Zelenski pronunció en Davos uno de sus discursos más duros hasta la fecha contra Europa. En una alocución cargada de reproches, calificó al continente como un «caleidoscopio fragmentado de pequeñas y medianas potencias» que parece «perdido» y atrapado en un eterno día de la marmota, repitiendo discusiones sin pasar a la acción decisiva.
Zelenski criticó duramente la pasividad europea ante la agresión rusa: acusó a los líderes de no actuar contra la flota sombra de petroleros rusos, de no confiscar los activos rusos congelados para financiar la defensa de Ucrania, y de ser tibios frente a amenazas como Irán o Bielorrusia. Recordó que el año anterior ya había advertido que «Europa necesita saber defenderse», pero un año después «nada ha cambiado sustancialmente». Comparó la respuesta europea a crisis globales —como la reciente tensión por Groenlandia— con un «modo Groenlandia»: esperando pasivamente que otros actúen.En contraste, el mandatario ucraniano mostró un tono más apreciativo hacia Trump. Reconoció que la presión de Trump ha sido clave para forzar a Europa a aumentar el gasto en defensa (algunos países alcanzaron el 5% del PIB solo por esa insistencia), y elogió acciones concretas de Washington, como detener petroleros rusos o medidas contra Irán y Venezuela. Zelenski enfatizó que «Trump ama quien es» y no cambiará por una Europa débil o dividida, urgiendo al continente a dejar de intentar «convencerlo de cambiar» y asumir su propio liderazgo en la defensa de la libertad.
El discurso llega en un momento delicado: tras una reunión «productiva» con Trump en Davos —donde avanzaron en garantías de seguridad postbélica para Ucrania, aunque el tema territorial sigue pendiente—, y con negociaciones trilaterales (EE.UU., Ucrania y Rusia) previstas pronto en Abu Dhabi para buscar un fin al conflicto. Zelenski parece jugar una carta diplomática estratégica: presionar a Europa para que asuma más responsabilidad, mientras mantiene un canal abierto y constructivo con Trump, principal impulsor actual de un acuerdo rápido que podría incluir concesiones territoriales.
Esta severidad con sus aliados europeos más cercanos —descrita por medios como The New York Times, The Guardian y Politico como «abrasiva» y «de las más duras» de su mandato— resalta la frustración de Kiev ante la lentitud y fragmentación del apoyo continental, en un contexto donde la dependencia de EE.UU. podría disminuir. Zelenski cerró llamando a Europa a convertirse en una «fuerza global unida» capaz de actuar hoy, no solo discutir el futuro, bajo riesgo de quedar relegada en un orden mundial cambiante.





