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ECOS INDEPENDENTISTAS / Lluís Llach en el Sant Jordi

El cantante y escritor Lluís Llach Foto: Europa Press

Al día siguiente, pocas horas después del concierto de Lluís Llach en el Palau Sant Jordi —alrededor de 15.500 entradas vendidas, según los organizadores—, el consejero de Salud, Josep M. Argimon, avisaba que hay que poner freno a todo lo que es multitudinario. A partir de hoy, no de ayer; porque ayer no pasaba nada. La lógica difusa es la que predomina en la gestión de la pandemia.

«Si vamos a un espectáculo deportivo y la mitad no lleva mascarilla tenemos un problema», dice Argimon; pero el concierto del sábado acabó con el público cantando l’Estaca, y aunque la mascarilla era obligatoria, habría que ver cuántos escucharon 22 canciones sin aflojársela y al final exclamaron «Segur que tomba, tomba, tomba, i ens podrem alliberar» con el bozal puesto. Aunque parece que predominó la disciplina —véase este video de Nació Digital—, multitudinario lo fue.

Salvador Sostres, en Abc —La libertad es una gracia—, elogia en gran medida el Llach cantante y denosta el Llach político. Se pregunta «por qué tuvo que dejar de brillar como cantautor para ir a hacer el ridículo en la política», para inmediatamente saltar de la anécdota individual a la categoría colectiva: 

«Es la misma pregunta que podemos hacernos sobre Cataluña. ¿Por qué tuvo que abandonar el pragmatismo en el que sabía cómo desenvolverse y crecer para ir al conflicto abierto, al todo o nada, sabiendo que no estaba dispuesta a pagar el precio de romper España?»

Ésta es la pregunta que intentamos responder desde hace años. Aunque no es sobre Cataluña sino sobre lo que antes se llamaba catalanismo político, o nacionalismo democrático: la fuerza mayoritaria en otros tiempos de talante pactista y vocación centrista, que en la segunda década del siglo apostó al todo o nada por una secesión imposible.

Añade Sostres: «Cataluña sabe hacer muchas cosas catalanas, españolas e internacionales, pero ha quedado acreditado por los siglos que fracasa cuando va a la confrontación abierta con el Estado, y también que es incapaz de articular políticamente el sentimiento nacionalista.»

¡No es esto!

En la crónica de Joan Safont, en Vilaweb —Més que mai hem de dir que no és això—, se puede constatar el doble ejercicio de nostalgia que supuso el concierto: nostalgia del protagonismo lírico de Lluís Llach en los años de la transición, y nostalgia ya de su papel político como diputado durante el período álgido del proceso independentista. 

La canción “Companys, no és això” en 1979 reflejó el desencanto de la generación joven por unos anhelos que estaban lejos de materializarse. Esta vez cobró un nuevo significado, ahora que no pocos miembros de aquella generación, y otros nacidos más tarde, experimentan una decepción comparable. El “No és això” «ha resumido los motivos del retorno de Llach, después de su paso por la política, y ha recordado, en su condición de voz de la conciencia del independentismo, que “más que nunca tenemos que decir que no es esto”».

La letra de “Companys, no és això” —de la que nunca se ha destacado la coincidencia con el “¡No es esto, no es esto!” de Ortega y Gasset ante la deriva revolucionaria del régimen de la II República— dice:  «No es esto, compañeros, no es esto / Nos dirán que ahora hay que esperar / Y esperamos, seguro que esperamos / Es la espera de los que no nos detendremos / Hasta que no haya que decir: no es esto». Es la espera para «volverlo a hacer», como dicen ahora; es el «volveremos a sufrir, volveremos a luchar, volveremos a ganar», que decía Companys en marzo de 1936, recién salido de la cárcel; es el eterno retorno de un espíritu de rebeldía, capaz de echar por la borda la estabilidad política y el bienestar económico del país, pero insuficiente para romper por la fuerza el sistema establecido.

El debate constitucional

Mientras tanto, el eterno juego de rol del independentismo prosigue mediante diversos tinglados, más o menos confluyentes o armonizados, en los que los fieles pueden sentirse creadores de un régimen alternativo y protagonistas de la historia. Está en primer lugar el Consell per la República, creado por Carles Puigdemont desde el exilio. Menos conocido es el Debat Constituent, sociedad creada por Quim Torra que se define como «un proceso participativo transversal, inclusivo y plural para establecer las bases constitucionales para el futuro político de Cataluña», más o menos un debate sobre recetas para cocinar el oso antes de haberlo cazado. En él figuran eminentes constitucionalistas como Antonio Baños, Albano Dante Fachin, Àngels Martínez Castells, Gabriela Serra o Bea Talegón, y Lluís Llach en posición presidencial. El concierto del sábado pasado era para recaudar fondos para el Debat Constituent, aunque buena parte del público debió acudir, sobre todo, al reclamo artístico.

Entre los temas a debate que ofrece a la consideración del público —previa afiliación—, se encuentran cuestiones candentes y apasionantes como por ejemplo: 

«¿Cree que la Constitución debería prever su obligada revisión o ratificación periódica?» 

«¿Cree que la Constitución debería estipular previsiones explícitas para reconocer a los países y territorios de ámbito nacional catalán su derecho de adhesión a la República de forma unitaria, federal o confederal, una vez estos hayan ejercido su derecho de autodeterminación?» Deben pensar que habrá cola para formar parte de la nueva república.

«¿Cómo cree que la Constitución debería prever el ejercicio del derecho de las personas a elegir su identidad sexual y a elegir y cambiar de nombre e identidad sexual en el Registro Civil y en el Documento de identidad?»

«¿Cree que la Constitución debería garantizar el derecho de cualquier ciudadano o ciudadana, titular del derecho de sufragio pasivo, a presentarse individualmente a cualesquiera elecciones y, en igualdad de condiciones, disfrutar del derecho a ser financiado por la administración y ser escuchado en los medios como cualquier otra candidatura?» Y un coche oficial, ya puestos.

«¿Cree que la Constitución debería limitar de una manera u otra una elevada concentración de propiedades en una persona natural o jurídica no pública?» 

«¿Cree que la ciudadanía, mediante la recogida de firmas de un dos por ciento (2%) del censo electoral, debería poder convocar referéndums para proponer, modificar o derogar cualquier ley?» ¿Qué? ¿Derogar una ley sólo con el 2%?

«¿Cree que deben prohibirse las centrales nucleares y sustituirlas por otras fuentes de generación de energía?»

Hay muchas más preguntas de este calibre, pero ya se ve por dónde van los tiros.

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