Los Mossos d’Esquadra descartan, por el momento, que la muerte del joven estadounidense James “Jimmy” Gracey, hallado en el Port Olímpic de Barcelona, sea consecuencia de una agresión. La principal hipótesis sigue siendo la accidental, a la espera de los resultados definitivos de la autopsia.
Sin embargo, uno de los elementos que más interrogantes ha generado en el caso es el recorrido del teléfono móvil de la víctima, que fue localizado en manos de un hombre con antecedentes policiales.
Un hallazgo que genera dudas
Durante las tareas de investigación, los agentes recuperaron el móvil del joven tras interceptar a un individuo de origen pakistaní que aseguró haberlo encontrado. Al no poder justificar su procedencia, fue denunciado por los Mossos. Aunque la familia del fallecido sostiene que el dispositivo fue sustraído, la policía catalana considera, por ahora, que este hecho no estaría directamente relacionado con la muerte del joven.
A pesar de este episodio, los investigadores insisten en que no existen, hasta el momento, indicios de criminalidad. No hay señales que apunten a que el joven fuera atacado antes de caer al mar ni evidencias de violencia previa. La línea principal de trabajo apunta a que Gracey, tras salir de una discoteca del frente marítimo, pudo acercarse a la zona de rocas o a la escollera y caer al agua, posiblemente bajo los efectos del alcohol.
Reconstrucción de los hechos
Las cámaras y los testimonios sitúan al joven caminando solo en dirección a la playa durante la madrugada. Además, la aparición de su cartera flotando en el mar reforzó desde el primer momento la hipótesis de una caída accidental. El cuerpo fue localizado finalmente a escasa distancia del lugar donde fue visto por última vez, lo que encaja con la reconstrucción realizada por los investigadores, según recoge El Caso.
La autopsia será clave para confirmar de forma definitiva la causa de la muerte. Aunque todo apunta a un ahogamiento, los resultados permitirán cerrar el caso y descartar cualquier giro en la investigación. Mientras tanto, el caso deja una imagen incómoda: la de un fallecimiento aparentemente accidental rodeado de elementos —como la desaparición y posterior aparición del móvil— que, aunque no determinantes, siguen alimentando las dudas sobre lo ocurrido en las horas previas.





