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ENTREVISTA / Samuel Vázquez: «Trapero es un ejemplo del policía que protege al poder antes que al ciudadano»

El presidente de la asociación Una Policía para el Siglo XXI promueve un cambio total del modelo policial español

Samuel Vázquez, presidente de la asociación Una Policía Para el Siglo XXI en una conferencia.

Presidente de la asociación Una Policía para el siglo XXI, Samuel Vázquez defiende un cambio total del modelo policial que actualmente opera en España. Un cambio que, asegura, debería afectar también a las policías autonómicas y locales y que tiene como base la idea de que los cuerpos y fuerzas de seguridad deben dejar de proteger a las estructuras de poder para pasar a estar realmente al servicio del ciudadano. Vázquez ha denunciado en numerosas ocasiones los fallos que afectan a los cuerpos policiales. Sin embargo, parece predicar en el desierto dada la escasa predisposición de los políticos a atender a las reivindicaciones de estos profesionales. Salva, eso sí, a la diputada de Vox Macarena Olona, quien, asegura Vázquez, no solo muestra interés por el cambio que promueve esta asociación sino que conoce a fondo todo lo que afecta a esta profesión.

¿Qué es exactamente la asociación Una Policía para el siglo XXI

Es una propuesta de cambio del modelo policial, en todos los cuerpos. Proponemos un cambio absoluto del modelo. 

Los Mossos también reivindican este cambio absoluto, ¿no? 

Por supuesto. Hay que entender que la base del problema es la politización de todos los modelos policiales. Se prioriza la perspectiva política y esto es más acusado en territorios como Cataluña y el País Vasco. Pero no podemos olvidar que es un problema general de Occidente. Y está pasando en España gobierne quien gobierne. Necesitamos que alguien quiera cambiarlo todo. 

Usted advirtió en el Congreso en 2018 de que lo que estaba sucediendo en Europa pasaría en España en cuatro o cinco años. Y, visto lo visto, no se equivocaba. 

Sí, por eso le digo que los modelos europeos de seguridad están agotados. Han ido cayendo en un efecto dominó. Y España está claro que también caerá. También avisé de que, dentro España, la primera ciudad en caer sería Barcelona y no me he equivocado. Es una ciudad que tiene todos los componentes para convertirse en un escenario en el que la delincuencia menor campe a sus anchas. Le hablo de manteros, okupas… Usted piense que la delincuencia es como una escalera. Tiene los peldaños más bajos, con esta delincuencia menor. Pero está demostrado que, en muy poco tiempo, sube y acabas perdiendo la ciudad. También le digo que, si no cambiamos el modelo, lo que pasa en Barcelona se extenderá a toda España en poco tiempo. 

Avisé de que, en España, la primera ciudad en caer sería Barcelona y no me he equivocado. La delincuencia menor campa a sus anchas

Samuel Vázquez

¿Esto se agrava a partir de la llegada de Ada Colau a la Alcaldía o era algo que ya se podía prever antes? 

A ver, esto se percibe en toda España por culpa del modelo. Colau lo que hace es potenciar el efecto de la política en esta situación. Si ve un incendio, el político puede tirar un cubo de agua sobre la llama y apagarlo. Lo que ha hecho Colau ha sido echar algo inflamable. Sucede en toda España, sí, pero en Barcelona más. Y esto es algo que ve cualquier criminólogo. 

Sí pero el ciudadano no entiende de criminología y lo que sufre es una ciudad cada vez más insegura. Además, no se puede evitar relacionar Barcelona con cuestiones como el terrorismo islamista, no solo por los atentados de agosto de 2017 sino por la cantidad de yihadistas que han sido detenidos en Cataluña en general. Da la impresión de que es un territorio sin ley. 

Sí, esto es así. Los políticos decían que estábamos en tasas medias. Pero las estadísticas se pueden manipular y dar otra sensación al ciudadano. La realidad acaba imponiéndose, a pesar de la estadística. El ciudadano ya no se cree el discurso político y, por procesos cognitivos personales propios, siente que la ciudad ya no es segura.  A ese ciudadano, que ha sido víctima de un delito o que conoce a alguna víctima, ya no le vas a convencer con estadísticas y lo que hará será aferrarse a políticos que tengan un discurso fuerte contra la delincuencia.  

El ciudadano ya no se cree el discurso político y, por procesos cognitivos personales propios, siente que la ciudad ya no es segura

Samuel Vázquez

Es que, cuando eres víctima de un delito, la reacción suele ser muy visceral. 

Sí, claro, es una cosa emocional. Estás viendo que otro ser humano pone en peligro tu vida o tu casa. Y esto afecta muchísimo a la mente, a lo emocional. Por eso le digo que a los ciudadanos les han engañado en todos los sitios con las estadísticas o hablándoles de casos aislados. Y la única forma de que esto cambie es cambiando el modelo policial. 

¿Qué problemas tiene nuestro modelo policial? 

No ha cambiado desde los años 80. Ahora mismo, las comisarías españolas son iguales que las de 1986, salvo por los ordenadores. Sin embargo, la delincuencia ha cambiado muchísimo. ¿Qué pasaba en los 80? Éramos un país que acababa de salir de un régimen autoritario en el que la delincuencia estaba muy controlada. El delincuente más famoso era un tío que robaba gallinas y se le hizo hasta una película. Hablamos de delincuentes que te cogían un coche y hacían varios atracos a bancos. Mataron a algunos policías, que encima estaban mal pagados y que tenían muchísimo valor. Y así, la cosa iba tirando. El objetivo principal de aquel modelo policial era proteger las estructuras de poder. Estábamos en una democracia muy joven y en peligro. En 1981 se había intentado dar un golpe de Estado. Entonces, todo lo policial se dedicó a proteger esta estructura. Pero ya llevamos 40 años de democracia. 

Estamos hablando también de los años del plomo de ETA. 

Sí, pero la idea es la misma. Se trataba de proteger la democracia, la estructura. Proteger a gobiernos, a ministros, documentos, aeropuertos… el modelo se dedica hoy a lo mismo. Pero todo ha cambiado. La policía tiene que proteger a los ciudadanos y dejar de proteger a las estructuras de poder. Le pongo un ejemplo de prototipo de líder policial que protege estructuras de poder: Josep Lluís Trapero. Es el mando policial que es un ejemplo de lo que es proteger una estructura de poder por encima de los ciudadanos. El solo protege un discurso, que es el de quien lo ha puesto ahí a dedo.  

Trapero solo protege un discurso, que es el de quien lo ha puesto ahí a dedo

Samuel Vázquez

La sociedad ha cambiado y con ella han cambiado los delincuentes. Pero los delitos siguen siendo los mismos. A la vez, hay otro tipo de delincuencia como la vinculada a los movimientos migratorios. Le hablo, por ejemplo, de los delitos vinculados al terrorismo islamista. 

Nosotros estamos copiando los mismos errores que han tenido antes otros países europeos. Hay que entender que, cualquier problema social desbordado en el espacio y en el tiempo, pasa a ser un problema de libertad y seguridad para el resto de ciudadanos. Coja usted el problema que quiera. Si usted mete en Cuenca 80 homeless a lo largo del año, no habrá ningún problema en gestionarlo. Pero, si en el mes de agosto, llegan allí 1.500 jóvenes de fiesta, habrá problemas de todo tipo. Por otro lado, mucha de la gente que viene aquí ha visto cosas en sus países que para nosotros no son normales. Para ellos son cosas culturales pero para nosotros no son normales. Entonces, no sabemos gestionar la inmigración ilegal. Lo suyo es que sea legal para saber quién entra y quién sale. Pero aquí sacamos la bandera del Welcome refugees y eso no es más que una invitación directa a llenar el Mediterráneo de cadáveres. Cuantas más banderas de esas colguemos, más cadáveres habrá en el mar. Los que tengan la suerte de llegar a Europa, además, acabarán convertidos en esclavos modernos, metidos en edificios construidos al efecto, en los invernaderos… Les hemos dado una esperanza que no existe, les hemos engañado. Y, encima, los que han producido todo eso son los que sacan la cabeza y dicen que ellos van a luchar por ellos. 

¿Es positiva o negativa la inmigración para un país? 

Es muy buena siempre y cuando sea legal. Tiene que ser la que necesitas y parecida culturalmente. Lamentablemente, no es lo mismo que vengan 1.000 venezolanos, que compartimos cultura, lengua o formas de ser, que recibir a 1.000 argelinos o subsaharianos, que tienen otras formas de enfrentarse a la vida o de planear la sociedad. Vienen de países que están en conflicto permanente. Si de esos 1.000, 10 han estado en grupos armados o terroristas, tienes un problema. No sabemos gestionar la inmigración y estamos cometiendo los mismos errores que cometieron antes Francia, Italia, Suecia o Bélgica. Aquí pasará lo mismo que en París en breve.  

La inmigración es buena siempre y cuando sea legal. Tiene que ser la que necesitas y parecida culturalmente. No es lo mismo que vengan 1.000 venezolanos que 1.000 argelinos

Samuel Vázquez

¿Cómo solucionan esto otros países? 

Está el modelo de Australia, con su política del No Way. Suena muy duro. Es mejor y da más votos decir Welcome refugees. Pero la realidad es que Australia es un país rico rodeado de islas pobres. La gente se lanzaba al mar para llegar allí pero se decidió no dejarles entrar. Si no te van a dejar entrar, ¿para qué te vas a jugar la vida lanzándote al mar? Nosotros hemos enviado una propuesta al Congreso de los Diputados para externalizar los puertos en el norte de África. Han de ser esos países los que se hagan cargo. Al fin y al cabo, nos estamos gastando una millonada. Pues, oiga, gastémosla allí para que todo el mundo sea repatriado sin llegar a tocar suelo español. Se puede hacer con muchas más garantías, con mucho más conocimiento y con más facilidad.  

Se producen fenómenos realmente absurdos como que Europa se haga cargo de los refugiados afganos y no EEUU, que es el país que ha estado allí 20 años guerreando. 

A ver, lo de Afganistán es uno de los mayores ridículos de Occidente en los últimos tiempos. Creo que Donald Trump jamás hubiera salido así de allí. Y ahora estamos como siempre, tratando a los afganos, seres humanos, como si fueran cromos y repartiéndonoslos. Queda muy progre hacer esto pero la realidad es que, una vez que estén aquí, nadie sabe qué hacer con ellos. Lo lógico sería que se quedaran en los países que rodean a Afganistán, que son parecidos. Es verdad que, después de 20 años, España había trabajado con mucha gente de allí y había que sacarlos después del regreso de los talibanes. Y es una alegría enorme haberlos sacado de allí. 

España había trabajado con mucha gente en Afganistán y había que sacarlos después del regreso de los talibanes. Es una alegría haberlos sacado de allí

Samuel Vázquez

A los occidentales nos han educado en el buenismo pero no somos capaces de reaccionar frente a estas oleadas de inmigración porque nos sentimos culpables. 

Sí, esto es algo que ha sucedido en todo Occidente durante años. Al final, el problema se aborda siempre desde el discurso sentimental. Tú haces unas políticas que llenan el Mediterráneo de cadáveres y, después, utilizas esos muertos para tu beneficio político. Recuerde la foto de aquel niño sirio en la playa ahogado. Criticaban a los que rechazábamos la inmigración ilegal. Pero es que éramos nosotros los que no queríamos que aquello sucediera. Hay un problema que es el sentimiento. Si no lo utilizas, te llaman racista o xenófobo. Pero estas cuestiones hay que mirarlas desde muchos puntos de vista. Tienes el factor cultural. Muchos de estos inmigrantes tienen grandes dificultades para integrarse en la sociedad a la que llegan si lo hacen en grandes oleadas. Sin embargo, cuando esto se hace poco a poco, la integración la realizan de forma efectiva. Pero, cuando llegan en masa, acabas creando guetos o zonas no go. Esto destruye a una ciudad en muy poco tiempo porque, incluso, aquel ciudadano de segunda o tercera generación que ya estaba plenamente integrado, que iba a clase como uno más, de repente ve su barrio transformado en un gueto. Las calles por las que pasa están llenas de grupitos que le dicen que nada de salir fuera, que ha de quedarse ahí. Los guetos tienen un poder de atracción enorme. El arraigo y la cultura son muy importantes a la hora de ordenar la inmigración. Si no hay arraigo y traes a muchas personas a la vez, hay problemas. 

¿Cuál es la zona de España que está en mayor riesgo ahora mismo? 

Le diría que Barcelona, que ya tiene guetos. Y Valencia, en un par de años, se parecerá mucho a Barcelona. Le seguirá Madrid. Pero esto es consecuencia de lo que le decía al principio, es un problema por el modelo policial que tenemos. Y esto no lo quieren escuchar los políticos. En el Congreso no les gustó que les dijera esto y me contestaron que España es el país más seguro de Europa. Esto fue en 2018 y mire cómo estamos. Necesitamos gente valiente, que estén dispuestos a transformar el modelo. Si no, las ciudades irán cayendo como ha pasado en Francia. En algunas, como es el caso de Barcelona, con una alcaldesa como Ada Colau, el proceso se acelerará y será más fuerte. Pero, si no cambiamos la política criminal, las grandes ciudades de España serán como París o Bruselas. 

Barcelona ya tiene guetos. Y Valencia, en un par de años, se parecerá mucho. Les seguirá Madrid. Es consecuencia del problema del modelo policial

Samuel Vázquez

¿En qué consiste el cambio que ustedes defienden? 

En primer lugar, hay que eliminar la perspectiva política e implementar la profesional. Para eso, es necesario cambiar los procesos de liderazgo. Ahora mismo, los mandos están elegidos por el poder político y la inmensa mayoría de ellos ni se ha subido en un coche policial. Todo consiste en absorber y repetir, que, trasladado a la vida policial, es escuchar y obedecer. Nosotros necesitamos cambiar estos procesos para que los mandos policiales sean operativos y que el modelo proteja al ciudadano. Necesitamos mandos que tienen que saber qué pasa en la calle. Hay que dejar también de centrar todo en la estadística porque eso solo le sirve al político para enfrentarse a la prensa. Pero es un gran hándicap porque prioriza la criminalidad cuantitativa sobre la cualitativa. Cuando pones el foco en la cuantitativa, permites al político hacer un discurso muy bueno porque puede decir que los delitos han descendido. Pero la realidad delincuencial que impacta al ciudadano medio, al que no vive en un chalet protegido por cámaras de seguridad y guardias civiles, es la cualitativa. Es una criminalidad a la que hay que dedicar mucho tiempo y que no le da a los políticos los resultados que quieren vender. Pero son los resultados que de verdad le importan al ciudadano. Se trata de evitar guetos, zonas no go, células terroristas, grupos organizados… Son cosas que tienen que ver con lo que nosotros llamamos nueva realidad delincuencial y a la que no nos sabemos enfrentar. Nuestro modelo dedica más recursos a intentar convencer al ciudadano de que está seguro que a la seguridad real. La propaganda y las estadísticas tienen el fin de convencer al ciudadano de que está seguro, aunque todo a su alrededor se esté derrumbando. Esto tiene que cambiar. También es necesario acabar con la atomización de los cuerpos policiales, que se da ya en muy pocos países. La delincuencia es global y nosotros, en vez de adaptarnos a esto, nos atomizamos cada vez más. Se crean nuevas policías con más competencias, a veces compartidas. Esto es un modelo fracasado.  

Pero usted quiere cambiar el sistema de arriba abajo. 

Sí, claro, es lo que tenemos que hacer. Parece complicado pero no lo es. Nosotros ahora mismo estamos en el proceso inverso al que han tenido las policías norteamericanas. Aunque ahora están teniendo una regresión pero, en las últimas dos décadas, cambiaron radicalmente. Nueva York en una década logró, por ejemplo, bajar en un 80% las agresiones sexuales. Y ese modelo que se implantó en Nueva York pasó después a otras grandes ciudades. Recuerde que, en los 70 y los 80, Nueva York era una ciudad muy insegura. En aquellos mismos años, las grandes ciudades europeas no se parecían en nada a las norteamericanas. Pero, 20 años después, resulta que estamos convirtiendo París, Bruselas o Londres en el Nueva York de los 80. Y cuando aquí explicas las bases del cambio de modelo norteamericano, te dicen que esto no es EEUU. No entienden que la de policía es una profesión universal. Da igual ser policía en Boston que en Madrid. Es una profesión especializada y empírica. Por eso hay que cambiar todo el modelo.  

Cuando aquí explicas las bases del cambio de modelo norteamericano, te dicen que esto no es EEUU. No entienden que la de policía es una profesión universal

Samuel Vázquez

La verdad es que lo que usted propone parece imposible en un país como el nuestro, en el que todo lo relacionado con los cuerpos y fuerzas de seguridad es rápidamente calificado de «facha».  

Claro. Pero, mire, yo soy un liberal y no creo en los partidos. Creo en las personas. Y por eso le digo que necesitamos a una persona valiente. Yo he estado varias veces en el Congreso y he hablado con todos los partidos, incluido Unidas Podemos. Y, en todos los casos, he salido de las reuniones con la misma sensación de decepción y de que no va a cambiar nada gobierne quien gobierne. Esta sensación solo ha cambiado cuando conocí a Macarena Olona (Vox). Es una persona que se ha interesado mucho por nuestra propuesta y entiende perfectamente muchos conceptos que el resto de políticos no entiende. Son conceptos muy técnicos y profesionales y ella pregunta y pregunta para conocer lo que queremos hacer. Es abogada del Estado, ha luchado en temas del País Vasco, se ha enfrentado a la corrupción de todos los partidos… Es una persona que entiende lo que es enfrentarse al poder y ya le digo que está muy interesada y maneja conceptos policiales nuevos que no maneja ningún otro político en el Congreso. Ahora mismo, es la única persona que yo creo que tiene la valentía suficiente como para decir que esto hay que transformarlo entero porque, si no, vamos a sucumbir.  

Hombre, tanto como sucumbir… 

Mire, a finales de los años 90, cuando yo hablaba con mandos policiales franceses, te decían que todo iba bien. Luego hablaba con los policías operativos, los que están en la calle, y ya te decían que se les iba de la manos y que estaban avisando a los políticos y nadie les hacía caso. Les cerraban el micro como me hicieron a mí en el Congreso. Y los mandos policiales tampoco les hacían caso. Ahora mire cómo está París o Marsella o Lyon. Yo, al menos, lo estoy intentando. Si alguien nos escucha, como es el caso de Macarena Olona, intentaremos por ahí lograr el cambio.  

Hay que decirle las cosas a la cara a los políticos. ¿Se ríen de ti? Pues volver. Has de volver las veces que haga falta hasta que lo entiendan

Samuel Vázquez

¿Pero ustedes son de Vox? 

Es que no se trata de eso. Yo soy un sindicalista y todo esto está muy limitado. Insisto, el cambio de modelo solo va a venir desde la política. Y es ahí a donde hay que ir las veces que haga falta, aunque te cierren el micrófono. Hay que decirle las cosas a la cara a los políticos. ¿Se ríen de ti? Pues volver. Has de volver todas las veces que haga falta hasta que lo entiendan.  

¿Qué opina de la violencia con la que se han manifestado los separatistas en Cataluña? 

Son disidencia controlada. Es una parte manipulable de cada generación. El poder les utiliza en la calle como ariete para hacer ver que hay una disidencia pero, en realidad, la manejan ellos. En Cataluña hay una disidencia como la de los chicos de S’ha Acabat, que es real. Y luego está la que permite el poder, que es la de los CDR. Esta es la de los descerebrados, que rompen papeleras, lanzan cócteles molotov y se enfrentan cuerpo a cuerpo con la Policía. Son gente de clase media todos, la policía y los manifestantes. Es una lucha entre iguales que controla el poder. Y con eso tienen a todo el mundo distraído mientras ellos siguen en sus poltronas sin que nada cambie. Recuerde el 15-M. Eran los que lo iban a cambiar todo en España. Hoy están en el Gobierno y en la Comunidad de Madrid los mismos que estaban entonces. Al final, se produjeron movimientos disidentes que, en realidad y como sucede en Cataluña, estaban financiados desde el poder con el único objetivo de que no cambie nada. No ha cambiado absolutamente nada. Los que se prestaron a ser los arietes de esa disidencia controlada ahora son ricos, eso sí. Viven en mansiones, se les ha pagado bien, tienen servicio en casa, escoltas… Pablo Iglesias no es una antisistema. Es un producto puro del sistema y por eso el sistema puso todo a su servicio. Ahora que ya no le sirve, le ha pegado la patada. 

En Cataluña hay una disidencia real, como la de los chicos de S’ha Acabat, y luego está la que permite el poder, que es la de los CDR

Samuel Vázquez

A mí siempre me ha llamado la atención en Cataluña cómo el sistema anima a los CDR y a estos grupos a manifestarse y, a la vez, envía a los Mossos a reprimirles. No tiene mucho sentido. 

Bueno, los Mossos van con el freno echado. Ellos les pueden tirar de todo pero tú no puedes tirarles una pelota de goma por si les revientas un ojo. Esto tiene poco coste para el poder. El poder les manda a unos policías y le da igual las consecuencias. Pero es un enfrentamiento entre iguales que entretiene al poder. Los que protestan creen que son disidencia pero en Cataluña tampoco ha cambiado nada. Eso sí, cuando surge un grupo que no sale del poder, como S’ha Acabat, entonces se les persigue de todas las formas posibles. Mire, para tener el poder absoluto en el siglo XXI solo hace falta controlar al contrapoder. Si logras hacer eso, estás muy cerca del poder absoluto. Si tú creas la disidencia, la financias, le das los espacios culturales y, además, le escribes el discurso, entonces estás muy cerca del poder absoluto. Lo que cantan los CDR en la calle es lo mismo que cantan los políticos que están el mando. Las manifestaciones, desde la primera que se hizo contra Ramsés III, siempre han sido contra el poder. Ahora resulta que estamos viendo manifestaciones feministas en las que la cabecera está llena de ministras. Y, en Barcelona, los que queman contenedores y tiran piedras a la Policía gritan lo mismo que el presidente Carles Puigdemont. El poder tiene al contrapoder en sus manos. 

¿Qué análisis hace usted del famoso supuesto ataque homófobo de Malasaña que resultó ser un invento de la también supuesta víctima? 

Utilización política sin más. Estamos en un país donde cada dos por tres estamos viendo manadas, agresiones sexuales, y ahora nos vamos a centrar en un tipo de delitos que en España son absolutamente residuales. Y en Madrid más aún. Los delitos de odio no han subido nada. Ha habido delitos que se han multiplicado por 10 y de esos no se habla. Las denuncias por delitos de odio, unas 1.400 al año, ya hemos visto que no son todas verdaderas. Y la mitad de estas denuncias se producen en cuatro puntos: Cataluña, Navarra, País Vasco y Melilla. Sin embargo, todos miran hacia Madrid, que es la capital más tolerante de Occidente. Esto es la utilización política de un problema que creas tú y tienes los medios para difundir los mensajes de forma masiva para asustar a la población. Hay que recordar que hablamos de una emoción. La sensación subjetiva del miedo acaba penetrando pero no está basada en la realidad. Crean un problema y luego viene detrás todo lo demás. Y la realidad es que no solucionan el problema. Ahí está la Ley de Violencia de Género. Sigue muriendo el mismo número de mujeres, pero ha servido para hacer política, crear organismos, colocar a amigos y dar subvenciones. No sirve para mucho más.  

Estamos en un país donde cada dos por tres estamos viendo manadas, agresiones sexuales… y ahora nos vamos a centrar en unos delitos de odio que son absolutamente residuales

Samuel Vázquez

En el caso de la violencia de género, quienes menos ayuda reciben son las víctimas. 

Es que no está montada para ayudar a las víctimas. Si se quisiera ayudar a estas mujeres, la ley habría sido adaptada a la sociedad. Pero aquí primero se creó la ideología, se difundió y, cuando el público estaba receptivo, se hizo la ley. Ni siquiera le cambiaron el nombre. Hablaban de violencia de género y la ley se llama así. Está todo pensado en términos políticos. Ahí no hay nada profesional y es lo mismo que sucede con el modelo policial. Al final, lo que menos importa son las víctimas porque lo que importa realmente es proteger un discurso político que te mantenga en el poder. Lo hemos visto con la pandemia. 

¿Qué ha pasado con la pandemia? 

Un profesional no político puso en un informe en enero de 2020 que, a la vista de lo que estaba pasando en Italia, recomendaba a los policías que estaban en los aeropuertos el uso de mascarillas y guantes porque el virus era potencialmente mortal. Le obligaron a quitar las palabras “potencialmente mortal” del informe y luego lo echaron. Había que decir que no pasaba nada porque había que celebrar la manifestación del 8-M. Eso era lo importante. 

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