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La huelga de maquinistas deja el servicio de Rodalies totalmente sumido en el caos

Una nueva jornada de cancelaciones y parálisis en toda la red deja a miles de catalanes atrapados en los andenes mientras Renfe y los sindicatos se culpan mutuamente del desastre.

La jornada ha comenzado con escenas de alta tensión en las estaciones de Sants y Plaza Cataluña.
La jornada ha comenzado con escenas de alta tensión en las estaciones de Sants y Plaza Cataluña.

Cataluña ha vuelto a despertarse con su peor pesadilla logística: una red ferroviaria paralizada y miles de ciudadanos pagando los platos rotos de un conflicto que les es ajeno. Este lunes, 9 de febrero, la huelga convocada por el sindicato de maquinistas Semaf ha convertido los principales nodos de transporte en un caos absoluto. Las líneas R1, R2, R3 y R4 han sido las más castigadas, con frecuencias que en muchos casos no han llegado ni a los servicios mínimos decretados. La desidia administrativa, sumada a la incapacidad negociadora de Renfe, ha vuelto a dejar claro que Rodalies no es un servicio público fiable, sino un rehén de intereses políticos y sindicales.

El mito de los servicios mínimos
La jornada ha comenzado con escenas de alta tensión en las estaciones de Sants y Plaza Cataluña. Pese a que se había prometido una cobertura del 85% en hora punta, la realidad ha sido muy distinta: trenes cancelados sin previo aviso y convoyes circulando con retrasos que superaban los 45 minutos. La indignación de los pasajeros se ha disparado al comprobar que la aplicación oficial y la megafonía ofrecían informaciones contradictorias, una muestra más de la falta de respeto hacia un usuario maltratado sistemáticamente por las instituciones. En este contexto, la promesa de gratuidad del Govern se percibe ya como un insulto ante la imposibilidad física de subir al tren.

Guerra de despachos y parálisis en la vía
Mientras los andenes se convertían en ollas a presión, el Ministerio de Transportes y Renfe acusaban a los maquinistas de un «incumplimiento deliberado de los servicios mínimos». Por su parte, el sindicato Semaf niega la mayor y responsabiliza a la compañía de la mala planificación y la falta de personal. Esta guerra de relatos no aporta soluciones a una red que sufre una degradación estructural profunda. El traspaso integral a la Generalitat vuelve a agitarse como bandera política, pero para el ciudadano que pierde su mañana en un vagón parado, los logotipos son lo de menos: la fiabilidad de Rodalies es hoy nula, gestione quien gestione la incompetencia.

La normalización del desastre
El impacto económico de una jornada como la de hoy es incalculable, pero el coste social es aún mayor. Miles de personas han llegado tarde a sus puestos de trabajo o citas médicas, viéndose obligadas a colapsar las carreteras en busca de alternativas. La sensación de abandono es total ante una administración que parece haber normalizado el colapso diario. Rodalies se ha convertido en un lastre para la competitividad de Cataluña y en una herida abierta en la vida cotidiana de sus ciudadanos. Si no hay una intervención que ponga fin a este chantaje permanente al usuario, el sistema ferroviario acabará muriendo por pura irrelevancia política.

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