoles su indignación ante el silencio con el que el Ayuntamiento de Barcelona ha recibido el inicio de la Cuaresma. Este periodo litúrgico constituye un pilar fundamental en la fe católica, representando los 40 días de ayuno y oración que Jesucristo vivió en el desierto antes de su Pasión. Para los fieles, la Cuaresma no es solo una tradición cultural arraigada en la identidad de nuestra sociedad, sino un tiempo sagrado de conversión, penitencia y reflexión espiritual que prepara el camino hacia la Pascua. El desprecio institucional hacia esta conmemoración está considerado como un ataque directo a los valores espirituales y a la libertad religiosa de una gran parte de la ciudadanía que ve en estos días una oportunidad de renovación interior y compromiso con el prójimo.
En un mensaje publicado en X, Garriga ha lamentado que el Consistorio dirigido por el socialista Jaume Collboni no haga «ni caso» al inicio de este periodo mientras que mantiene una actitud muy diferente hacia los musulmanes: «Hoy comienza la Cuaresma cristiana y el Ayuntamiento de Barcelona ni caso. En cambio, no duda en promover el Ramadán». Y ha añadido que el Consistorio de la capital catalana «fomenta el avance del islam mientras oculta las raíces cristianas que han configurado nuestra ciudad y civilización. Lo pagaremos caro».
También el Barça
El inicio de la Cuaresma ha pasado totalmente desapercibido entre las voces públicas de Barcelona. No sucede lo mismo con el Ramadán y hasta el FC Barcelona ha felicitado a los musulmanes por el inicio de una de sus celebraciones más importantes.
En el Vaticano
Mientras la capital catalana ignora esta fecha señalada, el mundo católico ha fijado su mirada en el Vaticano. El Papa León XIV ha presidido este miércoles la tradicional procesión penitencial y la misa con el rito de la imposición de la ceniza, recordando a los fieles la importancia de este tiempo de «renovación y desierto». La solemnidad de los actos en Roma pone de manifiesto la relevancia global de una tradición que, según denuncian desde VOX, el Ayuntamiento de Barcelona intenta relegar al ámbito de lo invisible.





