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Los ‘therian’: identidad o ilusión

¿Identidad real o escapismo digital? Un análisis sobre el fenómeno 'therian', la tendencia que redefine la autopercepción adolescente frente a la realidad biológica

Composición visual que contrasta a un joven con máscara de lobo en un entorno digital frente a un adolescente en una consulta psicológica, analizando el fenómeno therian.
El fenómeno 'therian' plantea un debate profundo entre la búsqueda de identidad en entornos digitales y la necesidad de atención psicológica ante crisis de realidad.

Existe una tendencia creciente en internet, especialmente entre adolescentes, que merece un análisis crítico serio: el movimiento therian. Sus seguidores afirman identificarse de manera profunda y genuina con un animal no humano, no como metáfora ni como afición, sino como parte de su identidad más íntima. Algunos dicen ser lobos, zorros o águilas atrapados en cuerpos humanos. Y aquí comienza el problema.

El primer argumento crítico es biológico.Un ser humano no es un lobo. No lo es genéticamente, neurológicamente ni evolutivamente. El cerebro humano está diseñado para procesar el lenguaje, el pensamiento abstracto, la empatía compleja y la conciencia de sí mismo de una manera radicalmente distinta al de cualquier otro animal. Afirmar que uno *es* un animal en su esencia más profunda no es una identidad alternativa válida: es una negación de la realidad biológica más elemental. Nadie cuestionaría que alguien se sienta atraído por la naturaleza animal, que la admire o se inspire en ella. Eso es perfectamente humano. Pero dar el salto a ser un lobo es un ejercicio de pensamiento mágico que no resiste ningún análisis empírico.

Un fenómeno nacido en redes sociales

El segundo problema es cultural e identitario. El movimiento therian nació y se desarrolló fundamentalmente en plataformas como TikTok y Tumblr, espacios donde la originalidad extrema genera atención y seguidores. Esto no es un dato menor. Cuando una «identidad» florece exactamente donde más rédito social produce, es legítimo preguntarse si estamos ante una experiencia genuinamente vivida o ante una construcción narrativa impulsada por el deseo de pertenencia y distinción. Los adolescentes, en particular, son especialmente vulnerables a adoptar identidades que los diferencian del grupo y les proporcionan una comunidad. Eso no los hace malas personas, pero sí hace que la supuesta identidad merezca más escrutinio, no menos.

El tercer argumento es filosófico. El movimiento therian se apoya en la misma lógica que otras corrientes identitarias contemporáneas: la afirmación subjetiva como prueba suficiente de verdad. «Soy un lobo porque me siento lobo.» Pero la filosofía lleva siglos enseñándonos que el sentimiento interno no es un criterio epistemológico fiable. Las personas pueden sentir con absoluta convicción cosas que son falsas. La introspección tiene límites. Si aceptamos que basta con sentirse algo para serlo, hemos disuelto cualquier posibilidad de diálogo racional.

¿Evasión o empoderamiento?

Por último, hay una cuestión de daño real. No se trata de perseguir a nadie ni de ridiculizar el sufrimiento genuino. Pero cuando jóvenes que atraviesan crisis de identidad, ansiedad o dificultades sociales encuentran en la identidad therian una respuesta y una comunidad, existe el riesgo de que esa etiqueta posponga o sustituya la atención psicológica que realmente necesitan. Caminar a cuatro patas en el colegio o gruñir cuando alguien te habla no es autoconocimiento: es un mecanismo de evasión disfrazado de empoderamiento.

En definitiva, el fenómeno therian no merece burla gratuita, pero sí una crítica directa. Detrás de la estética llamativa hay una confusión genuina entre deseo, metáfora e identidad que nadie debería validar sin cuestionamiento. Ser humano, con toda su complejidad y contradicción, es suficiente.

Jordi Bosch
Jordi Bosch
Presidente Asociación Javier Sartorius

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