La Iglesia católica en España ha dejado de ser un bloque monolítico frente a las políticas migratorias de la Moncloa. Si bien la Doctrina Social de la Iglesia aboga históricamente por la acogida, el anuncio de la regularización masiva de medio millón de personas ha levantado ampollas en los sectores más tradicionales del Episcopado. Lo que para unos es un imperativo moral, para otros se perfila como una decisión imprudente que ignora las capacidades reales del Estado y las tensiones sociales.
🇪🇸 ESPAÑA
— Vida Nueva Cono Sur (@VNConoSur) January 29, 2026
El franciscano reclama “medidas sensatas, no populistas ni demagógicas, para acoger a los posibles descartando a cuantos extrañamente se nos cuelan”
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Entre el dogma y la realidad social
El malestar de este sector crítico no nace de un rechazo a la persona, sino de una desconfianza profunda hacia el método. Estos obispos subrayan que una acogida responsable exige algo más que un decreto ley; requiere una estructura de integración que el Gobierno no ha detallado. La preocupación principal es que esta legalización «exprés» termine alimentando la exclusión en lugar de erradicarla, creando guetos y tensionando unos servicios públicos que ya están bajo mínimos.
Esta postura choca frontalmente con la línea más oficialista y cercana a los postulados del Vaticano, que ha dado un visto bueno casi automático a la medida.
"Fui extranjero y me acogisteis" (Mt 25). Los inmigrantes tienen ntra agradecida acogida. Pero ¿cuántos podemos asumir? Todos no caben y hay q establecer medidas sensatas, no populistas ni demagógicas, para acoger a los posibles descartando a cuantos extrañamente se nos cuelan.
— jesus sanz montes (@jsmofm) January 29, 2026
El ala conservadora del episcopado no es ajena al análisis que sugiere que esta medida podría tener un trasfondo de ingeniería electoral. Al legalizar la situación de 500.000 personas sin un consenso social ni político, el Gobierno no solo busca —en teoría— la integración laboral, sino que altera la base social del país de una forma que la jerarquía más prudente considera arriesgada.







