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La Recesión Epidémica en Estados Unidos y China

Traslado de un paciente con Coronavirus. Foto: Europa Press

La pandemia COVID-19 no sólo está dejando una estela de muerte y desolación en casi todos los rincones del mundo, sino que ha puesto literalmente patas arriba las economías de la mayoría de los países, especialmente las de aquellos (casi todos, hay que reconocer) cuyos gobiernos no supieron o quisieron adoptar medidas preventivas para afrontar una emergencia infecciosa nueva y excepcional, y que tampoco han querido o sabido aplicar las nuevas tecnologías para detectar con celeridad los focos de contagio y mantenerlos a raya. Por ello y pese a los avances médicos de las últimas décadas, se está produciendo una catástrofe humanitaria insólita en tiempos de paz (716.737 fallecidos contabilizados el 7 de agosto) y nos estamos adentrando en la mayor recesión padecida desde la Gran Depresión en el siglo XX. Nadie sabe cómo acabará esta crisis y las secuelas que dejará, pero todo indica que la mayoría de los gobiernos parecen no haber caído en la cuenta de que sólo con firmeza, agilidad y nuevas tecnologías se puede evitar que se lleve por delante buena parte de los avances logrados en muchos países durante la segunda mitad del siglo pasado.

Como economista, tengo que reconocer que la Recesión Epidémica ha sido también mucho más fácil de anticipar, al no ser como habitualmente ocurre resultado de la pérdida de confianza de los hogares y las empresas, circunstancia siempre difícil de sopesar y anticipar, sino resultado de las medidas de confinamiento adoptadas por muchos gobiernos para frenar la transmisión del virus y la expansión incontrolada de contagios. En mi artículo «Emergencia social y económica» publicado el 21 de marzo en el diario El Liberal, unas cuantas semanas antes de conocer las cifras del PIB en el primer trimestre de 2020, ya indiqué que España se estaba adentrando en una recesión y advertía que sería la más profunda desde la Guerra Civil, peor incluso que las dos recesiones encadenadas registradas entre finales de 2008 y 2013. El pronóstico lo confirmaron algunas semanas después el FMI y el Banco de España con mucho más detalle y precisión. Ahora, disponemos ya de cifras sobre lo acaecido en el primer y segundo trimestres de 2020 y podemos calibrar con más fundamento la gravedad de la situación.

El propósito de este artículo es examinar el impacto del COVID-19 en las dos principales economías del planeta prestando especial atención a los efectos de la recesión en las principales variables del mercado laboral: ocupados, parados y tasa de paro, permanencia en el paro, etc., porque en la capacidad de generar oportunidades de empleo y minimizar el despilfarro de recursos que supone el paro es donde reside la fortaleza de las economías y la capacidad de mejorar los niveles de bienestar de la población.

Efectos económicos del Covid-19 en Estados Unidos y China

Como es bien sabido, el COVID-19 irrumpió en China en noviembre-diciembre de 2019 y desde la prefectura de Wuhan en la provincia de Hubei (58,5 millones de habitantes) se extendió a otras provincias de China y al resto del mundo. En mi artículo Vidas Truncadas I, publicado en El Liberal el 31 de julio de 2020, examiné las vías tan distintas seguidas por la República China con sus 1.413 millones de habitantes y los Estados Unidos de América con una población de 331 millones, para enfrentarse al Covid-19.

China confió principalmente en aplicar medidas de confinamiento estricto y nuevas tecnologías para impedir la expansión incontrolada de contagios por todo el territorio de la República. De momento, esta primera oleada del COVID-19 se ha saldado con 84.491 casos y 4.634 fallecidos a 5 de agosto de 2020; y en la provincia de Hubei se han registrado 68.135 casos equivalentes a 80,6% del total de casos en China. Las autoridades de Estados Unidos han seguido políticas más laxas y erráticas y han confiado en mayor medida en la efectividad de su sistema sanitario para hacer frente a la epidemia. El primer foco importante se produjo en la ciudad de Nueva York y en ese Estado se han contabilizado 422.000 casos y 32.422 fallecidos. Desde allí, la epidemia se propagó a California, Florida, Tejas y otros Estados menos populosos y el número de casos supera los 5.000.000 millones y el de fallecidos 160.000.

La eficaz actuación del gobierno de China para frenar la expansión de la epidemia no sólo ha conseguido salvar decenas y decenas de miles de vidas, sino que ha logrado revertir la caída del PIB en un tiempo récord. El Gráfico 1 muestra la evolución de las tasas de crecimiento del PIB de China (medido en el eje de la derecha) y Estados Unidos (medido eje de la izquierda) desde 2010. Como el lector puede observar, el PIB de China decreció con fuerza a comienzos de 2020 (6,8%), interrumpiéndose tres décadas (1990-2019) de crecimiento a tasas extraordinariamente elevadas; pero como el lector también puede comprobar la caída se ha revertido con gran celeridad y China está ya creciendo a tasas positivas (3,2%) en el segundo trimestre de 2020. La imagen que presenta Estados Unidos es bien diferente a la de China: la recesión tardó algo más en llegar, pero la caída del PIB ha sido más intensa (9,5%) y su economía todavía no ha tocado fondo. Estas diferencias cabe achacarlas a que China aplicó medidas de confinamiento muy estrictas en las zonas más afectadas y restringió la movilidad en todo el territorio, mientras que los gobiernos de Estados Unidos siguieron políticas mucho más laxas y erráticas que facilitaron la expansión de los contagios a todo el territorio. Mientras las autoridades estadounidenses no logren controlar la epidemia, resultará difícil detener la sangría de vidas, recuperar la confianza e iniciar la recuperación económica.

Gráfico 1. Tasa interanual de crecimiento del PIB en Estados Unidos y China
Fuente: Tradingeconomics.com

Repercusiones en los mercados laborales

Las caídas del PIB han tenido efectos devastadores sobre las principales variables del mercado laboral en Estados Unidos. Como el Gráfico 2 muestra, el número de ocupados civiles se contrajo en 25,4 millones en los meses de marzo y abril, y pese al aumento de 8,8 millones registrado en mayo y junio, el saldo negativo desde febrero a junio se sitúa en 16,6 millones. Obsérvese que la caída en la ocupación ha sido bastante más intensa que la observada en la Gran Recesión de 2008-09. Además, la recuperación de mayo y junio se ha visto frenada en julio, con un aumento de la ocupación de solo 1,5 millones frente a los 3,5 y 4,5 millones sumados en mayo y junio, respectivamente. El frenazo al aumento de la ocupación parece indicar que la incapacidad de los gobiernos de Estados Unidos para contener la epidemia está haciendo mella en la confianza de las familias y las empresas.

El Gráfico 3 presenta la evolución del número de parados en Estados Unidos desde comienzos del siglo XXI. El número de personas paradas en actividades civiles aumentó en marzo y abril en 17,3 millones y pese a haberse reducido en 5,3 millones en los meses de mayo y junio, el episodio deja todavía un saldo negativo de 12 millones más de estadounidenses parados desde febrero hasta junio. Observe el lector que la cifra de parados en abril 23,1 millones superó holgadamente los 15,3 millones alcanzados al término de la Gran Recesión. La reducción del paro en julio, 1,5 millones, ha sido bastante inferior a la de los dos meses precedentes, 2,1 y 3,5 millones en mayo y junio, respectivamente, reforzando la impresión de que la recuperación no avanza con la rapidez prevista. Estamos, por tanto, ante una recesión muy severa cuyos efectos pueden dejar cicatrices durante bastantes años.

Gráfico 2. Evolución del empleo civil en los Estados Unidos 2000-2020 (en miles)
Fuente: Bureau of Labor Statistics.

En el Gráfico 4 se muestra la evolución de la tasa de paro, esto es, el porcentaje de parados sobre la población activa (ocupados más parados), el indicador más apropiado para medir el despilfarro de recursos de una sociedad y las dificultades y privaciones de los parados en períodos recesivos. La tasa de paro en Estados Unidos rozaba mínimos históricos a comienzos de año, 3,5% en enero y febrero, pero escaló hasta 14,7% en los meses de marzo y abril, y se redujo a 11,1% en mayo y junio, y hasta el 10,2% en julio, una cifra comparable todavía con la alcanzada en los peores momentos de otras recesiones registradas desde el final de la II Guerra Mundial.

Gráfico 3. Evolución del paro civil en los Estados Unidos 2000-2020 (en miles)
Fuente: Bureau of Labor Statistics
Gráfico 4. Evolución de la tasa de paro en los Estados Unidos 2000-2020 (en porcentaje)
Fuente: Bureau of Labor Statistics.

Con todas las cautelas aplicables a las cifras de desempleo en China, el gobierno chino ha reconocido que la irrupción del coronavirus elevó la tasa de paro urbana desde 5,1% en octubre y noviembre de 2019 hasta 6,2% en febrero de 2020. El Gráfico 5 presenta la evolución de la tasa de paro desde junio de 2019. Aunque el aumento de la tasa de paro está muy lejos del registrado en Estados Unidos, conviene no perder de vista que China logró contener la epidemia con bastante éxito en los límites territoriales de la provincia de Hubei y que un aumento de 1,1 puntos porcentuales sobre una población urbana activa estimada en 784 millones supone un incremento de 8,6 millones de parados entre noviembre de 2019 y en febrero 2020, más del doble de los 3.386.785 trabajadores acogidos a ERTEs en España en abril de 2020.

Gráfico 5. La tasa de paro urbana en China desde julio 2010 (en porcentaje)
Fuente: Tradingeconomics.com

¿Peligran las democracias?

Terminaba mi artículo de la semana pasada apuntando que «la experiencia internacional indica que, si bien las condiciones sanitarias reducen significativamente la tasa de mortalidad y salvan vidas, la variable crucial para minimizar el número de víctimas y el número de años de vida perdidos es adoptar una estrategia decidida y autoritaria para frenar la expansión de los contagios», La evolución del PIB, la ocupación, el paro y la tasa de paro en Estados Unidos y China avalan esta misma conclusión: la fórmula más apropiada para contener la severidad y la duración de la recesión económica causada por el COVID-19 es adoptar las medidas socio-sanitarias necesarias para contener la expansión de la epidemia.

Para evitar posibles malentendidos, quiero subrayar que por autoritaria entiendo no otra cosa que ejercer el poder constitucional con firmeza para contener la epidemia, salvar el mayor número de vidas y evitar una prolongada recesión económica cuyas consecuencias recaerán principalmente sobre los colectivos más vulnerables dentro de cada país, y sobre los países más dependientes de la inversión extranjera y el turismo a nivel global. El consiguiente empobrecimiento de las clases medias puede crear el caldo de cultivo de movimientos populistas radicales, cuya esencia consiste en estigmatizar la pluralidad social e imponer una unidad incluso uniformada. A algunos políticos en activo, los malos tiempos pueden brindarles la oportunidad de consolidar su poder atrayendo a quienes la recesión ha expulsado del mercado laboral y ha empobrecido.

La gran pregunta es si las élites políticas al frente de gobiernos democráticos son conscientes de la gravedad y la excepcionalidad de la situación actual y están dispuestas a abandonar la autocomplacencia en que están instaladas, a buscar consensos amplios, a adoptar una planificación inteligente y a ejecutarla con firmeza. O si, por el contrario, ven en los malos tiempos la oportunidad de recortar la autonomía de la sociedad civil y generalizar las subvenciones como mecanismo de control social. En su obra clásica “The Last days of Hitler” (The Macmillan Company, New York, 1947), el historiador de Trevor-Roper reconoce el triunfo político que supuso para Hitler la política de apaciguamiento de Chamberlain, sellada en el pacto alcanzado en Múnich el 30 de septiembre de 1938, porque dejó sin argumentos al Estado Mayor del Ejército alemán cuando preparaba un golpe para derrocar al Canciller. Once meses después ese mismo ejército aceptaba las órdenes de Hitler, invadía Polonia y comenzaba la II Guerra Mundial. El ejercicio firme de la autoridad no es necesariamente el enemigo de la Política y la Democracia sino la única vía de preservarlas en circunstancias excepcionales.

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