Probablemente lo más destacado del resultado de las elecciones de ayer es el notable desplazamiento del electorado hacia la derecha. Se trata de un fenómeno compartido con la mayoría de países occidentales, que ya se mostro en Extremadura, pero que en Aragón es especialmente significativo por la irrelevancia de la extrema izquierda de IU, Sumar y Podemos. Podemos no alcance ni el 1% de los votos cuando llego a tener más del 20% y hasta 14 diputados en 2015. Un record, y no por falta de presencia mediática. Alvise, censurado hasta en las encuestas, alcanza el 2,75%. El voto protesta, antisistema, se instala en la derecha.
En estas elecciones la suma de PP, Vox y SALF alcanza el 54,88%. En 2023 el 47,24%. Y en 2015 , PP, C’s y UPYD se quedaron en el 37,75%. En 10 años la derecha ha crecido en 17,13 puntos.
Los resultados ratifican una evidencia: las mayorías absolutas son un recuerdo que, salvo contadísimas excepciones, no vamos a volver a ver al menos a corto plazo. Que el PP deje de soñar con alcanzarlas.
En este sentido el resultado de ayer, junto con el de Extremadura , nos muestra que el sanchismo se queda sin socios para volver a hacer gobiernos con extrema izquierda y nacionalistas e independentistas. Debería ser una buena noticia para Feijóo a pesar de la decepción de no sólo no lograr la mayoría absoluta sino incluso perder algo más de un punto porcentual y dos diputados. Sólo con aliados se llega a la Moncloa . Y VOX será todo lo incómodo que se quiera para el PP , pero es su única posibilidad de alcanzar el Gobierno de España. Y para los españoles hartos de Sánchez, no necesariamente simpatizantes de PP o Vox, consolidar la mayoría absoluta entre ambos partidos es la única esperanza de cambio y , por tanto, votar a cualquiera de ellos tendrá el plus del voto útil antisanchista.





