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Tener muchos hijos es de extrema derecha, según TV3

Tener muchos hijos es de extrema derecha, según TV3
Una madre paseando con su hijo Foto: Europa Press

El fomento de la natalidad crece al amparo de la extrema derecha. No, no es broma; es un titular de nuestro conglomerado mediático público catalán. De acuerdo con su editorial, el pronatalismo está resurgiendo al amparo del extremismo etnicista, vinculándolo directamente con ideologías autoritarias, misóginas y racistas. Promover que las familias tengan más hijos es, se ve, una estrategia reaccionaria; una lectura que ha levantado muchas ampollas y ha sidp categorizada -si me lo perimten, con razón- de parcial y profundamente reduccionista.

España enfrenta, con todo Occidente, un grave problema demográfico: la tasa de natalidad es de 1,16 hijos por mujer, sin posibilidad para el reemplazo generacional. La pirámide de edad está completamente invertida, destruyendo cualquier perspectica de sostenibilidad del Estado del bienestar. Revertir la caída de la natalidad es una prioridad estratégica, no ideológica.

3/24 obvia estos datos y vincula de forma generalizada cualquier impulso pronatalista con el supremacismo blanco, el tradicionalismo religioso y los gobiernos autoritarios. Se mencionan ejemplos como el de Hungría o Rusia, pero se ignoran modelos democráticos —como Francia, Suecia o Finlandia— que aplican políticas familiares activas sin derivar en extremismos.

No se menciona tampoco el componente migratorio en el equilibrio demográfico, pese a que los últimos datos muestran que las tasas de natalidad más elevadas se concentran en colectivos inmigrantes, algunos de los cuales presentan dinámicas culturales y religiosas que chocan con valores democráticos como la igualdad de género, sin ir más lejos. Por lo que sea, nadie se cuestiona los «motivos ideológicos» tras la alta natalidad del colectivo migrante.

Promover que la natalidad no es motivo de estigmatización ideológica. Soprende tener que recalcarlo, pero parece que es necesario. El pronatalismo no es, en sí mismo, una política partidista, sino una herramienta que puede -y debe- aplicarse desde la racionalidad y el interés común.

Reducir un problema estructural a una lucha cultural caricaturesca empobrece el debate público -aunque ya estamos acostumbrados-, y que dificulta la búsqueda de soluciones reales a nuestors problemas estructurales, que no son pocos.

María Riera
María Riera
Licenciada en Ciencias de la Información por la UCM.

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