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El Manifiesto de Harper’s provoca una agria polémica sobre la libertad de expresión en EEUU

A pesar de la polémica solo dos de los 150 firmantes se han dado de baja del manifiesto y una de ellas alega que no lo firmó personalmente

Más de 150 intelectuales han firmado un manifiesto publicado en la revista norteamericana Harper’s alertando sobre el «clima intolerante» que se está instalando en Occidente y que perjudica especialmente a la libertad de expresión. Entre los firmantes del documento se encuentran figuras de tanto prestigio como Noam Chomsky, Martin Amis, Salman Rushdie, Margaret Atwood o J.K. Rowling. Pero esta vez la reputación de quienes apoyan la alerta no ha servido de nada a la hora de evitar la polémica.

Bajo el título Una carta sobre justicia y debate abierto, el manifiesto, conocido ya en EEUU como The letter,  alerta contra «el clima intolerante que se ha establecido en todas partes». Sus promotores consideran que las tensiones raciales provocadas por el asesinato de George Floyd el pasado mes de mayo en Mineápolis están enfrentando a las «instituciones culturales» a «un momento de prueba». Si bien comparten las protestas por «la justicia racial y social» también alertan de que este «ajuste de cuentas» ha tenido como consecuencia la intensificación de «un nuevo conjunto de actitudes morales y compromisos políticos». Algo que, aseguran, tiende a debilitar las normas de «debate abierto» y la «tolerancia de las diferencias a favor de la conformidad ideológica«.

Noam Chomsky.

El caso Floyd ha llevado a EEUU a un clima de convulsión social en plena pandemia del COVID-19. Las protestas contra el racismo policial se han convertido en manifestaciones contra un sistema que muchos consideran que está agotado. Y, de este modo, los manifestantes han logrado que, por ejemplo, algunas plataformas retiren la película Lo que el viento se llevó por considerarla racista. Numerosos han sido también los ataques contra monumentos que recuerdan el pasado español de algunas zonas de EEUU. Y la cosa se ha recrudecido al intervenir en las protestas los colectivos trans que ahora reivindican su especial protagonismo en la sociedad.

El iliberalismo de Trump

Los autores The Letter culpan de la situación al iliberalismo, «que tiene un poderoso aliado en Donald Trump«. Pero también constatan que la censura se está «extendiendo más ampliamente» en el lado contrario: «una intolerancia de puntos de vista opuestos, una moda por imponer la vergüenza pública y el ostracismo y la tendencia a disolver cuestiones políticas complejas con una certitud moral cegadora».

El presidente Donald Trump en un acto electoral.

Para los responsables de The Letter lo «más preocupante» es que los líderes «institucionales» estén aplicando «castigos apresurados y desproporcionados«, en lugar de considerar aprobar reformas. Esta situación está afectando especialmente a profesionales del periodismo, la literatura, la investigación o la enseñanza contra los que se toman medidas represivas en base a la presión de los activistas. Y está provocando una «atmósfera sofocante» que perjudicará a «las causas más vitales de nuestro tiempo». El grupo de intelectuales achaca esta situación a «un gobierno represivo» pero también a «una sociedad intolerante» y recuerda que no se puede elegir entre «justicia y libertad» porque «no puedee existir la una sin la otra». De ahí que exijan libertad aunque sea para cometer errores.

Solo dos personas han retirado su firma

El escrito ha desatado una tormenta que aún no amaina y que ha convertido a sus autores en diana de durísimas críticas. Dos de los firmantes han decidido retractarse públicamente. Es el caso de la escritora Jennifer Finney Boylan, quien, según recoge El País, ha acompañado su arrepentimiento de una nota en la que asegura que pensó que The Letter era «un mensaje bienintencionado, aunque vago, en contra del señalamiento en internet». Más extraño ha sido lo denunciado por la hermana de la escritora afroamericana Kerri Greenidge, que ha explicado en Twitter que en ningún momento firmó The Letter y que fue alguien que trabajaba con ella quien lo hizo en su nombre.

Los críticos señalan que el manifiesto es únicamente producto de un grupo de intelectuales que se niega a aceptar que, en los tiempos en los que las redes sociales mandan, han perdido autoridad. Así, feministas como la egipcia y estadounidense Mona Eltahawy se han referido al documento como «el comienzo de los quejidos y ataques que se escucharán mientras desafiamos a ese poder». Y es que Eltahawy tiene claro que The Letter ataca al «fascismo de izquierdas» con la única intención de defender una libertad de expresión que permite «la libertad de ser racista, misógino o transfóbico sin consecuencias».

Otros como el autor Ali Abunimah han calificado a los firmantes de «escritores ricos y horribles» que «se quejan de ser silenciados». En su caso, muestra especial animadversión contra el profesor Cary Nelson, al que se refiere como «matón censor» que «aplaudió» el despido del «erudito» Steven Salaita, de origen árabe e hispano pero nacido en EEUU, de la Universidad de Illinois por haber publicado mensajes en contra de Israel. «¿Ese asqueroso hipócrita racista ahora se queja de la libertad de expresión?», se pregunta Abunimah. También critica a la feminista Margaret Atwood, que admitió un premio millonario de Israel a pesar de que los «estudiantes de Gaza» le pidieron que no lo hiciera. «Es asqueroso«, concluye.

Desde la publicación de The Letter en Harper’s el pasado martes, se han recogido en Twitter miles de mensajes al respecto. Y la inmensa mayoría en contra de los promotores. Está claro que las redes sociales han cambiado el mundo. Pero también que hoy hacen falta pocos méritos para presentarse como autoridad. Basta tener miles de seguidores para convertirse en influencer y, por lo tanto, lograr marcar algunas agendas.

Ezra Klein es un buen ejemplo de ello. Tiene 2,6 millones de seguidores en Twitter. Ha publicado un libro y ha fundado un digital. Nada que ver con el trabajo que, a lo largo de décadas, han desarrollado autores como Chomsky o Francis Fukuyama. Sin embargo, cree que The Letter es «un debate sobre el poder» y no sobre la libertad de expresión. Y añade: «Hay mucho poder en ser capaz de reclamar y mantener el manto de defensor de la libertad de expresión».

Que el mundo ha cambiado es un hecho. Y la pandemia del COVID-19 ha venido a cambiarlo aún más. Habrá que ver quién acaba ganando en esta nueva lucha por la libertad de expresión en EEUU y que, como sucede con casi todo, no tardará en llegar a Europa.

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