El Gobierno vasco reclama la entrega del Gernika para ser instalado (se dice) en el Museo Guggenheim de Bilbao. Esa petición se suma a la formulada el pasado verano, de que el Rey de España pidiera perdón por los bombardeos que sufrió Gernika durante la guerra. Son temas enlazados, pero que conviene comentar por separado.
El Gobierno del PNV (que gobierna en coalición con el PSOE) solicita la entrega del cuadro para que esté donde debe estar, que es en el País Vasco. Nótese que exige la entrega, no la restitución, y eso es por la sencilla razón de que el famoso cuadro nunca estuvo allí. Fue pintado cerca de Paris en 1937, inicialmente para ser presentado en la Exposición Universal de 1938.
No hay disputa alguna en torno al hecho cierto de que Gernika sufrió un durísimo bombardeo el 26 de abril de 1937 ejecutado por las aviaciones alemana e italiana, y también está fuera de duda que el suceso conmovió a Picasso que decidió aprovechar el encargo de la República para plasmar una grandiosa denuncia de la guerra y sus horrores. Fue el propio Picasso quien comenzó a referirse a su obra, ya iniciada, llamándola el Gernika, aunque nada en ella indica que su tema sea un bombardeo, y, menos aún, sobre la ciudad vasca.
Es alto el número de ciudades españolas que , además de Gernika, sufrieron bombardeos durante la Guerra civil llevados a cabo por los sublevados (Madrid, Barcelona,Durango, Jaén, Cartagena, Alicante, Valencia, Alcañiz, ReusTarragona, Lérida, Granollers, Figueras) y también, aunque en menor escala, por la aviación de la República (Granada, Oviedo). No hay razón para priorizar en la tragedia a unos lugares colocándolos por encima de otros. Lo que en cualquier caso es cierto es, en primer lugar, que la función inmediata del cuadro tras su presentación en Paris fue ser expuesto como angustiada llamada de auxilio mostrando los horrores de la guerra en España.
No hay razón para priorizar en la tragedia a unos lugares colocándolos por encima de otros
Es igualmente cierto que el cuadro lo encargó el Gobierno de la República, al margen de que Picasso, por decisión propia, solo quiso cobrar el coste de los materiales empleados para la realización de la obra, que, por lo mismo, pertenece al Reino de España en tanto que Estado. Ese es un matiz jurídico que los nacionalistas vascos eluden (algunos, simplemente, no lo entienden). Y, en fin, otro dato a ser tenido en cuenta es que el propio Picasso, que tiempo tuvo de conocer el fin de la guerra y la instauración de la dictadura, declaró su oposición a que la obra regresara a España antes de que volviera a haber una República o estuvieran garantizadas las libertadas democráticas, pero jamás dijo nada en orden a la instalación de la obra en el País Vasco.
El Guernika pasó el franquismo depositado en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, hasta que en regresó a España en 1981, siendo desde 1992 su espacio el Museo Reina Sofía, lo cual no cumple plenamente con los deseos de Picasso, quien había manifestado en vida que su deseo sería que su obra estuviera cerca de la del pintor a quien más admiraba de todos los tiempos, que era Velázquez. Pero dejemos este tema.
De momento, el Gobierno ha rechazado la petición del Sr. Pradales (Presidente del Gobierno Vasco) alegando que el estado del cuadro es muy delicado y una operación de transporte podría dañarlo. Los del PNV rechazan ese argumento invocando el “vínculo de la obra con el pueblo vasco”, vínculo que, como dije antes, se contrae al nombre. Con el mismo criterio, los cuadros de Goya dedicados al 2 de mayo de 1808 deberían pertenecer a la Comunidad de Madrid, pues madrileños son los fusilados en la Moncloa o los arroyados por los mamelucos.
A buen seguro el PNV encontrará apoyo en Bildu, Junts y ERC, y será porque todos coinciden en negar la existencia de un “patrimonio nacional” común a todos los españoles (condición que esa tropa rechaza), y, por lo mismo, la idea de “titularidad común” encierra el virus del Estado único, del que abominan. Pero mal que le pese al PNV, el Guernika es, por encima de todo, un recuerdo majestuoso del drama que fue la Guerra civil española y todas las guerras que asolan a la humanidad.
En ese punto es donde se enlaza con los otros temas, que tienen como primer frente de combate la negativa a la existencia misma de España, obsesión congénita a los separatismos. Seguidamente se abre paso a la discusión sobre el derecho a narrar la historia que, por supuesto, solo pertenece a una parte de la sociedad española (idea muy grata al sanchismo en su política de “revitalización” del franquismo).
Mal que le pese al PNV, el Gernika es un recuerdo del drama que fue la Guerra Civil y todas la guerras que asoman a la humanidad
Y así se llega al dislate máximo: la lucha contra el despectivamente llamado “régimen del 78”, en la que participa el actual PSOE, pasa por la aceptación indiscutible de que ese “régimen” (que es el de la Constitución de 1978 y la Monarquía Parlamentaria) no es sino la “continuación del franquismo”, tesis incompatible con la verdad histórica y jurídica, pero que es la que conviene a los intereses del independentismo y a los coyunturales de Sánchez y de lo que queda del PSOE. Todo el gran despropósito sirve perfectamente a los intereses de Sánchez, que desea un clima «guerra civilista» como marco para la celebración de las elecciones, en las que el «bando nacional» ha de ser el PP.
Convergen así, intereses del PNV y del propio PSOE. Nada de sorprendente tiene, así las cosas, que el PNV haya exigido que Don Felipe pida perdón por los bombardeos de Guernika, ejecutados por la aviación alemana y la italiana, cooperadoras militares del ejército que, al mando del General Franco, se alzó contra la II República. El sucesor natural de Franco sería don Juan Carlos – la Constitución de 1978 no existe en ese relato – y, tras él, don Felipe. Se trata de un dislate repugnante, pero eso es lo que vende en los predios independentistas (sin olvidar la proclividad a esa idea de parte de Podemos, Sumar y otros).
En suma: el pensamiento del Presidente mexicano (el tal AMLO) sobre la obligación de España de pedir perdón por los abusos cometidos durante la conquista, olvidando que México fue una creación de los españoles y, además, que, para bien y para mal, son los actuales mexicanos los que descienden de aquellos primeros españoles y de los que fueron llegando después.
Para el PNV es esencial mantener la idea de que todos los que no piensan como ellos son responsables del sufrimiento de Euskadi, en el pasado y en el presente. Tal vez convendría que recordaran que el mayor bombardeo que ha padecido Bilbao en su historia tuvo lugar en 1874, y lo ejecutaron vascos echados a la causa carlista, católicos ultramontanos, que arrasaron la ciudad sin respetar nada, incluyendo a iglesias y hospitales.
Es de suponer que ese “episodio nacional vasco” no es de grato recuerdo, máxime teniendo en cuenta que implica a los abuelos ideológicos tanto de Bildu como del propio PNV. Cuesta entender cómo el Gobierno vasco no ha promovido una revisión de los hechos históricos incluyendo una “demostración” de que los artilleros de aquel 1874 no eran realmente vascos. Todo se andará.



