Pacto ERC-Podemos: cuando los intereses electorales se imponen a las afinidades ideológicas

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Irene Montero y Gabriel Rufián
Irene Montero y Gabriel Rufián

El sorprendente acuerdo entre Esquerra Republicana y Podemos, con Gabriel Rufián e Irene Montero como protagonistas, constituye una buena muestra de hasta qué punto los intereses electorales pueden imponerse a las afinidades ideológicas y a las trayectorias políticas.

El pacto es sencillo. Podemos renuncia a presentar una candidatura propia en Cataluña y se incorpora, con algunos representantes, a las listas de ERC. A cambio, Gabriel Rufián apoyará a Irene Montero en su campaña por el conjunto de España, especialmente en Madrid, donde Podemos competirá con el denominado Frente Amplio.

A primera vista, el acuerdo resulta difícil de explicar. ERC es un partido independentista que reivindica el reconocimiento de Cataluña como nación y la ampliación de sus competencias hasta alcanzar la plena soberanía. Podemos, por su parte, es una formación de ámbito estatal que, pese a defender teóricamente la plurinacionalidad de España y el derecho a decidir, ha mantenido discrepancias importantes con las aspiraciones competenciales del nacionalismo catalán. Nada extraño. Una cosa es la verborrea plurinacional propia de la Unión Soviética y otra la práctica real del » centralismo democrático «. Pablito y señora no son de los que si alcanzan el poder están dispuestos a compartirlo.

El ejemplo más reciente y significativo lo encontramos en septiembre de 2025, cuando Podemos votó en contra de la proposición de ley pactada entre el PSOE y Junts para delegar a la Generalitat determinadas competencias en materia de inmigración. Su secretaria general, Ione Belarra, llegó a calificar aquella iniciativa de abiertamente racista.

Es cierto que Podemos argumentó que su oposición no se dirigía contra la transferencia en sí misma, sino contra el contenido de la propuesta y su exposición de motivos. Pero el resultado político fue inequívoco: sus votos impidieron que prosperase una ampliación relevante de las competencias de la Generalitat. No deja de resultar paradójico que ERC encuentre ahora en Podemos un socio electoral preferente, pese a aquel precedente.

Más sorprendente todavía resulta que este entendimiento se haya producido en detrimento de los Comunes, con quienes Esquerra comparte buena parte de su espacio ideológico y una larga trayectoria de colaboración política e institucional. ERC y los Comunes han participado en acuerdos que han sostenido gobiernos y mayorías parlamentarias tanto en la Generalitat como en el Ayuntamiento de Barcelona.

¿Por qué, entonces, pactar con Podemos y no con los Comunes?

La respuesta puede encontrarse menos en las afinidades programáticas que en los intereses electorales. ERC y los Comunes compiten directamente por una parte importante del voto de izquierdas en Cataluña. La existencia de dos candidaturas diferenciadas obliga a disputarse un electorado parcialmente coincidente. Una alianza con los Comunes habría exigido compartir candidaturas, protagonismo y representación parlamentaria. El acuerdo con Podemos, en cambio, permite a Esquerra incorporar una parte del espacio electoral morado sin renunciar a sus propias siglas ni a su autonomía política.

Desde esta perspectiva, la operación resulta perfectamente comprensible. ERC consigue retirar de la competición catalana a uno de sus rivales y, al mismo tiempo, mantiene abierta la disputa con los Comunes. No se trata tanto de sumar fuerzas en una candidatura unitaria de izquierdas como de concentrar votos alrededor de Esquerra.

La otra cara de la operación se encuentra en Madrid. Irene Montero consigue el respaldo de un político como Gabriel Rufián, que ha alcanzado una notoriedad considerable en el conjunto de España, especialmente entre sectores de la izquierda que no necesariamente se identifican con el independentismo catalán. Rufián, por su parte, refuerza su protagonismo en la política española sin necesidad de abandonar formalmente ERC.

Pero esta colaboración tiene otra consecuencia: contribuye a profundizar la división del espacio situado a la izquierda del PSOE. Mientras Podemos y el Frente Amplio concurrirán por separado en buena parte de España, en Cataluña los morados renuncian a competir con ERC, pero no alcanzan un acuerdo con los Comunes.

La paradoja es evidente. Quienes proclaman la necesidad de unir a las izquierdas terminan protagonizando una operación que puede favorecer la concentración del voto alrededor de ERC en Cataluña, mientras mantiene la fragmentación de ese mismo espacio político en el resto de España.

Los primeros sondeos reflejan, además, las dificultades electorales que atraviesa el Frente Amplio. Aunque todavía es prematuro atribuir su evolución al acuerdo entre ERC y Podemos, las encuestas muestran un espacio debilitado y dividido, lejos de las expectativas que había generado el proyecto de reunificación de la izquierda alternativa.

En definitiva, el pacto pone de manifiesto una realidad frecuente en la política: los partidos pueden aparcar diferencias ideológicas considerables cuando entienden que existe una oportunidad electoral. El objetivo prioritario es siempre debilitar aquél con el que compites por el mismo electorado.

ERC parece haber identificado la posibilidad de reducir la competencia en Cataluña sin tener que compartir su candidatura con los Comunes. Podemos obtiene visibilidad y un aliado de notable proyección mediática. Y Rufián consolida su doble condición de representante del independentismo catalán y figura reconocible de la izquierda española.

Queda por comprobar si los electores aceptarán esta singular combinación de intereses. Porque una cosa es que los partidos alcancen acuerdos y otra muy distinta que sus votantes estén dispuestos a seguirlos, especialmente los votantes más radicalmente independentistas de ERC:

La gran incógnita no es tanto qué han pactado ERC y Podemos, sino si los ciudadanos interpretarán el acuerdo como una suma coherente de fuerzas o como una simple operación de conveniencia electoral.

Francesc Moreno
Francesc Moreno
Abogado y editor. Ha sido profesor de derecho financiero en la UAB y derecho mercantil en la UB. Fundador de cronicaglobal.com y SCC .

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