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ENTREVISTA / Iñaki Arteta: «La sociedad vasca está muerta desde el primer muerto de ETA»

Autor de los mejores documentales sobre las consecuencias del terrorismo etarra y sus víctimas, Arteta presenta ahora 'Bajo el silencio'

Fotograma del documental 'Bajo el silencio'. A la izquierda, el controvertido cura de Lemona.

La trayectoria de Iñaki Arteta, director de documentales y escritor, está estrechamente vinculada a la defensa de la víctimas de ETA en España. Arteta, autor de películas tan impactantes en este sentido como Trece entre mil, estrena ahora el documental Bajo el silencio. Va un paso más allá de lo habitual en él e intenta ofrecer al espectador la visión de los propios terroristas y de sus defensores sobre lo que sucedió entre finales del franquismo y 2011, cuando la banda armada anunció que dejaba de matar. Especialmente turbadora, Bajo el silencio nos acerca a personajes como el cura de Lemona, que ha sido denunciado este viernes por la asociación Dignidad y Justicia. Se trata de un sacerdote real que muestra hacia las víctimas una falta absoluta de compasión y que llega a justificar los asesinatos de ETA por razones tan delirantes como la defensa del euskera. No es, sin embargo, el único que, a lo largo de Bajo el silencio, nos hará sentir algo más que incomodidad. Sobre todo a quienes vivimos en la Cataluña del procés, esa en la que la lengua se ha convertido en símbolo de la identidad nacional y a la que se dedica una defensa cerril desde el separatismo.

Arteta cree que en el País Vasco, a pesar de considerar que la sociedad de hoy está «muerta», aún hay esperanza. Son, en su opinión, las generaciones que no tengan ningún vínculo con lo sucedido las que podrán analizar qué pasó, por qué y en qué se equivocaron. Sea como sea, Bajo el silencio es, seguramente, uno de los mejores documentales realizados sobre la banda terrorista y Arteta uno de los directores que más ha sabido trasladar al gran público el sufrimiento creado por ETA durante cuatro largas décadas.  

¿Por qué ahora un documental como Bajo el silencio

Mi trayectoria me lo estaba pidiendo. Llevo más de 10 años intentando acercarme a ese mundo. Es complementario con lo que he hecho hasta ahora. Y creo que es necesario conocer por qué quienes deciden hacer el mal lo han hecho. No se trata de que empaticemos con ellos sino de entender por qué una persona toma decisiones de ese tipo, por ideología, por ambición. Son personas que toman la decisión de arreglar el mundo poniendo su ideología por encima de la vida de los demás. Son personas que quieren salvarnos, que veamos la luz, que sepamos que su causa es lo suficientemente grande y justa como para que aprendamos a seguirla. Y, si no lo hacemos, quedamos eliminados porque somos un estorbo. Entonces, esa mentalidad me interesa mucho. No he visto nada igual en los últimos años y lo único que sabemos de esta gente son cuatro lugares comunes que tienen que ver con su proyecto político.  

Es lo que dice la viuda del Guardia Civil, que es un mundo muy cerrado. 

Sí, es que es un mundo muy cerrado. Además, están pasando un momento muy delicado para ellos. Esperan que, institucionalmente, se vaya arreglando la cuestión de los presos y, como no hay oposición social, irán saliendo. Entonces entienden que hay que hacer poco ruido. Y, por otra parte, tienen que regular su discurso, tanto ellos como sus representantes políticos, porque ahora están influyendo en la gobernabilidad de España, no solo del País Vasco. Tienen que moderar su discurso tradicional, que ha sido más agresivo. Y, por supuesto, su trayectoria agresiva. Por eso ahora han elegido como estrategia el silencio. ¿Es un mundo cerrado? Sí, pero es que ahora lo es aún más. 

Lo único que sabemos de esta gente son cuatro lugares comunes que tienen que ver con su proyecto político.

Iñaki Arteta

Del documental se pueden sacar muchas conclusiones y, en mi opinión, todas son desesperanzadoras. La primera es que hay una clara intención de reescribir la historia de ETA a través del silencio. Eso hoy se ve facilitado por factores como que el Gobierno del PSOE y Unidas Podemos acepten a Bildu como un partido totalmente democrático con el que se puede negociar unos presupuestos, un estado de alarma o una investidura. A la vez, el único partido que tiene una presencia real de víctimas de ETA, como es el caso de Vox, se le hace un cordón sanitario, con un manifiesto firmado por PSOE, Unidas Podemos y Bildu, entre otros. ¿Usted en el pasado se planteó en algún momento que llegaríamos a vivir algo así? 

No, no. Cuando estábamos en lo más terrible, los últimos 15 años del terrorismo, yo me acerqué a todos los grupos que lucharon y se expresaron públicamente en contra de todo eso. Basta Ya, Foro de Ermua… me apunté a todo. Cuando pienso en cómo creíamos entonces que acabaría todo esto, veo que la realidad supera a la ficción. De todos los posibles finales, creo que esto no me lo imaginé nunca. No doy con qué me imaginaba entonces pero, desde luego, esto no. Este sentimiento que produce la situación de los últimos años, ese falso final de ETA, que se introduzcan en el juego democrático con toda la naturalidad y que el vascos hayan decidido también optar por el silencio… Se les vota, se les premia electoralmente.  

Se hace la vista gorda. 

Claro, pero la vista gorda es mirar para otro lado. Esto sucedía cuando pasaba todo y no sé si se ha convertido en una actitud endémica. No sabes si querían lo que pasaba o no querían, si se estaban aprovechando… Hay una mayoría que ha vivido más o menos bien, como se ve en la película. Y no sé si esto va a ser una parte de nuestra idiosincrasia. En aquellos años, pasara lo que pasara, daba igual. Nada sacó lo mejor de nosotros y ahora tampoco. Pase lo que pase, no pasa nada. Antes actuaban como si no existiera ETA y ahora actúan como si no hubiera existido. Es algo curioso pero es un poco el pecado que estamos viendo en este panorama posterior a ETA. 

Otra de mis conclusiones al ver su documental es que no hay esperanza. No hay un arrepentimiento, no se reconoce lo que se hizo como un horror. Es algo que se plasma muy bien en el diálogo entre el cura de Lemona y la viuda. Ella llega a decir tras esa charla que se ha sentido hasta culpable. ¿Cómo se le puede pedir empatía a una persona que ha visto cómo asesinaban a un ser querido utilizando como argumento, por ejemplo, la defensa del euskera?  

Yo creo que la esperanza para los adultos no existe, como en cualquier lugar donde ha habido graves problemas. Vivieron 40 años de franquismo y eso es una vida entera. Quiero ponerme en su lado y pensar que podían creer que aquello no se iba a acabar nunca. Entonces parecía que no había nada más allá. Yo tenía 15 años cuando murió Franco. Pienso que la renovación generacional es importante. Y esa es la única esperanza. Entre los adultos es difícil debatir y podemos estar días discutiendo sin llegar a ningún sitio. Son puntos de vista personales, con puntos morales, mezclando unas cosas con otras… Pero la generación de mis hijos, los veinteañeros, podrá cambiar las cosas y entender mejor lo que ha pasado sin haberlo sufrido ellos. 

Al cura de Lemona se le podrá dar el premio Limón. Cada uno que ha visto la película tiene la misma conclusión, es Satán.

Iñaki Arteta

Sin embargo, en el documental usted entrevista a adolescentes y jóvenes. Dicen que no saben lo que era ETA y, en el mejor de los casos, son capaces de vincular la banda terrorista a Carrero Blanco, que me imagino que tampoco saben realmente quién fue pero que encuentran justo que fuera asesinado. Eso es algo que aún mucha gente fuera del País Vasco también justifica. Sin embargo, sí saben lo que era la represión policial, la violencia parapolicial, los GAL… Da la impresión de que se les está educando, en el fondo, en el odio.  

Sí, pero es que los adultos hacen lo que pueden por intentar perpetuar su manera de ver las cosas. Y más los padres radicalizados. Hay por ahí unos intangibles de información que no son un libro. Si tú estás un poco radicalizado, haces lo que puedes para metérselo a los hijos. Pero eso con este tema y con cualquier otro. Sin embargo, también es verdad que, cuando vas creciendo, mucha gente pregunta por cosas contrarias a lo que ha visto en su casa. Así cambian las sociedades. Si no, seguiríamos en la Edad Media. Mire, mi abuelo era nacionalista y era concejal del PNV cuando empezó la guerra. Estuvo dos años en la cárcel. Eso ha sido el mito en mi familia, el abuelo al que Franco destrozó la vida. Esa era la heroicidad de mi abuelo. Ramón Rubial, del PSOE, resulta que estuvo 22 años en la cárcel. Pero no era nacionalista y se ve de otra manera. Yo he vivido eso y no he tenido que ser como me han contado. Quiero decir que, por encima de que haya gente que transmita a sus hijos que menos mal que mataron a Carrero Blanco, las próximas generaciones, que no han tenido contacto con esto y que van detectando esas informaciones falsas, pueden dar la vuelta a las cosas. 

Dependerá de que tengan capacidad crítica y ganas de buscar información. 

Sí, que quieran preguntarse qué es esto del nacionalismo. De todos modos, yo tengo claro que no dependerá de nosotros. Se van haciendo libros, películas… y todo eso servirá también para ese cambio.  

De todas las personas que intervienen en el documental hay uno que genera hasta repugnancia y es el cura de Lemona. Uno ve o lee Patria, de Fernando Aramburu, y es también el cura el que produce más rechazo. Pero ese no deja de ser un personaje ficticio, mientras que el sacerdote de su documental es un señor de carne y hueso que se comporta ante la víctima como alguien que no muestra ninguna empatía. ¿Ha cambiado esa parte de la Iglesia vasca que fue tan brutal en su amparo de los terroristas y su rechazo a las víctimas? 

La verdad es que el nuestro parece también de ficción (risas). Se le podría dar el premio Limón que se daba al diputado más antipático. Cada uno que ha visto la película tiene la misma conclusión, es Satán. 

Lo que se ve en la película es que no hay un viaje del orgullo al remordimiento. Cada uno hizo lo que hizo y lo justifica. No hay remordimiento, no hay cambio.

Iñaki Arteta

Es que es auténticamente repugnante. Ni siquiera es capaz de contenerse frente a la víctima, que perdió a su marido con 26 años. No muestra ni la más mínima compasión. 

Ya. Te preguntas cómo es posible que ese cura tenga esa falta de piedad, de humanismo. Lo que se ve en la película es que no hay un viaje del orgullo al remordimiento. Cada uno hizo lo que hizo y lo justifica. No hay remordimiento, no hay cambio. Hay otra víctima en la película que lo dice muy bien cuando explica que, si no hay arrepentimiento, no hay cambio. Y ahí está el asunto y es lo que constata la película. Es verdad que no toda la iglesia fue así. Hubo curas que estuvieron en primera fila contra el terrorismo y que tenían que ir con escolta. Pero vas a Lemona para entrevistar al párroco porque allí hubo un atentado hace 40 años y nos sale ese espécimen. Y no es un espécimen que hable con la boca pequeña. Sabe que no tiene problemas al decir lo que dice. Habla de forma orgullosa porque sabe que no tiene problemas y eso quiere decir que sabe que, de alguna manera, está amparado. Es como si un misionero en Zambia te dijera que hay que matar a todos los negros. El obispo intervendría y lo mandaría para casa. Pero aquí eso no sucede. En la iglesia vasca conviven personas como esta sin problemas. 

Cuando uno ha vivido el terrorismo de ETA, recuerda perfectamente a monseñor Setién. Quieres pensar que las cosas han cambiado y, entonces, descubres al cura de Lemona. No me parece que sea la excepción dentro de la Iglesia vasca. Una iglesia que no solo no acompañó sino que obstaculizó. La normalidad era el cura de Lemona de hoy. 

Sí, le recuerdo que alguno hubo que, incluso, ayudó a poner los explosivos y han estado en la cárcel por ello. La cercanía de la Iglesia con ese mundo no se puede negar, es evidente. Y después de que ETA terminara, tampoco hemos visto un repaso de esta cuestión. El corporativismo de la Iglesia, a veces, es un poquito sospechoso. Nos pedían a los demás que pensáramos en la paz o que no crispáramos, pero no iban a las herriko tabernas a dar homilías cada domingo. Es ahí a donde tenían que haber ido, a decirles que matar estaba muy mal. Pero la Iglesia no hizo eso nunca en los 40 años de vida de ETA.  

Cualquier demócrata que vea Bajo el silencio debe sentirse, como mínimo, preocupado. Sobre todo si vive en Cataluña. No cuesta nada identificar posturas de allí con lo que tenemos aquí. Estoy segura de que el director de la ikastola al que ustedes entrevistan, si viviera aquí, sería socio de entidades como Òmnium Cultural o de la Plataforma per la Llengua. Son entidades que, la verdad, se dedican a generar odio contra España. Si tu argumento es que el euskera, como el catalán, es lo más importante porque es lo que conforma la identidad nacional y, además, estuvo supuestamente reprimido por Franco, eso no puede tener cabida en una democracia sana.  

Me gusta su argumento. Es cierto que estos que salen en la película, si les cambias el acento, los llevas a Cataluña y no desentonan. Pero es que el director de la ikastola, como otros personajes, son prototipos de fanáticos. Y eso también se ve en Cataluña. Hablamos del prototipo del nacionalista educador, del nacionalista cura… Me alegro de su observación porque me afianza más en la idea de no haber puesto los nombres de los personajes. El mensaje de esta gente no es nuevo. Cuando hablan de la lengua, te dicen que estuvo reprimida y que ahora es el pueblo el que quiere que el vasco se conserve. ¿Quién es el pueblo? No creo que para ser auxiliar de enfermería sea necesario el vasco. 

El director de la ikastola, como otros personajes, es un prototipo de fanático. Y eso se ve también en Cataluña.

Iñaki Arteta

Sin embargo, el director de la ikastola es el único que se incomoda y llega a mostrarse agresivo en la película. Cuando el periodista le recuerda que en los años 50 había editoriales publicando libros en euskera, reacciona con agresividad. No admite que le desmonten el discurso. Y eso que lo vemos aquí en Cataluña también cuando les recuerdas, por ejemplo que Òmnium Cultural, nació en 1962 y Fanco murió en 1975. 

Sí, son enemigos de los datos. Lo que no les conviene no existe. En la película, la última intervención del periodista va de eso. El director de la ikastola representa a un nacionalista general que, además, tiene auditorio, los niños. Yo pensé que el papel periodista era hacer de espectador pero, utilizando los datos. Pero, en algún momento, tiene que dejar de ser espectador y dejar de oír para participar. Por eso le ofrece los datos al director de la ikastola. Esta entrevista se rueda en dos momentos diferentes. Hicimos la primera y yo vi que el tío nos la había colado. Un año después le hicimos la segunda y fue ahí cuando sucede lo que usted cuenta. 

Hay un momento en esa entrevista especialmente significativo y es cuando el periodista intenta demostrarle que en el bombardeo de Guernica murieron 126 personas. No fue para nada lo que el nacionalismo ha hecho creer. Aquí en Cataluña te hablan de bombardeos sobre Barcelona a la altura de Guernica. En ambos casos se plantea la Guerra Civil como una guerra de España contra vascos y catalanes. Además, han hecho creer también que ni en un sitio ni en otro hubo franquistas durante los 40 años del franquismo. El relato está muy bien si vives completamente desconectado de la realidad. ¿Qué grado de culpa tiene el Estado en este engaño? 

Sí, de alguna manera se lo creyeron. El pecado original es la reacción que ha tenido el resto de españoles, incluyendo a los políticos, creyendo el relato vasco de haber sido perseguidos. Esto ha hecho efecto. Sobre todo en el caso de los vascos. Como dice el cura, si matan será por algo. Y, ante eso, se les ha ido dando cada vez más de ese algo por el que mataban. Desde fuera se ha admitido como legítimo que los vascos merecían más que cualquier español porque habían sufrido más.  

Sin embargo, tal y como se expresa en el documental, Cataluña y el País Vasco fueron las zonas que menos víctimas registraron durante la Guerra Civil y el franquismo. Ponen en juego la unidad de España apelando a un sufrimiento que no es tal y que, a la vez, les permite despreciar al resto. 

Los datos que se ofrecen en la película forman parte de los datos de la Memoria Histórica. Hubo otros bombardeos contra la población civil en los que hubo más víctimas y de esos no se habla nunca. Entonces, cuando al director de la ikastola le ofreces los datos, se enfada. Tiene un poco ese comportamiento de secta. La realidad les importa poco. La realidad es lo que yo digo y, si no, me indigno.  

Tiene un poco ese comportamiento de secta. La realidad les importa poco. La realidad es lo que digo yo y, si no, me indigno.

Iñaki Arteta

Todos tenemos claro que 40 años de asesinatos no han servido nada. La parte política de ETA podía haber accedido sin problemas al sistema democrático. Sin embargo, optaron por matar. Uno de los personajes entrevistados en el documental, el bertsolari, reconoce que no ha servido para nada y que, además, los que lo han hecho se han quedado en el limbo. Los políticos surgidos de esto ejercen igual que el resto de políticos.  Da la impresión de que la sociedad vasca tiene que aprender a vivir sin la banda terrorista y que eso no resulta fácil

Yo le diría que el País Vasco está muerto. Tiene escondidos en el armario a todos los muertos de ETA y no los quiere abrir. Serán las próximas generaciones las que lo hagan. Además, es una sociedad que está muerta también en otros sentidos. Tiene la población más envejecida. Es una tierra a la que no viene nadie. Los propios vascos se van fuera los fines de semana y nadie quiere ir allí a veranear. Es una comunidad que, además, está sobrefinanciada y diseñada para un número de habitantes que los nacionalistas no quieren que crezca. La natalidad es la más baja de Europa, junto con Asturias. Es la población más envejecida de España. Es una sociedad que no crece y que está gobernada desde el punto de vista de “que se jodan los demás”. La realidad es que la sociedad vasca está muerta desde el primer muerto de ETA. Ahí empezó a perder la alegría y se creó ese trauma que llega hasta ahora.  

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