El homenaje a Prenafeta: cuando el pujolismo recuerda al “gran servidor” e ignora las condenas y los fracasos

Lluís Prenafeta.
Lluís Prenafeta.

Ayer, en el Espai Línia de Barcelona, Jordi Pujol, Artur Mas y una parte sustancial de la plana mayor de la antigua Convergència Democràtica de Catalunya rindieron homenaje a Lluís Prenafeta, fallecido en abril de 2025. Presentaron el portal digital lluisprenafeta.cat y lo elogiaron como “gran amigo”, “gran patriota” y “gran servidor de la Generalitat y de Catalunya”. Pujol sentenció que “no falló nunca”. Mas llegó a compararlo con un “semidiós o San Pedro”. El acto, sin embargo, contrasta con una trayectoria marcada por una condena firme por corrupción urbanística en el caso Pretoria y por el fracaso del diario El Observador, proyecto que Prenafeta impulsó como alternativa pujolista a La Vanguardia.

El acto de ayer

El Espai Línia se llenó de antiguos dirigentes y simpatizantes convergentes. Además de Pujol y Mas, asistieron figuras como Xavier Trias, Quim Forn, Germà Gordó y David Madí. Intervinieron también periodistas y escritores como José Antich, Vicent Sanchis y Vicenç Villatoro, moderados por Jofre Llombart. Pujol, pese a su delicado estado de salud, dedicó palabras elogiosas a quien fue su mano derecha durante la primera década de la Generalitat restaurada (1980-1990). Lo definió como un “liberal de verdad y un nacionalista de raíz” y animó a los jóvenes presentes a implicarse en política para que Cataluña “vaya hacia adelante”.

Mas, por su parte, recordó el papel de Prenafeta en sus inicios y la relación de amistad posterior. El homenaje no se limitó a la persona: Pujol lo presentó también como un reconocimiento a lo que fue Convergència y al “esfuerzo” de Cataluña en aquellos años. El nuevo portal digital, impulsado por la familia, recoge su trayectoria y dedica espacio a su versión sobre el caso Pretoria.

Quién fue Lluís Prenafeta

Nacido en 1939 en Ivars d’Urgell (Lleida) y criado en el barrio barcelonés de Sants, Prenafeta se afilió a Convergència en los años setenta. Tras la victoria de CiU en las primeras elecciones autonómicas de 1980, Pujol lo nombró secretario general de la Presidencia. Durante una década fue considerado el verdadero “hombre en la sombra”: impulsó la creación de TV3 y Catalunya Ràdio, contribuyó a la proyección internacional del president, participó en el diseño inicial de los Mossos d’Esquadra y en proyectos como Port Aventura.

Dimite en 1990 en un contexto de investigaciones de la Fiscalía por posibles incompatibilidades entre su actividad pública y empresarial (causa posteriormente archivada). A partir de entonces se centró en la empresa privada, intermediaciones y la Fundació Catalunya Oberta, un think tank de corte liberal-nacionalista por el que pasaron figuras posteriores del soberanismo. Mantuvo hasta el final una lealtad pública hacia Pujol.

La condena por corrupción: el caso Pretoria

La figura de Prenafeta quedó marcada de forma definitiva por el caso Pretoria, una trama de corrupción urbanística centrada en municipios del área metropolitana de Barcelona (Santa Coloma de Gramenet, Badalona y Sant Andreu de Llavaneres). En 2009 fue detenido por orden del juez Baltasar Garzón, junto a Macià Alavedra (también de CiU) y el entonces alcalde socialista de Santa Coloma, Bartomeu Muñoz.

Tras años de instrucción, en 2018 Prenafeta pactó con la Fiscalía durante el juicio en la Audiencia Nacional. Fue condenado a un año, 11 meses y 27 días de prisión por tráfico de influencias y blanqueo de capitales. Admitió haber ocultado cerca de 15 millones de euros procedentes de comisiones (públicas y privadas) por su intermediación en operaciones urbanísticas. La condena llevó aparejada una multa de unos 5,8 millones de euros. Gracias al pacto evitó ingresar en prisión (aunque había pasado un tiempo en Soto del Real durante la fase de instrucción). En el acto de ayer, algunas intervenciones y el propio portal intentaron contextualizar o matizar estos hechos.

El fracaso de El Observador

Tras salir del Govern, en 1990 Prenafeta impulsó El Observador de la Actualidad, un diario en castellano de clara línea pujolista y convergente. El objetivo era ofrecer una alternativa a La Vanguardia y dotar al nacionalismo de un medio influyente en español. El primer número salió a la calle el 23 de octubre de 1990, editado por Promotora Editorial Europea (Prodeunsa / Predeusa). El primer director fue Alfons Quintà; más tarde lo sucedieron Enric Canals y, a partir de 1992, Vicent Sanchis.

El proyecto contó con la participación de diversos empresarios catalanes (entre ellos el grupo inmobiliario Forcadell) y llegó a recibir una aportación significativa de Javier de la Rosa (alrededor de 1.000 millones de pesetas procedentes de Grand Tibidabo). Prenafeta, que en un principio se mantuvo más en la sombra, llegó a controlar el 51 % del capital tras una operación acordeón en 1992, antes de desvincularse ese mismo año.

El diario cerró en octubre de 1993 (el último número apareció en torno al 11 de octubre), apenas tres años después de su lanzamiento. Nunca alcanzó la difusión ni la influencia pretendidas. Se estima que se “enterraron” más de 4.000 millones de pesetas entre aportaciones y créditos. El fracaso tuvo consecuencias patrimoniales para Prenafeta: en 1994 un juzgado de Barcelona ordenó el embargo de varios de sus bienes (pisos, cuentas, fincas) por deudas vinculadas a la editora, entre ellas con la papelera Norske Skog. El proyecto fue ampliamente criticado como un intento de controlar medios desde el poder político y se recuerda como un fracaso tanto periodístico como empresarial y político.

La contradicción y la falta de autocrítica

El contraste es evidente. Ayer, la vieja guardia convergente reivindicó al “hombre que puso las bases de la Generalitat”, al patriota leal y al servidor que “no falló nunca”. Artur Mas llegó a elevarlo a la categoría de “semidiós”. Al mismo tiempo, el acto y el memorial digital pasan de puntillas por la condena firme del caso Pretoria y por el fracaso de El Observador.

Prenafeta fue, sin duda, un operador clave en la construcción del autogobierno catalán de los años ochenta y un hombre de confianza absoluta de Pujol. Pero su legado incluye una sentencia por corrupción urbanística en la que admitió hechos graves y un intento fallido de crear un medio de comunicación afín que acabó en cierre prematuro y deudas millonarias. El homenaje sin matices ilustra la dificultad de la antigua Convergència para integrar las sombras de su propia historia en la narrativa que desea proyectar. En un contexto en el que el pujolismo y su entorno han enfrentado múltiples causas judiciales (el caso del 3 % y otras), este acto vuelve a poner sobre la mesa la pregunta de qué memoria se construye cuando se elige recordar solo las luces.

El portal lluisprenafeta.cat y las palabras de ayer ofrecen una versión. Los hechos judiciales y el balance de El Observador ofrecen otra. Ambos forman parte del mismo legado.

Francesc Moreno
Francesc Moreno
Abogado y editor. Ha sido profesor de derecho financiero en la UAB y derecho mercantil en la UB. Fundador de cronicaglobal.com y SCC .

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