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La consellera de Feminismos censura a Laura Borràs por los ataques en Twitter a la diputada Anna Grau (Cs)

Tània Verge advierte de que la "violencia machista no puede ser el coste de hacer política para las mujeres"

La presidenta del Parlament, Laura Borràs. EP.

La consellera de Igualdad y Feminismos, Tània Verge, ha censurado a través de su cuenta de Twitter los ataques machistas sufridos por la diputada de Ciudadanos Anna Grau en esa red social. Ataques como el protagonizado por el teniente de alcalde de Port de la Selva, Roger Pinart (Junts), quien dijo de la diputada naranja que «no sabes si está en el Parlament o en cualquier club de la Jonquera«. A este tuit le dio «me gusta» la presidenta del Parlament, la posconvergente Laura Borràs.

Borràs no dudó tampoco en mostrar su apoyo al mensaje firmado por una vocal de la Sociedad Catalana de Pedagogía, Gemma Pasqual, quien también utilizó la vestimenta de Grau para atacarla como política: «Ni ética ni estética».

Estos son solo dos ejemplos de los insultos que, a diario, reciben políticas como Anna Grau en Twitter. Si ya es grave que los usuarios de esta red se dirijan así a otras personas, la situación es aún peor cuando se trata de cargos públicos que, en horas de trabajo y con medios de la Administración, se dedican a atacar a sus adversarios o a mostrar su apoyo a quienes lo hacen, tal y como ha sucedido con la presidenta del Parlament.

Violencia machista y política

Ante esta situación, la consellera de Igualdad y Feminismos, Tània Verge (ERC), ha publicado en la misma red social un mensaje que bien puede interpretarse como una censura en toda regla a la actitud de Borràs: «Por ética feminista, no difundimos los ataques misóginos o racistas contra diputados en las redes. En todos los casos de los últimos meses, hemos puestos los recursos de Igualdad a su disposición. Este tipo de violencia machista no puede ser el coste de hacer política para las mujeres».

No ha sido este el único mensaje de apoyo recibido por Anna Grau estos días. La diputada de En Comú-Podem Susanna Segovia también ha utilizado su cuenta de Twitter para denunciar los ataques contra Grau. Segovia ha acusado al teniente de alcalde de Port de la Selva de «machismo», «sexismo» y «clasismo» y ha recordado que «la ley de violencias machistas» contempla también las que se producen en los ámbitos digital y político. En otro mensaje, Segovia se ha referido también a Laura Borràs: «Que a la presidenta del Parlament le gusten tuits que critican la manera de vestir de una diputada, muy feminista no es«.

Los ataques de los ‘minions amarillos’

«Quizás el look no fue el más adecuado», reflexiona ahora con ironía Anna Grau sobre lo sucedido, «pero viendo como va la mitad del Parlament, la verdad, no me tomo muy en serio lo de la etiqueta». Agradece los apoyos recibidos. Sobre todo el de la diputada de ERC Najat Driouech, quien también es víctima de durísimos ataques por su condición de mujer musulmana. «Me ha enseñado tuits que son realmente asquerosos», asegura Grau.

La diputada de Cs relata que, desde que llegó al Parlament, ha recibido todo tipo de insultos en redes sociales. «Me han llamado asquerosa, puta, zorra…», recuerda y ofrece una explicación a lo sucedido estos días: «Todo se ha disparado tras la carta que le dirigí a Laura Borràs anunciando que no iríamos a la entrega de las medallas del Parlament. Le dije que era la regenta de un país imaginario y eso no le ha debido gustar. Cada vez que me meto con ella, curiosamente, aparecen los minions amarillos llamándome de todo en Twitter».

La hoy presidenta del Parlament, Laura Borràs, también presume de escote cuando le interesa.

Estos «minions amarillos» suelen ser militantes o simpatizantes de Junts. Pero, dentro del separatismo en la red social, hay también otros independentistas que no comparten este tipo de ataques contra Anna Grau y lo han dejado patente en numerosos mensajes de censura sobre esta actitud. «Está claro», concluye la diputada naranja, «que muchos separatistas están hartos de Borràs. Yo sostengo, como ya dije en una entrevista, que es una macarra, es decir, una persona chula y agresiva. Pero una cosa es decir algo duro sobre alguien y otra muy diferente es llamarla puta, que es lo que hacen conmigo».

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