La sombra de una «guerra santa» planea sobre el conflicto armado entre EE.UU., Israel e Irán. Según una investigación revelada por el periodista Jonathan Larsen en su plataforma Substack, un comandante de una unidad de combate estadounidense habría comunicado a sus suboficiales que el conflicto contra Irán no es solo una decisión política, sino parte del «plan divino de Dios».
La denuncia, que ha sido tramitada a través de la Fundación para la Libertad Religiosa Militar (MRFF), asegura que este alto mando afirmó ante sus tropas que el presidente Donald Trump fue «ungido por Jesús» con la misión específica de desencadenar el Armagedón, la batalla final de los tiempos según la tradición cristiana.
Éxtasis religioso y quiebra de la moral
El impacto de estas declaraciones ha sido inmediato. En apenas 48 horas, la MRFF ha recibido más de 110 informes de militares pertenecientes a 40 unidades diferentes. Los denunciantes, entre los que se cuentan cristianos, judíos y un musulmán, describen, según Larsen, una atmósfera de «euforia desenfrenada» entre ciertos mandos que presentan la violencia contra Irán como un imperativo bíblico.
Para muchos soldados, especialmente aquellos en estado de «Apoyo Listo» (listos para el despliegue), esta retórica está destruyendo la cohesión de las unidades. Un suboficial citado en la investigación lamenta que este discurso «erosiona la moral y viola el juramento constitucional» de servir a una nación laica, convirtiendo el servicio militar en una suerte de cruzada fundamentalista.
Teología del conflicto
Este clima coincide con el mandato del Secretario de Guerra, Pete Hegseth, quien ha fomentado una apertura sin precedentes a grupos evangélicos dentro del Pentágono. La narrativa que se está imponiendo entre algunos comandantes sugiere que el derramamiento de sangre es necesario para que los eventos mundiales se alineen con las profecías del Apocalipsis.
Mientras el Pentágono evita responder oficialmente a estas graves acusaciones de proselitismo extremo, recoge Larsen, la inquietud crece entre las filas ante la posibilidad de que la estrategia militar de la mayor potencia del mundo esté siendo dictada por interpretaciones teológicas del «fin de los tiempos».





