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Ecos Independentistas/ ¿Quién va a resolver el lío político catalán?

Un hombre vota en una mesa electoral del Mercado St. Antoni en Barcelona, Cataluña (España), a 14 de febrero de 2021. La jornada electoral transcurre con protocolos de seguridad ante el Covid-19 y franjas horarias: de 9 a 12 horas, para colectivo de riesgo; de 12 a 19 para la población en general; de 19 a 20, para positivos de coronavirus y contactos estrechos de positivos. 14 FEBRERO 2021;ELECCIONES CATALANAS;GENERALITAT;CORONAVIRUS;ELECCIONES;CATALUÑA;GENERALITTA;VOTOSM;MESA ELECTORAL;URNAS David Zorrakino / Europa Press 14/2/2021

Según Josep López de Lerma, en el Diari de Girona —Bloqueig dins l’independentisme—, el significado de estas elecciones autonómicas reside en el mensaje que han enviado los electores a sus representantes: «Que resuelvan el lío político que crearon cuando el Estatuto de 2006 y aumentaron con el intento de sedición de 2017.»

Entiende que la causa de la abstención ha sido menos la pandemia que el hartazgo de la política, por lo que, «en un acto de inteligencia a la vez que de rebeldía, el electorado ha dictaminado que “si ustedes, políticos, son la causa, ustedes tienen que encontrar la solución”».

Y su pronóstico es que «el sueño de repetir gobierno —JxCat y ERC con apoyo externo de la CUP— sueño será, porque ERC necesita deshacerse de Puigdemont y de la tropa de tahúres que le acompaña», lo que nos lleva a pensar que la negociación ya iniciada con el gobierno del Estado se traducirá en algún tipo de pacto para gobernar la Generalitat.

Salvador Sostres, en el mismo diario —El malefici i l’odi—, cree que «el documento anti-Illa pasó a ser papel mojado ayer a las 8 de la noche» y que «es poco probable, por no decir imposible, que el PSC forme parte del futuro Gobierno, pero hay muchas fórmulas para que los socialistas rompan la política de bloques haciendo que ERC no dependa de los convergentes para gobernar».

«Es poco probable, por no decir imposible, que el PSC forme parte del futuro Gobierno, pero hay muchas fórmulas para que los socialistas rompan la política de bloques haciendo que ERC no dependa de los convergentes para gobernar».

Ni que decir tiene que esa posibilidad no le resulta muy agradable: «Es lamentable que hayamos terminado viendo como una esperanza un gobierno de la izquierda con la extrema izquierda. Es de pueblo moralmente arrasado, espiritualmente agotado. Es de tribu que no se merece la historia. Pero la corrosiva destrucción de Puigdemont y su tropa era tan devastadora que incluso que los comunes entren en la Generalitat parece hoy un mal menor.»

También se despacha a gusto contra los epidemiólogos —«apologetas, charlatanes, sectarios»—, que desaconsejaban las elecciones —«en Cataluña ha habido un intento más de asaltar la democracia»—, y contra los propagandistas, como José Antich y Pilar Rahola, «los grandes perdedores de la noche». Incluso, en su particular opinión, llega a decir que «la Vanguardia ha quedado sin motivos para tener que aguantar el descrédito de tener que publicar los artículos de Pilar Rahola.»

¿Un gobierno serio, sin frivolidades?

Según Esther Vera, del AraNueva etapa sin pasar página, «los votantes han decidido que Catalunya no puede pasar página y hacer como si los últimos diez años dramáticos se pudieran borrar como si nada».

Una abstención del 46%, no por previsible menos lamentable, no debería alegrar a nadie, pero éste es un matiz que lógicamente prefiere pasar por alto quien está en condiciones de cantar victoria: «La mayoría independentista es más amplia que nunca, y en el nuevo hemiciclo tiene 74 diputados y más del 50% de los votos.» En realidad, la mayoría ha pasado sólo de 70 a 74, aumento nada menospreciable pero lo importante es ver en qué se traduce.

Ciertamente, aunque sólo por 35.000 votos, «ERC ha ganado el pulso dentro del bloque independentista y Pere Aragonès se ha impuesto al cabeza de lista de JxCat, Carles Puigdemont» —¿ha sido un lapsus?—, pero habría que añadir que las eternas rencillas que llevaron a la inacción al gobierno saliente, no van a desaparecer, porque las personas son las mismas y siguen incapaces de reconocer los propios errores.

Vera propone renovar la coalición entre ERC y JxCat pero esta vez relegando a los de Waterloo a un papel secundario: «Laura Borràs ha demostrado que es una candidata efectiva y ahora tiene en sus manos que se negocie rápidamente un gobierno serio, sin frivolidades y capaz de gestionar la peor crisis económica y sanitaria que ha vivido nunca este país. También la CUP tendrá que decidir qué implicación asume.»

Pero ya tenemos una experiencia de años, ante estos gobernantes. La ausencia de frivolidades está descartada; a falta de poder dar pasos en pos de la república que proclamaron, competirán en gesticulación y en la emisión de significantes vacíos, mientras el país que dicen querer salvar se hunde en el descrédito y la ruina. La implicación de la CUP será la de siempre: impedir que ningún acto de gobierno sensato llegue a buen término.

La década perdida

El candidato Illa pidió «dejar atrás esta década perdida de desencuentro doloroso, de querellas inútiles, este viaje a ninguna parte». Joan Vall Clara, en el Punt-AvuiRes de girar full—, deduce de los resultados que no ha sido una década perdida. Y los resultados parecen haberle animado: «Es lo que han dicho las urnas. Que la represión rompe la unidad, sí, pero no nos tumba. Que la campaña mediática genera mucho ruido porque sois muchos altavoces muy potentes, pero no nos engaña. Y que da miedo lo que os hemos visto capaces de hacer, pero el miedo nos lo hacemos pasar.»

A cualquier observador medianamente imparcial le parecerá que no se puede hablar de represión política cuando se celebran elecciones libres, no existen partidos prohibidos, tiene lugar una campaña electoral en la que incluso políticos condenados tienen permiso para salir de la cárcel, y la gente va a votar o se abstiene de hacerlo siguiendo su propio criterio, pero no puede haber comentario emitido desde esta visión independentista del mundo que no mencione la pertinaz represión que nos afecta:

«La represión no cesará, al contrario, lo tenemos claro. Tampoco habría cesado si hubiésemos comprado el análisis de la década perdida y la receta del pasar página para construir un futuro en el que os continuaríamos prestando vasallaje

Una represión tan intensa no ha impedido sin embargo una impresionante victoria; tan impresionante que Vall Clara tiene que recurrir a un hito fubolístico para calibrarla: «Duele recordarlo pero os la hemos endiñado de la magnitud del 2 a 8 del Bayern al Barça.

Han ganado los partidarios de arreglar cosas

Josep Carles Rius, en el Diari de TarragonaOportunitat per a la taula de diàleg—, se congratula de que hayan ganado los partidarios de arreglar las cosas frente a los partidarios de empeorarlas, es decir «los partidos que han apostado por la mesa del diálogo a la hora de buscar un acuerdo y una solución que no sea unilateral. Tanto ERC como el PSC han conseguido dos victorias que podemos calificar de históricas y por lo tanto ganan autoridad moral a la hora de sentarse en una mesa de negociación».

Aún así, no reclama una coalición de vencedores sino la reincidencia en una experiencia ya fracasada: «Todo indica que ERC volverá a apostar por un gobierno independentista, pero ahora con un cambio trascendental: haber llegado primero. Pero para ello hay que ganar la lealtad de JxCat y los votos de la CUP.»

Pues lo último no está garantizado y lo primero está garantizado que no.

Cómo romper los bloques

Andreu Claret, en El Periódico, afirma que «la mayoría independentista en la nueva Cámara será tan holgada como difícil de administrar en cuanto a formar gobierno» y que «sin romper los bloques que han dominado la vida catalana en la última década no hay gobierno estable a la vista».

«Sin romper los bloques que han dominado la vida catalana en la última década no hay gobierno estable a la vista».

Pues para romper los bloques no ayuda nada haber firmado un documento en que se promete que «sea cual sea la correlación de fuerzas surgida de las urnas, en ningún caso se pactará la formación de gobierno con el PSC». En ERC ya debían ser conscientes de ello al firmarlo.

Ahora, cualquier movimiento que hagan permitirá a sus rivales dentro del independentismo acusarles de traición; aunque esta acusación es tan frecuente en Cataluña que ya nadie se inmuta. Sin embargo, como dice Claret, «de Junqueras depende que se abra una nueva etapa o que se tengan que repetir las elecciones».

Josep Martí Blanch, también en El PeriódicoCatalunya vota por la negociación—, destaca igualmente la victoria de los partidos que se han manifestado favorables a la negociación, que «es lo que debería prevalecer».

«Los republicanos son conscientes de que repetir gobierno con JxCat sobre las mismas bases del anterior no tiene sentido, porque se ha demostrado como una fórmula fracasada. El discurso de Pere Aragonès haciendo un llamamiento a la formación de un Ejecutivo en el que estén la CUP, En Comú Podem, JxCat y los propios republicanos es mera táctica. No se han pasado la vida soñando en liderar el catalanismo para presidir ahora un ‘tetrapartito’. Pero ofertarlo sirve de punto de partida para rebajar las pretensiones de Laura Borràs y los suyos. La estrategia de confrontación de los ‘junteros’ es incompatible con la vía ancha de largo plazo que propugna ERC. O JxCat asume que el programa independentista que va a aplicarse es el de los de Oriol Junqueras o la negociación entre independentistas puede acabar embarrancando y, en última instancia, desembocar en la repetición de las elecciones.»

También destaca que «el mando efectivo del Gobierno vuelve a Catalunya después de más de tres años ubicado en Bélgica». Pasa por alto que cualquier pacto o acuerdo de mínimos entre ERC y PSC va a servir a los de JxCat para afirmar que el mando efectivo está en Madrid.

Alegrar a los adeptos

En La Vanguardia, Sergi PàmiesIncierta gloria— subraya una dolorosa evidencia: «Por azar o por cálculo, la estrategia del independentismo ha funcionado gracias a la perseverancia de sus adeptos y a la falta de convicción de los no independentistas, que no han sabido ofrecer ninguna contrapartida factible.»

Y apunta que habrá que dilucidar si la de ERC es «una victoria tan incierta como ingobernable y hasta qué punto la abstención relativiza cualquier resultado y necesita de una acción de gobierno más próxima a la eficacia de los técnicos que a la inconsistencia mágica de los sermones». A nadie se le escapa que la parroquia de ERC, aunque en estos momentos parezcan los moderados frente a los radicales de JxCat, siempre se ha sentido muy atraída por la inconsistencia mágica.

Susana Quadrado, hablando en broma un poco de todo, y especialmente de Laura Borràs y su «independentismo de gestos» —Una Marianne catalana—, suelta un veredicto demoledor: «Catalunya no logrará otra cosa que dar alegrías a los adeptos, aburrir a los adversarios, estropear la democracia, empobrecer el país, hacer enfadar a los gobiernos del Estado y quizá otras cosas que una prefiere no listar per no embolicar més la troca.»

FrancescMarc ÁlvaroJunts ya no puede abrir el baile— coincide en que «republicanos y junteros representan dos estrategias contrapuestas y definen vías que son de difícil cohabitación, como se ha visto durante los últimos años». En definitiva, reitera, «el independentismo sigue teniendo mayoría parlamentaria, pero está más dividido que nunca.»

Una evidencia que el independentista de base intentará negar con el optimismo de la voluntad, pero que se palpa en el ambiente. Si no pueden pactar ni el gobierno de la autonomía, ¿cómo van a afrontar lo que llaman la reactivación de la declaración de independencia, y cosas así?

Respuesta a la represión

En Nació Digital, JosepLluís CarodRovira —— celebra que «la estrategia española de la represión judicial, policial, política, económica, empresarial, mediática y legal no ha desmovilizado al electorado [independentista], sino que ha recibido una respuesta clara y contundente». Cualquiera diría que al ir a votar uno se arriesgaba a perder vida y hacienda en manos de represores de distintas especialidades.

Es curioso que Carod mencione un par de veces «el bloque fragmentadísimo de las siglas contrarias a la independencia», cuando de los ocho partidos presentes en el Parlamento hay cuatro a favor y cuatro en contra. Y es precisamente en el interior de JxCat y de la CUP donde uno puede encontrar un montón de siglas de grupúsculos guarecidos bajo el mismo sello electoral.

Germà CapdevilaDoble majoria independentista— destaca que «la euforia de Arrimades en 2017 contrasta con la aparición fría de Illa después de Iceta». Contraste de caracteres aparte, lo que cuenta en las victorias es saber manejarlas.

La apuesta de Capdevila es por reeditar el gobierno de coalición independentista: «El PSOE comenzará a operar hoy para seducir a ERC para construir una alternativa de izquierdas que Albiach casi mendigaba ayer, sin ninguna autocrítica por el fracaso sin excusas de los comunes.» ¿Fracaso? Tenían ocho escaños, siguen teniendo ocho escaños.

«Los socialistas también intentarán convencer a JxCat para reeditar el pacto de la Diputación de Barcelona. En ambos casos, las posibilidades son mínimas, pero cuanto más tarde el independentismo en llegar a un acuerdo para invertir a Aragonés, más difíciles serán los acuerdos y más duro el futuro próximo del país, que necesita un gobierno estable cuanto antes.» Si ha de ser tan estable como el anterior, mejor desistan.

Un referéndum como condición

José Antich, desde El NacionalUn Govern muy difícil…—, da ideas para complicar las negociaciones para formar gobierno: «Ya hay más catalanes independentistas que no independentistas y Catalunya se ha ganado nuevamente el derecho a un referéndum acordado con el Estado. Esa ha de ser la principal condición, junto con una ley de amnistía, para una posible mesa de diálogo.»

Y en cuanto a ERC, como si hiciera falta recordárselo, afirma que adquiere «una responsabilidad política que nunca ha tenido y la historia le brinda una oportunidad para dejar su sello desde la más alta magistratura de las instituciones catalanas y avanzar con paso firme hacia la república catalana».

El análisis de Agustí ColominesRedistribución de votos— introduce algún detalle relevante. Sobre la CUP: «Se ha beneficiado, como siempre, de las decepciones sin pagar el coste de sus prisas y sus chantajes.» Sobre JxCat: «No tiene un liderazgo claro, porque Jordi Sànchez está en prisión y no puede ejercer de secretario general como Dios manda y Carles Puigdemont ya hace tiempo que mira hacia otro lado.» ¿Qué lado?

Su predicción es la siguiente: «No es imposible —aunque de momento me parece inverosímil— un gobierno de ERC con En Comú Podem, con el apoyo externo del PSC y la abstención de la CUP. Esta ecuación tendrá el apoyo de los medios de comunicación unionistas y los del independentismo soft.» Como mal menor en todo caso.

El independentismo rupturista

Vicent Partal, en VilawebL’espanyolisme-saferra-obedient-al-psc-pero-lindependentisme-guanya-millor-que-mai—, relativiza la victoria de la lista socialista, porque se trata de una victoria de todos los españolistas.

«Contra esta potencia electoral [la del independentismo], contra esta realidad sociológica y política tan maciza y tan rotunda, que ni la violencia política ni la represión pueden frenar, el españolismo ha optado en las dos últimas elecciones por una táctica pírrica que consiste en ganar sistemáticamente el premio de consolación: concentrar el máximo número de votos en un solo partido para aparentar una victoria que no tienen en escaños y esta vez ya tampoco en votos. Ellos sólo juegan al marketing, al titular del minuto inmediato, que les permitirá intentar hacer ver que el país no es lo que en realidad es.»

En este planteamiento se observa una distinción casi antropológica. El votante independentista es un ser consciente y racional que toma sabias decisiones, pero el votante no independentista es un ser gregario y sin opinión propia que vota a quien le ordenan: «Hace tres años les dijeron que tenían que concentrar el voto en Inés Arrimadas y Ciutadans obtuvo 36 diputados. Ahora les han dicho que debían concentrar el voto en Salvador Illa y eso han hecho. Los 36 diputados de Ciudadanos del 2017 han pasado a 6, el PP aún ha perdido un escaño de los pocos que tenía, de 4 a 3, y solamente los ultras de Vox, con 11 escaños, han resistido la orden imperativa de aferrarse a los socialistas para tratar de aparentar durante unos cuantos meses más que Cataluña no se va.» Quién iba a pensar que esto lo diría Vilaweb: el de Vox es un voto rebelde.

Partal está especialmente satisfecho porque «el independentismo rupturista [JxCat y CUP], los grupos que han marcado como línea política la unilateralidad y una posición firme ante el gobierno, suman 41 escaños del total de 74 que consigue el movimiento».

¡Pobre Catalunya!

Ante todo este panorama, Joaquín Luna, en La Vanguardia¡Pobre Catalunya!—, apuesta a que «el cambio efectivo llegará —o no— cuando el declive económico de Catalunya sea más acusado. Quizás con la ruina».

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