El mapa político catalán vuelve a agitarse. Tras meses de aparente estabilidad bajo el Gobierno de Salvador Illa, los últimos datos demoscópicos arrojan un cambio de rasante que pone en alerta a las dos grandes fuerzas del Parlament. El PSC y Junts per Catalunya experimentan un retroceso significativo, evidenciando los primeros síntomas de desgaste de la gestión socialista y el estancamiento de la estrategia de Waterloo.
Este enfriamiento de los partidos mayoritarios no se traduce en apatía, sino en un trasvase de apoyos y hacia una Esquerra Republicana (ERC) que, tras tocar fondo, parece iniciar una tímida pero constante recuperación.
Encuesta Parlament de Catalunya…
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El factor Aliança Catalana y el voto de castigo
La gran sorpresa del sondeo es el crecimiento de Aliança Catalana. La formación de Sílvia Orriols sigue rentabilizando el debate sobre la seguridad y la inmigración, consolidándose como un actor capaz de condicionar la agenda política y de atraer a un votante independentista desencantado con las formaciones tradicionales. Su ascenso es ya una tendencia estructural que amenaza con fragmentar todavía más el voto nacionalista.
Por su parte, Junts ve cómo su hegemonía en el espacio de la derecha independentista se agrieta. El efecto del retorno de sus líderes parece haberse diluido, dejando paso a una fatiga electoral que beneficia tanto a la abstención como a opciones más radicales.
El PSC ante su primer bache
Para Salvador Illa, los datos son un aviso a navegantes. El bloque constitucionalista, que encontró en el PSC un refugio de orden y gestión, empieza a mostrar dudas. La caída de los socialistas sugiere que la política de pactos y el equilibrio con el Gobierno central están pasando factura a un electorado que demanda resultados más tangibles en el día a día de Cataluña.
En este escenario, ERC respira. Tras el congreso interno y la clarificación de liderazgos, los republicanos logran detener la hemorragia de votos y recuperan posiciones, presentándose de nuevo como la alternativa necesaria para la gobernabilidad, aprovechando el hueco que dejan Illa y Puigdemont.
Un escenario de máxima fragmentación
Si hoy se celebraran elecciones, la formación de mayorías sería un rompecabezas todavía más complejo que el actual. Con un PSC a la baja y una Aliança Catalana al alza, las piezas del Parlament obligarían a pactos transversales o a bloqueos de difícil solución. Cataluña entra en una fase de "reajuste" donde el bipartidismo de facto entre socialistas y postconvergentes parece tener los días contados.





