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ANÁLISIS / Políticas para la recuperación económica I

La UE se aleja de los modelos de recuperación tras la pandemia implantados por China y EEUU con buenos resultados

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene en el acto de presentación del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Economía Española, en Agoncillo, La Rioja, (España), a 20 de noviembre de 2020. - POOL MONCLOA/DIEGO DEL MONTE

El anuncio por el presidente Sánchez del plan de Recuperación, modernización y resiliencia va, sin ninguna duda, a paliar los severos efectos de la Recesión Epidémica en la economía española, pero hay buenas razones para dudar de que sirva para resolver los principales problemas de nuestra economía. En cierto modo puede verse como una versión ampliada de los dos planes E aplicados por Rodríguez Zapatero en 2009-2010 para afrontar la Gran Recesión y que, como el invento de Zapatero, parten de un diagnóstico equivocado y sus efectos serán mucho más modestos de lo que el Gobierno da a entender. La culpa no cabe achacarla exclusivamente a los gobiernos de Sánchez y Zapatero, porque si bien los Estados de la UE gozan de cierta soberanía en el ámbito fiscal, la política monetaria se decide en Frankfurt y la orientación de las políticas fiscales y la regulación de las actividades económicas se marcan en Bruselas. Este artículo se va a ocupar de la respuesta de la UE a la Recesión Epidémica y dedicaré el artículo de la próxima semana a analizar el plan presentado por Sánchez. 

La prolongada contracción registrada en las principales economías europeas entre 2008 y 2013 permitió constatar la tardanza y escaso acierto de las políticas monetarias y fiscales seguidas por las instituciones europeas, principales responsables de que la Gran Recesión se prolongara en la UE cuatro años más que en Estados Unidos, agravando la severidad de la crisis financiera y provocando una destrucción de empleo de la que algunas economías no habían logrado recuperarse a finales de 2019. Al afrontar la Recesión Epidémica que se inició en el primer trimestre de 2020, el BCE, sin margen para bajar tipos, ha comprado deuda pública para evitar las tensiones generadas por el aumento de los déficits públicos en 2020, pero la política fiscal ha vuelto a poner de manifiesto las debilidades de gobernanza de un gran mercado falto de un gobierno federal capaz de adoptar decisiones contundentes con agilidad. 

El plan de modernización, recuperación y resiliencia de la UE

Estos días, los países de la UE están ultimando sus planes para hacerse con la parte que se les asignó de los 750.000 millones del fondo extraordinario New Generation EU impulsado por la Comisión y aprobado por el Consejo el 21 de julio de 2020. El grueso de ese fondo, lo constituyen los 672.500 millones del “Mecanismo de Recuperación y Resiliencia” (MRR), de los que 312.500 millones corresponden a transferencias (grants) y 360.000 millones a préstamos que habrá que devolver a largo plazo. Los 77.500 millones restantes del fondo se reparten del siguiente modo: 47.500 millones al programa React-EU (Ayuda para la Recuperación para la Cohesión y los Territorios de Europa); 10.000 millones al Fondo de Transición Justa; 7.500 millones al Desarrollo Rural; 5.600 millones a InvestEU; 5.000 millones del Horizonte Europa y 1.900 de RescEU. En la presentación del programa React-EU, se inisiste una vez más en que “contribuirá a preparar una recuperación ecológica, digital y resiliente”. 

Aunque las instituciones europeas publicitaron el MRR cuando se aprobó hace ya nueve meses como “el mayor paquete de estímulo jamás financiado”, lo cierto es que su cuantía es muy modesta en comparación con los paquetes de estímulos aprobados por la Administración Trump para la economía estadounidense a partir de marzo de 2020, nada más irrumpir el Covid-19 en Estados Unidos, y con el paquete que está ultimando la Administración Biden para alcanzar el pleno empleo en 2021. De nuevo, las instituciones europeas van con mucho retraso. El 11 de febrero de 2021, siete meses después del ‘histórico’ acuerdo del Consejo de la UE, la Comisión aprobó por fin el Reglamento del MRR y se está ahora ultimando una emisión de deuda de 800.000 millones para financiarlo. Cuando la Comisión apruebe los planes que los Estados han de presentar antes del próximo 30 de abril y empiecen a llegar recursos a las economías europeas habrán transcurrido, casi con toda seguridad, más de 18 meses desde el inicio de la Recesión Epidémica, y más de 12 meses desde que fuera aprobado por el Consejo el 21 de julio de 2020.  

Según la Comisión, el MRR “ayudará a los Estados miembros a hacer frente a los efectos económicos y sociales de la pandemia de COVID-19, garantizando asimismo que sus economías emprendan las transiciones ecológica y digital para ser más sostenibles y resilientes. Uno esperaría que la Comisión detallara, en primer lugar, cuáles han sido los efectos “económicos y sociales de la pandemia de Covid-19” y nos explicara, a continuación, por qué la respuesta adecuada es emprender “las transiciones ecológica y digital” y no otras alternativas. Pretender alcanzar varios objetivos al mismo tiempo es la fórmula más segura para no alcanzar ninguno.  

Me pregunto si acaso no es más prioritario para los ciudadanos de la UE recuperar el crecimiento y la creación de empleo lo antes posible y dejar para más adelante los objetivos de “las transiciones ecológica y digital”; si no resulta más urgente impulsar los programas de vacunación y dedicar recursos aquí y ahora a apoyar a las familias que han perdidos sus empleos y a las empresas más afectadas por la paralización de la actividad económica. Quizá tengan razón las instituciones europeas y yo sea un economista miope. Pero de momento, hay un hecho incontestable: la UE sigue en recesión y sus gobernantes parapetados tras una muralla de palabras altisonantes y vacías, mientras los otros dos grandes bloques económicos del mundo, China y Estados Unidos, han superado la recesión o están a punto de hacerlo. Patético. 

China y Estados Unidos

Como el Gráfico 1 muestra, la economía China, que ya apuntaba alto en el cuarto trimestre de 2020 con una tasa de crecimiento interanual del PIB de 6,5%, ha roto todas las barreras al aumentar 18,3% en el primer trimestre de 2021, la cifra más elevada desde que se tienen registros. Según la Oficina Nacional de Estadística de China, el valor añadido en el sector Industria aumentó 35,1% y la inversión privada creció 36,4%. El fuerte crecimiento se explica en parte por el aumento de las horas trabajadas en la mayoría de las empresas a resultas de la decisión de los trabajadores de no tomar vacaciones durante la festividad del nuevo año chino, para minimizar los riesgos de contagio, y, en parte, por la fuerte demanda de sus productos industriales de otras economías, semiparalizadas por los efectos de la pandemia, con las exportaciones creciendo 32,2% en tasa interanual..  

Gráfico 1. PIB de China: tasa interanual de crecimiento 

China GDP Annual Growth Rate
Fuente: Trading Economics

En pocas palabras, China superó la Recesión Epidémica en un par de trimestres, gracias a la efectiva política de confinamiento aplicada por las autoridades de la República para controlar la epidemia y al apoyo de las políticas monetarias y fiscales que posibilitaron la vuelta al trabajo con casi total normalidad en el segundo semestre de 2020 y a la debilidad productiva de la mayoría de las economías occidentales que continuaron semiparalizadas por la pandemia. La decisión de atajar la expansión de los contagios no sólo logró minimizar el número de personas contagiadas y fallecidas, evitando una catástrofe humanitaria, sino que permitió recuperar el pulso de la economía en un tiempo récord, superando la caída registrada en el primer trimestre de 2020 y acabando el año con un crecimiento del PIB de 2,3%. Las autoridades chinas esperan que el crecimiento del primer trimestre se modere a lo largo de 2021 y el año finalice con un aumento del PIB no inferior al 6%. Casi con toda seguridad que superará ese listón con holgura. En su caso, sí puede decirse que China ha salido fortalecida de la pandemia. 

Gráfico 2. Tasa interanual de crecimiento del PIB de Estados Unidos 

United States GDP Annual Growth Rate
Fuente: Trading Economics

Como el Gráfico 2 muestra, el PIB en Estados Unidos registró una caída interanual muy pronunciada, 9%, en el segundo trimestre de 2020 que se moderó notablemente durante los dos últimos trimestres en los que el PIB ya registró, como puede comprobase en el Gráfico 3, aumentos muy notables sobre el trimestre. Como se explica en la nota de la Oficina de Análisis Económico (BEA) donde se presentan los resultados del último trimestre de 2020, “el aumento en el cuarto trimestre refleja tanto la continuación de la recuperación económica de las fuertes caídas al inicio del año, como el impacto persistente de la pandemia Covid-19, incluyendo nuevas restricciones y cierres que se produjeron en algunas áreas de Estados Unidos” y frenaron el ritmo de la recuperación. En otras palabras, a finales de enero persistían todavía dudas sobre la fortaleza de la recuperación. 

Gráfico 3. PIB Estados Unidos: tasas de variación intertrimestral anualizadas 

Fuente: US Bureau of Economic Analysis

Gráfico 4. Población ocupada en empleos civiles en Estados Unidos (en miles) 

Fuente: Bureau of Labor Statistics

Aunque la BEA no publicará hasta el 29 de abril su primera estimación del PIB en el primer trimestre de 2021, las cifras del mercado laboral en los primeros meses del año indican que la recuperación sigue su curso, aunque posiblemente continuó perdiendo gas en los dos primeros meses de 2021. Entre diciembre de 2019 y junio de 2020, se perdieron 16,5 millones de empleos civiles de los que tan sólo se habían recuperado 8,6 millones hasta marzo de 2021, arrojando un saldo negativo de 7,9 millones de empleos perdidos y una tasa de paro que, si bien se ha reducido desde el pico de 14,8% alcanzado en abril de 2020, era todavía 6,0% en marzo de 2021. En los meses de enero y febrero, el empleo civil aumentó tan sólo en 409.000 personas, pero en marzo se añadieron 609.000 empleos, lo que podría indicar que la recuperación continúa y pudiera estar acelerándose

En mi artículo Inquietantes proyecciones para la economía española en 2021 detallaba la cuantía de los programas aplicados en Estados Unidos desde marzo de 2020 para afrontar la Recesión Epidémica. El Gráfico 5 tomado prestado de la OCDE muestra la brecha que separa ya los estímulos fiscales aplicados a los dos lados del Atlántico y del Pacífico. En concreto, el nuevo paquete fiscal de 1,9 billones de dólares, conocido como Plan de Rescate Americano (American Rescue Plan Act 2021), aprobado en el Congreso y firmado el presidente Biden el 11 de marzo, va a proporcionar los recursos necesarios para completar la vacunación de los estadounidenses en tiempo récord, extender las ayudas a familias y desempleados para estimular el consumo y combatir la pobreza, continuar subvencionando y concediendo créditos a las empresas, etc., etc., todo un paquete de estímulos transitorios orientados a mantener el tejido productivo, crear empleo y reducir el paro y la pobreza causados por el Covid-19. No es aventurado pronosticar que Estados Unidos a finales de 2021 habrá recuperado el terreno perdido en 2020. Por cierto, el programa no dedica un solo dólar a las transiciones ecológica y digital y a aumentar la resiliencia.  

Gráfico 5. Estímulos fiscales en porcentaje del PIB 

Fuente: OCDE

¿Aprenderemos alguna vez?

Mucho me temo que como ya ocurrió en la Gran Recesión, la UE vuelve a equivocarse en el diagnóstico y a envolverse en un lenguaje grandilocuente -transiciones ecológica y digital y resiliencia- para ocultar su incapacidad de actuar con contundencia y de manera coordinada. Nos estamos quedando atrás en el proceso de vacunación y en el inicio de la recuperación económica, y cada día de retraso aumenta la incertidumbre de los trabajadores y de las empresas, empeoran las perspectivas de los desempleados para encontrar un puesto de trabajo en un plazo razonable y se eleva el riesgo que amenaza al sistema financiero. Cuando uno compara las respuestas de China y Estados Unidos al Covid-19, autoritaria en el primer caso y empleando toda la artillería monetaria y fiscal en el segundo, se llega a la triste conclusión de que las instituciones de la UE y los principales gobiernos de los Estados miembros apenas han cambiado el paso, enredados en discusiones bizantinas y aferrados a unos objetivos de medio y largo plazo, sin prestar atención alguna a que podemos quedarnos patitiesos por el camino. 

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