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ENTREVISTA / Anna Grau (Cs): «Cataluña está en un callejón sin salida donde va a arder Troya»

La periodista y diputada naranja en el Parlament tiene claro que los indultos no facilitarán la convivencia en Cataluña

La periodista y diputada de Cs Anna Grau, a las puertas del Liceu ante una manifestación separatista.

Periodista y diputada de Ciudadanos en el Parlament, Anna Grau es, sobre todo, fuerza en estado puro. Catalana por los cuatros costados le duele la Cataluña de hoy. Y ha sido ese dolor, acompañado de las numerosas muestras de desprecio de las que ha sido víctima por parte de los separatistas de nuevo cuño, el que ha llevado a Grau a volver a su tierra, a arremangarse y a batirse el cobre en una arena política, la catalana, donde imperan la caspa y lo rancio disfrazados de progresismo. Desde la tribuna del Parlament, Grau ya le ha leído la cartilla a quienes pretenden hacernos comulgar con ruedas de molino desde hace una década. Y ahí piensa seguir hasta que Cataluña vuelva a la normalidad, si es que eso es posible algún día.

Ya están aquí los indultos. A partir de ahora, ¿qué hacemos? 

A partir de ahora veremos un retroceso gigantesco en la normalización. Nos venden como un pasar página lo que es quemar el libro. Sánchez Castejón ha cerrado en falso la crisis catalana. Ha cerrado años de lucha constitucionalista. Ha cerrado en falso el parar el golpe de 2017. Y, por culpa de él, la resistencia en Cataluña retrocede tranquilamente cinco o 10 años. A ver, saldremos de esta pero no será gracias a Pedro Sánchez. Esto que te venden teóricamente como un progreso es un retroceso. Es un retroceso en las esperanzas de concordia y reencuentro de la sociedad catalana. Es también un retroceso de la imagen de España en el exterior. El Consejo de Europa ha avalado los indultos pero, no nos engañemos, lo ha hecho porque ve que el Gobierno español los avala. Y el Consejo de Europa en estos casos cumple aquello de allá donde fueres, haz lo que vieres. De algún modo, el Gobierno lo que hace es invalidar años de diplomacia en Europa. Una diplomacia ya muy imperfecta, aunque con excepciones como el ministro José Manuel García Margallo o Josep Borrell. Ellos lograron darle la vuelta a la terrorífica leyenda negra española auspiciada por el Diplocat y en la que se han gastado millones de euros pagados por todos los catalanes. En fin, esto es un desastre de proporciones cósmicas. 

Sánchez pide concordia a todos. ¿Es posible la concordia con quienes lo único que han logrado en los últimos 10 años ha sido romper en dos la sociedad catalana? 

Pues no. A mí me hace mucha gracia que la misma gente que reclama leyes de la memoria histórica, abrir las cunetas y sacar los muertos de la Guerra Civil tenga una amnesia selectiva cuando se trata de las víctimas de ETA o de las víctimas del procés. Este mismo fin de semana hemos asistido a un acto vergonzante de la consellera de Justicia condenando con la boca pequeña y a título personal el atentado de Hipercor, que se cumplían 34 años. Pero no ha habido una condena oficial por parte del Gobierno catalán. Bueno, al menos ha habido esto porque el aniversario de la matanza de la casa cuartel de Vic pasó totalmente sin pena ni gloria y sin que la Generalitat moviera una pestaña. Entonces, claro, ¿de qué estamos hablando? ¿Nos acordamos de 1714 pero no de los muertos de 1980 y de las incontables víctimas civiles del procés?  

¿Nos acordamos de 1714 pero no de los muertos de 1980 y de las incontables víctimas civiles del ‘procés’?

Anna Grau

En realidad, el independentismo no deja de ser un movimiento netamente supremacista. Nadie se dice diferente si no es porque quiere ser superior a los demás o porque demanda un reconocimiento especial. 

Yo hace tiempo que digo que lo que en Madrid se vende como una victoria, que es la renuncia de los independentistas a la vía unilateral, es estrictamente de Cataluña para fuera. De Cataluña para dentro, esto es el puro gulag. El procés es una ingeniería social que lo que pretende es que en Cataluña no valga la ley española, no valgan los derechos españoles y que haya catalanes de primera y catalanes de segunda. Cualquiera que no esté con ellos está contra ellos. Y esto lo sufro yo misma. Este lunes, cuando Pedro Sánchez estaba perorando, yo he ido a las puertas del Liceu en representación de Ciudadanos porque un grupo de entidades constitucionalistas declinaron la invitación a asistir a este acto e iban a leer un manifiesto. Se han visto desplazados por un incontenible, ruidosa y virulenta manifestación independentista, que es lo que yo me he encontrado cuando he llegado allí. A mí me han llamado de todo: imbécil, fascista, hija de puta, métete el móvil por el culo… Los Mossos se han tenido que interponer a cara de perro, hasta el punto de que, en un exceso de celo, han amenazado con denunciarme a mí si yo no me alejaba. O sea, yo, que no me había metido con nadie, que no he contestado a ningún insulto y que me he visto obligada a tomar imágenes de lo que estaba ocurriendo, me tengo que encarar con el mosso y decirle: “Si quieres, denúnciame”. Le dado mi DNI, me ha tomado los datos pero luego ha recapacitado. Hemos hablado y hemos acabado dándonos la mano. Pero, en fin, estamos en estos niveles de histeria civil y política. 

¿Qué le ha parecido el discurso de Sánchez sobre los indultos? 

No lo voy a valorar porque lo indefendible no se puede defender. A ver, unos indultos realistas estarían basados en otro punto de partida. Esto, en realidad, es una ley de punto y final del procés, es una ley de desmemoria histórica, es una ley de poner la otra mejilla. Es un insulto a la memoria de tanta gente que lleva años sufriendo lo que no está escrito. Y, sobre todo, es cerrar con doble vuelta de llave la cárcel civil en la que vivimos todos los catalanes españoles de bien y buena gente, que no nos metemos con nadie. Es algo horroroso. 

Los indultos son cerrar con doble vuelta de llave la cárcel civil en la que vivimos todos los catalanes españoles de bien y buena gente

Anna Grau

La verdad es que los manifestantes que estaban a las puertas del Liceu destacaban porque son gente de edad avanzada. ¿Estamos asistiendo a la decadencia del ‘procés’ en particular o del independentismo en general? 

Pues sí. Creo que hace tiempo que el procés está en decadencia. Tienen claro que no van a poder cumplir sus objetivos. Pero, así como hay movimientos o ideas que, cuando ven que han perdido, se retiran en buena lid, esta es más peligrosa cuanto menos fuerza real tiene. Cuanta menos capacidad de unificación tienen, más daño intentan hacer. Para entendernos, cuando el 3% funcionaba a todo rendimiento, ellos lo que hacían era externalizar o repartir las vacas gordas. Es decir, cuando ellos robaban, eso salpicaba a todo el mundo. Pero ahora, cada vez son más para repartirse menos y lo que hacen es externalizar el malestar y generar mucha frustración, mucho descontento y mucho odio. Esto es un callejón sin salida donde va a arder Troya. A mí me duele en el alma que tanta gente en España duerma tranquila sin darse cuenta de lo que nos está ocurriendo aquí, en Barcelona. A mí me han insultado y ya estoy acostumbrada a eso pero no me quiero acostumbrar. No puede ser que esto sea normal. Es algo horroroso y yo lo que pido es que la gente tenga en cuenta que los que nos oponemos a los indultos no somos rencorosos, ni vengativos, ni montapollos. Somos gente que queremos vivir en paz, que siempre hemos querido eso, vivir en paz. Estamos más que dispuestos a explorar vías de concordia pero esto no es concordia. Esto son los 25 años de paz a la franquista. Este es el tipo de paz que proclamó Franco después de ganar la Guerra Civil. Puede parecer una comparación exagerada pero no lo es. Yo quisiera recordar que, después del franquismo, en Cataluña, tras el brevísimo paréntisis tarradellista, siempre han gobernado los mismos. Con aleación socialista o sin ella pero, en democracia, no ha habido ni un solo gobierno en Cataluña en el que no hubiera un nacionalista catalán cortando el bacalao. Y así nos va. Urge una democratización real, que corra el aire en Cataluña, en los medios de comunicación, en la Universidad, en la política, en las calles y en el Gran Teatre del Liceu. 

Usted acaba de aterrizar en el Parlament como diputada y ya ha protagonizado algún intervención sonada. ¿Se siente cómoda en el ‘faristol’? 

Me sentiría más cómoda si no hubiera el deliberado apagón informativo que a veces hay. En Cataluña, cualquier independentista ve tremendamente amplificada cualquier acción u opinión. En cambio, si no eres independentista eres David contra Goliat. Tienes que mover titánicas energías, no te puedes rendir ni un segundo. Proclamas cosas desde el faristol que, en un país normal, pararían el mundo, serían portada en todos los medios, provocarían indignación ciudadana y aquí, sin embargo, se intenta anestesiar a la población, narcotizarla y que vea como normal lo que no es normal. De hecho, yo me estremezco porque, siendo una gran fan de Hannah Arendt, si la relees, se te ponen los pelos de punta. Esto es como lo de los Orígenes del totalitarismo

La propaganda que transmiten TV3 y Catalunya Ràdio es exagerada, esperpéntica, caricaturesca, solo convence a los ya convencidos

Anna Grau

¿Son TV3 y Catalunya Ràdio dos de los agujeros negros del procés? 

¡Por supuesto! Pero, atención, si en un primer momento intentaron en los años 80, románticamente, ofrecer una visión catalana del mundo con cierta buena fe e ingenuidad, luego se convirtieron en feroces aparatos de propaganda y ahora, además, son feroces aparatos de corrupción. Casi diría que la propaganda que transmiten estos medios es tan exagerada, tan esperpéntica, tan caricaturesca, que solo convence a los ya convencidos y solo sirve de pretexto para viabilizar malversaciones oscuras de cuantiosas cantidades de dinero público. Le recuerdo que millones de euros de los fondos COVID-19 se han dedicado a comprar programas del Polònia o documentales de Jaume Roures sobre el procés que, sinceramente, no hay por dónde cogerlos. Todo esto sin ningún control parlamentario porque los que podrían controlarlo, hurtan el control y los que ir de buena fe parece que tienen mejores cosas en las que pensar. Yo defendí la semana pasada una moción ante el Parlament pidiendo cosas modestas y razonables como devolver todo el dinero de los fondos COVID-19, que ha sido malversado para comprar elementos de propaganda. Pedí también que los cargos de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals se elijan por concurso público y no por pasteleo político y que estos cargos tengan un mínimo de carencia de dos años desde que dejan la TV, la radio o la Corporació para irse a trabajar a una de las productoras a las que han megacontratado con facturas archimillonarias. Mire, hasta los ministros que se van a una compañía eléctrica tienen un plazo de carencia. No se pueden ir al día siguiente de dejar el ministerio. Pero en Cataluña se ha perdido todo el pudor.  

¿Cómo se explica que no haya generado el más mínimo escándalo que el Govern y TV3 destinaran dinero de los fondos del COVID-19 para contratar a productoras como la del Polonia o la de la serie sobre el juicio al procés?  

Hemos llegado a un punto en el que hay como una especie de Muro de Berlín comunicativo. Los que están de un lado o no se enteran o no se quieren enterar de lo que pasa en el otro. Y los que están en el otro, que serían los indepes, dan por bien hecho todo lo que hagan los suyos y no se paran a pasar una mínima ITV moral. Muy loco de la vida tiene que estar el más hiperventilado de los independentistas para no darse cuenta de que ahora mismo hay prioridades más urgentes en Cataluña que seguir pagándole una millonada a Toni Soler por sus programitas en TV3 o por sus “puta España” compulsivos.  

La política catalana tiene todas las gracias: es retrógrada, es clasista, es supremacista, es racista y, obviamente, es machista

Anna Grau

Pilar Carracelas ha acusado a Sergi Sol y a ERC de machistas. No podemos olvidar al caballero republicano que para elegir a una consellera propuso que fuera «la de las tetas más grandes». ¿Hay machismo en la política catalana? 

Bueno, evidentemente que hay machismo en la política catalana. Ahora mismo, la política catalana tiene todas las gracias: es retrógrada, es clasista, es supremacista, es racista y, obviamente, es machista. Y, además, con un doble discurso. Tú les escuchas hablar y todo son discursos de género, a favor del feminismo, pero luego, en la práctica, los hechos desmienten totalmente tal teoría que, por lo demás, es un disparate. La semana pasada ERC defendió una moción contra todo tipo de discriminaciones, por razones de origen, de lengua, de creencia… y cuando Ciudadanos intentó sumar a esta lista la hispanofobia y el tema del bilingüísmo y no lo aceptaron. Yo, como mujer, no me siento en absoluto representada y defendida por esta gente que, en 2015, aprobó una pretendida ley de igualdad a la que después no han dotado de recursos ni se han tomado en serio. Si esta ley se implementara ahora, no serviría porque, además de ridícula, es una ley que ya se ha quedado antigua. La verdad es que están todo el día dándose golpes de pecho, hablando en femenino o en género no binario pero, a la hora de la verdad y como en todo, nada de nada. 

¿Cómo se plantea Cs esta legislatura tras los resultados del 14-F? 

Pues en plan peleón. Yo no voy a caer en la arrogancia de decir “disfruten lo votado”. Entre otras cosas porque soy consciente de que el 14-F hubo una inmensísima abstención. Mire, la abstención es al electorado lo que la disfunción eréctil a la pareja (risas). Es una pérdida de fe, una desmotivación. Obviamente, en Ciudadanos hacemos autocrítica y nos damos cuenta de que o no hemos sabido comunicar o no hemos sabido hacernos entender o transmitir nuestros logros. Yo acabo de incorporarme a un grupo parlamentario ahora muy menguado pero que en la pasada legislatura tenía 36 magníficos diputados que trabajaban como galeotes. Me he encontrado infinidad de propuestas, un trabajo ingente ocultado, ninguneado, ahogado. Se han votado infinitas mociones de Ciudadanos que después no se han aplicado. O peor aún: se votaban en contra y luego se les copiaban las ideas para aprobarlas desde otros grupos. Aquello era de juzgado de guardia. Dicho esto, me parece que las urnas se han enfriado y que la gente se ha dado cuenta de que el PSC obtuvo los resultados que obtuvo mintiendo, ocultando, por ejemplo, cuál iba a ser su posición sobre los indultos o pretendiendo ser capaces de formar gobierno en unas condiciones en las que no podían hacerlo. El PSC también ocultó su voluntad denonada de llegar a pactos explícitos o implícitos con el separatismo. ¿Qué decir de los demás?

Pedimos perdón por nuestras equivocaciones pero también reconocimiento por nuestros aciertos y por nuestra fidelidad inquebrantable a los catalanes

Anna Grau

Creo que todos tenemos que hacer autocrítica pero también ruego al electorado, a las personas que luego protestan y están disconformes, que se pregunten quién les defiende. Yo he escuchado incontables críticas a Inés Arrimadas por haberse ido a Madrid. También se fueron Miquel Roca y Gabriel Rufián. Pero Inés Arrimadas, y hasta el último militante de Ciudadanos, tiene el constitucionalismo en el ADN y para nosotros Cataluña no es negociable. Yo he estado 20 años fuera de Cataluña pero esto me dolía tanto que he tenido que volver. Y ninguno de nosotros ha cedido jamás en esto. El PP ha vendido Cataluña. El PSOE ha vendido Cataluña siempre que le ha convenido, como hemos visto con los indultos. Ciudadanos jamás lo ha hecho. Pudimos haber participado en el último acuerdo de presupuestos de Pedro Sánchez  y no lo hicimos por no tragar la enmienda de la ley Celáa, que se carga la vehicularidad del español y que estaba allí puesta con toda la mala leche para sacar a Ciudadanos de la pista. Para nosotros hay líneas rojas indudables. Por eso, ruego a todos los que puedan haber dudado de nuestro valor, de nuestra entrega, de nuestro coraje, que tengan en cuenta que un error no te convierte en traidor. Pedimos perdón por nuestras equivocaciones pero también reconocimiento por nuestros aciertos y por nuestra fidelidad inquebrantable a los catalanes, que nadie ha igualado hasta la fecha. 

¿Cree posible articular un frente constitucionalista ante el más que probable intento del separatismo de volver a tensar las cosas en Cataluña? 

Es difícil porque, curiosamente, cuanto más se necesita, más complicado es. Pienso que, después de una larga travesía del desierto constitucionalista, en el que solo estábamos Ciudadanos y, en el ámbito civil, Sociedad Civil Catalana, de repente este espacio pareció cobrar brillo o rentabilidad. Y mucha gente lo ha querido disputar. De hecho, mucha gente ha crecido electoralmente haciendo trampa vampirizando a Ciudadanos y luego, cuando les buscas para defender cosas en común, no les encuentras. Esto incluye, incluso, a los señores de Vox, a los que debo un respeto como legítimos representantes de 200.000 votantes en Cataluña y nunca estaré a favor del cordón sanitario contra ellos. Vox no es extrema derecha. Extrema derecha es Junts per Catalunya. Pero, aunque Vox fuera extrema derecha, es un partido legal. Pero, aparte de pegar gritos y decir que quieren cerrar TV3, tampoco aportan mucho porque ahora mismo viven en un mundo feliz en el que no asumen compromisos, no asumen gestión… Se miran los toros desde la barrera. Por eso pido a los catalanes que, con lo que está en juego, valoren si quieren desahogarse o quieren salir del pozo.  

Todo el interés de Pere Aragonés es perpetuarse, agotar la legislatura y, si es posible, empalmar con la siguiente. Algunos hiperventilados de Junts per Catalunya deberían tomar nota

Anna Grau

¿Será el presidente Aragonés conocido como Pere el Breve? 

¡No, no! De hecho, yo apuesto a que va a durar bastante más de lo que la gente se cree. A mí me recuerda a Jordi Pujol cuando empezó. Muchos pensaron que no iba a durar. La verdad es que creo que todo el interés de Aragonés es perpetuarse, agotar la legislatura y, si es posible, empalmar con la siguiente. Y creo que algunos hiperventilados de Junts per Catalunya deberían tomar nota de estas intenciones. 

Para acabar, usted es periodista y ahora política. ¿Son las cosas como creemos cuando estamos al otro lado de la barrera? 

Yo, que he sido periodista política la mayor parte de mi carrera, y que me sigo considerando periodista a la par que política, antes de dar el salto me daba más miedo. Como periodista, conocía las interioridades de la política y me parecía peor de lo que iba a ser. Tal vez es porque he caído en un grupo de gente muy buena. Ciudadanos en Cataluña es gente de lo más noble, lo más sacrificado que hay. Aquí, incluso cuando va bien, se sufre, se trabaja, sales a la calle y te insultan. No he visto gente más buena y, la verdad, es para mí un orgullo y un honor trabajar con ellos. Lo único que lamento es no haberme sumado antes a la caballería naranja, que estoy convencida de que dará mucha guerra y muchas alegrías. 

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