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Los informes que vuelven a poner contra las cuerdas a la Generalitat

La Sindicatura de Comptes reabre el debate sobre el control interno tras detectar irregularidades en organismos públicos.

La Sindicatura de Comptes, el órgano encargado de fiscalizar el uso de fondos públicos, vuelve al centro de la polémica.
La Sindicatura de Comptes, el órgano encargado de fiscalizar el uso de fondos públicos, vuelve al centro de la polémica.

La Sindicatura de Comptes ha puesto bajo la lupa dos ámbitos especialmente sensibles del sector público catalán: la contratación y adjudicación del servicio de acogimiento de infancia y adolescencia gestionado por la DGAIA en el periodo 2016–2020, y la contratación y los gastos de personal de la CCMA en 2021 y 2022. Son dos fiscalizaciones distintas, pero con un efecto político parecido: cuando el órgano fiscalizador publica conclusiones, el foco pasa de inmediato de “qué se ha hecho mal” a “quién queda señalado”.

Un patrón que se repite: el foco pasa del hecho al mensajero

En los episodios más recientes, la reacción no se limita a “qué ocurrió” o “cómo se corrige”, sino que se transforma en un choque alrededor del propio fiscalizador. La Sindicatura insiste en su condición de institución estatutaria y en su funcionamiento colegiado, con síndics elegidos por el Parlament.

En redes, ese desplazamiento se nota en cuestión de minutos: unos reclaman “responsabilidades ya” y preguntan “cómo puede pasar durante años”; otros responden con desconfianza y hablan de “campaña” o “interés político”. El resultado es el de siempre: mucho ruido, poca rendición de cuentas.

DGAIA: la fiscalización vuelve a incomodar

El debate ha salpicado el ámbito de infancia y adolescencia, donde la gestión pública acumula tensión y escrutinio. En concreto, el informe analiza cómo se tramitó la contratación pública y la adjudicación del servicio de acogimiento en el periodo 2016–2020, un terreno especialmente delicado por la dependencia de recursos concertados y la presión asistencial.

El problema de fondo no es solo lo que señalan los informes, sino el mensaje que deja la secuencia: si el control llega tarde, la corrección llega aún más tarde. Y ahí se abre una pregunta que no se responde con titulares: qué falló para que determinados controles no actuasen antes de que el asunto terminara estallando públicamente.

CCMA: gestión interna y retribuciones en el centro del debate

Otro foco es la CCMA, el ente público que gestiona los medios audiovisuales de la Generalitat. Aquí la fiscalización se centra en contratación y gastos de personal en 2021 y 2022, y su publicación ha reactivado el debate sobre procedimientos internos, controles y el cumplimiento del marco retributivo en el sector público.

En redes, el choque se calcó al de otras crisis: indignación por la sensación de “barra libre” y, al mismo tiempo, mensajes que intentan relativizarlo o convertirlo en una batalla identitaria. Entre ambos extremos, vuelve a quedar enterrado lo esencial: qué se corrige, cómo se corrige y quién responde si no se corrige.

La clave: fiscalizar no debería ser una provocación

La Sindicatura no gobierna ni ejecuta; señala. Y precisamente por eso se convierte en diana cuando sus conclusiones incomodan. Si cada informe termina convertido en una guerra política, el gran perdedor no es el adversario de turno: es la credibilidad del control público.

La Generalitat puede discutir el tono, la oportunidad o el contexto. Pero la pregunta que queda —y que la ciudadanía entiende a la primera— es otra: si el fiscalizador te “pone contra las cuerdas”, quizá el problema no sea el árbitro, sino el partido que se estaba jugando sin vigilancia suficiente.

María Riera
María Riera
Licenciada en Ciencias de la Información por la UCM.

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