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La purga de Óscar Puente en Cataluña: cesa a Carmona y García Alemany para salvar su ministerio

El ministro sacrifica a los directores de Rodalies y Adif en un intento desesperado por tapar el colapso ferroviario y la tragedia de Adamuz.

Óscar Puente ha ejecutado el cese fulminante del director de Rodalies y del jefe de circulación de Adif
Óscar Puente ha ejecutado el cese fulminante del director de Rodalies y del jefe de circulación de Adif

El caos ferroviario que desangra la movilidad en Cataluña ya tiene sus primeros señalados oficiales. El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha ejecutado el cese fulminante de Antonio Carmona, director de Rodalies de Cataluña, y de Enric García Alemany, responsable técnico de Adif en el territorio catalán. Según detalla la prensa tras el caos ferroviario de las últimas semanas, estos relevos buscan aplacar una indignación social que ha traspasado todos los límites.

Para los usuarios de toda la geografía catalana, este movimiento es una «vía de escape». Sacrificar a los perfiles técnicos encargados de la infraestructura en Cataluña parece una maniobra de supervivencia de Puente para evitar que la responsabilidad política por la falta de inversión y el accidente de Adamuz llegue a su despacho.

A pesar de la salida de Carmona y García Alemany, los datos de la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria y de la IGAE confirman que la inversión ejecutada en Cataluña sigue bajo mínimos. La purga técnica no borra el hecho de que el Ministerio ha priorizado el relato sobre la seguridad. Mientras Puente gasta energías en las redes sociales, las vías de Rodalies de punta a punta de Cataluña y los puntos negros de Córdoba siguen esperando soluciones reales.

La estrategia de comunicación del Ministerio no ha convencido en X. Los ciudadanos perciben estos ceses como un escudo humano para proteger al ministro.

Óscar Puente ha decidido que sean Antonio Carmona y Enric García Alemany quienes paguen los platos rotos de una red que se cae a pedazos. Cesar a los técnicos es un ejercicio de supervivencia; un cortafuegos para que las cenizas de Adamuz y el humo del colapso catalán no manchen la silla del ministro.

Pero los catalanes que hoy volverán a sufrir retrasos desde Figueres hasta Tortosa saben que el problema no son los apellidos de los directivos, sino el abandono sistemático. Si Puente cree que rodando cabezas se olvida la falta de inversión, subestima a una ciudadanía que ya no quiere ver más ceses, sino trenes que lleguen a su hora y, sobre todo, que lleguen seguros. Estos despidos son la firma de un político que prefiere sacrificar a sus subordinados antes que asumir que su gestión ha descarrilado por completo.

María Riera
María Riera
Licenciada en Ciencias de la Información por la UCM.

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