‘La asistente editorial’: cuando el trabajo de tus sueños se convierte en una pesadilla

Caroline Wahl retrata con ironía y humor los abusos de poder en el mundo editorial a través de una joven atrapada entre sus ambiciones y un jefe tiránico

En realidad, Charlotte se había dado cuenta desde el principio de que todo aquello era un gigantesco error. Ya antes de cometer el gigantesco error, cuando vio la convocatoria, sintió que podía tratarse de un gigantesco error. A menudo Charlotte se pregunta qué habría pasado si, después de ver la convocatoria, no le hubiera contado nada a su madre. Entonces su madre no se lo habría contado a su padre, y su padre y su madre, es decir, su padre, no la habrían convencido de que se presentara y, tras un proceso de selección más o menos exitoso, ocupara el puesto. Asistente del editor en una renombrada casa editorial de Múnich. Así comienza «La asistente editorial» (Lumen), una historia sobre el poder y la impotencia contada de forma diferente por Caroline Wahl.

Esta narración está basada en su experiencia laboral. Caroline Wahl fue estudiante en prácticas en Klett-Cotta y trabajó como asistente editorial en Diogenes. Esta obra logró vender en Alemania 200.000 ejemplares en las dos primeras semanas tras su publicación. Dedicarse a la música: ese es el mayor deseo de Charlotte, pero tras graduarse, empieza a entender que este no va a ser un camino tan viable y no tiene más remedio que buscar un trabajo “de verdad”. En la antesala del editor del que ahora se ha convertido en asistente, ella comprende que se encuentra muy cerca del centro de poder. Ha tenido que poner su vida patas arriba: se ha mudado a Múnich, ha alquilado un piso frío y deprimente cuyo único atractivo son las vistas al río Isar y se ha alejado de sus padres, de quienes, pese a sus diferencias, siente que aún depende. Pero pronto se da cuenta de que el editor cambia con frecuencia de asistente, sufre repentinos ataques de ira y exige a Charlotte un compromiso que va mucho más allá de lo laboral: no puede irse de fin de semana, dejar el móvil desatendido, ni, por supuesto, entregarse a su incipiente historia de amor con Bo. Aunque en un principio se desvive por tratar de impresionar a su tiránico jefe, su mundo se va haciendo cada vez más pequeño, y Charlotte tendrá que decidir si la excelencia, de la que se sabe más que capaz, es suficiente para compensar tantos sacrificios.

Ironía, humor y profundidad

«Has llegado a lo más alto»», «Este es el principio de tu carrera editorial», decía su padre. «Has llegado a lo más alto», «Este es el principio de tu carrera editorial», decía su madre, que repite lo que su padre dice. Charlotte pasa mucho tiempo con ese torturador «qué habría ocurrido si…». Es un poco como cortarse con una cuchilla, piensa Charlotte, y se pregunta si el dolor de la cuchilla quizá sería más agradable. Pero todas esas cicatrices… A veces Charlotte ve a personas con muchas cicatrices en el brazo, y le enloquece y le fascina también un poco la disposición, por regla general simétrica y paralela, de las líneas en el brazo. Como pulseras. Mira el rostro al que pertenece el brazo plagado de cicatrices y se pregunta cuáles pueden ser las razones. 

Con ironía, humor y profundidad, el lector disfrutará con la historia de una joven que no desea convertirse en víctima y, sin embargo, se ve envuelta en una situación demasiado familiar: cuando el trabajo pasa a ser un infierno insufrible. Una historia contemporánea sobre el poder y la resiliencia por una voz nueva, fresca y auténtica.

María Riera
María Riera
Licenciada en Ciencias de la Información por la UCM.

NOTICIAS RELACIONADAS

Opinión