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ANÁLISIS / Pandemia, recuperación económica e inflación en la Eurozona

La actual crisis política y económica debería servir para repensar el proyecto europeo y dotarlo de contenido sustantivo

Sede de la Unión Europea.

En el artículo de la semana pasada en elliberal.cat analicé los efectos de la pandemia sobre la tasa de inflación en Estados Unidos y esta semana corresponde el turno a las tensiones inflacionistas en la Eurozona, la tercera región económica del Planeta en población (tras China e India) y la tercera por el valor del PIB (tras China y Estados Unidos). La principal preocupación del fuerte repunte de los precios en Estados Unidos y la Eurozona (EA-19) es que ello ha puesto sobre la mesa del Consejo de la Reserva Federal la conveniencia de revisar el calendario de subidas de tipos de interés y retirada de estímulos extraordinarios (programas de compras de activos) que el banco central estadounidense implementó para evitar que la Recesión Epidémica pudiera desestabilizar los mercados financieros y prolongar el episodio recesivo. 

Como vimos hace un par de semanas, la Eurozona (EA-19) registró en 2020 una caída del PIB de 6,4%, casi duplicando la caída de 3,5% en Estados Unidos, y perdió considerablemente terreno con China que, pese a ser el país donde se inició la epidemia, salvó el año con un aumento del PIB de 2,24%. En 2021, los crecimientos del PIB fueron 8,1% para China, de nuevo a la cabeza y destacadas, 5,7% para Estados Unidos y 5,9% para la Eurozona.  Con esas tasas de crecimiento, Estados Unidos cerró en 2021 la brecha abierta el año anterior e incluso acabó el año con un PIB 2,07% superior al de 2019, mientras que la recuperación en la Eurozona resultó insuficiente para compensar la caída de 6,54% en 2020. China con un crecimiento notablemente superior en 2020 y 2021 continuó poniendo tierra de por medio con ambas.

Hay razones para pensárselo dos veces porque las tensiones inflacionistas no se han producido por la falta de capacidad de las empresas y escasez de mano de obra para satisfacer la creciente demanda

Pese a que la recuperación en la EA-19 tan sólo ha permitido alcanzar en el cuarto trimestre de 2021 el nivel del PIB del cuarto trimestre de 2019, las tensiones inflacionistas se han dejado notar también con bastante fuerza en 2021. No cabe duda de que los bancos centrales disponen de instrumentos suficientes para frenar la demanda de las familias y las empresas, y crear la holgura suficiente en los mercados de bienes, servicios y trabajo para moderar el ritmo de aumento de precios y salarios. Sin embargo, hay razones para pensárselo dos veces porque las tensiones inflacionistas no se han producido por la falta de capacidad de las empresas y escasez de mano de obra para satisfacer la creciente demanda, sino por las disrupciones en la producción y los cuellos de botella ocasionados por la pandemia y la política energética de la UE.

Y si la causa de la subida de los precios en 2021 son rigideces y disrupciones de oferta, lo que se precisa son políticas de salud pública coordinadas y más eficaces para controlar la pandemia y evitar las disrupciones causadas por ella, y políticas industriales e iniciativas diplomáticas focalizadas en garantizar los suministros y eliminar los cuellos de botella, evitando en lo posible la dependencia de suministros desde el lejano Oriente cuya producción y transporte genera, además, emisiones de gases y contaminación de los océanos. Si de veras están las instituciones de la UE interesadas en aumentar la resiliencia ante futuras amenazas, deberían empezar a sacar consecuencias de lo ocurrido y diseñar políticas de salud pública más eficaces y políticas industriales orientadas a garantizar el autoabastecimiento ante emergencias similares futuras. 

El objetivo de la iniciativa es duplicar la participación de la UE en la producción mundial hasta alcanzar el 20% en 2030

Desde esta perspectiva, hay que congratularse de la reciente iniciativa adoptada por la Comisión Europea el 8 de febrero de 2022 que pretende poner en marcha “un conjunto integral de medidas para asegurar la oferta, resiliencia y el liderazgo tecnológico en la tecnología de semiconductores y sus aplicaciones” (Ley de Chips Europea) que, todo sea dicho, se pone sobre la mesa tras constatar que “la reciente escasez global de semiconductores obligó a cerrar plantas en un amplio abanico de sectores desde automóviles a instrumentos sanitarios. En el sector de automóviles, por ejemplo, la producción de algunos Estados Miembros se redujo un tercio en 2021”.  El objetivo de la iniciativa es duplicar la participación de la UE en la producción mundial hasta alcanzar 20% en 2030. Es tan sólo un primer paso en la buena dirección al que deberían seguir sin dilación muchos más. 

El Gráfico 1 muestra las tasas de variación interanual del índice de precios de consumo en la UE-27 (línea verde), la EA-19 (línea azul) y España. Como puede observarse, el crecimiento de los precios al consumo se mantuvo en 2019 y 2020 por debajo de 2%, el objetivo de inflación del BCE, e incluso resultó se registraron caídas en la EA-19 durante algunos meses del segundo semestre de 2020. El repunte del aumento de precios se inició a comienzos de 2021 y fue elevándose mes a mes hasta terminar 2021 con tasas que a finales de año y comienzos de 2022duplicaban holgadamente el objetivo de inflación del BCE. Que la tasa de crecimiento de los precios cuando se excluyen los precios de los alimentos, bienes energéticos y alcohol y tabaco (inflación central o subyacente) se sitúa en 2,3% en enero de 2022, no muy alejada del objetivo inflacionista del BCE, no constituye un consuelo, porque las subidas de los precios de los bienes excluidos no parecen ser transitorias. 

Gráfico 1. Variación interanual del IPC en la EU-27 y la EA-19 2019-2022

Fuente: elaboración propia con datos de Eurostat.

Como puede comprobarse en el Gráfico 2, el principal impulsor de la inflación en el caso de la EA-19, ha sido el espectacular aumento que han registrado los precios de los bienes energéticos cuya tasa de variación interanual se ha situado muy cerca de 30% a finales de 2021 y a comienzos de 2022. Si bien este indicador podría dar pie a afrontar las tensiones inflacionistas con mayor tranquilidad, insisto en que esa subida de los precios de los productos energéticos no parece ser transitoria y que el precio de la energía afecta a los costes de producción de bienes y servicios, especialmente en los sectores más intensivos en energía, ni que las subidas del IPC acaban impulsando subidas salariales. El resultado de ambos efectos son aumentos en los costes intermedios y laborales y, a la postre en los precios de producción de bienes industriales (PPI). 

Gráfico 2. Variación interanual del IPC y algunos componentes en la EA-19 2012-2022

Nota: IPC, Alimentos, alcohol y tabaco, Energía, Bienes industriales no energéticos y Servicios.

Fuente: Eurostat.

El Gráfico 3 muestra precisamente la evolución del índice de PPI en la EA-19 para el conjunto de la industria y varios subsectores en la última década. De nuevo, el hecho más destacado vuelve a ser el espectacular aumento registrado por el índice de los precios de la energía (línea azul clara) y los bienes intermedios (línea roja) que son los principales responsables del aumento del índice general (línea azul oscura). El hecho de que los bienes de capital y consumo duradero hayan sido los subsectores que han registrado menores aumentos apunta a que no ha sido un aumento repentino de la demanda de consumo e inversión lo que está detrás del alza de los precios de producción en la EA-19. 

Gráfico 3. Variación interanual del PPI y algunos componentes en la EA-19 2012-2022

Nota: IPP total, Bienes intermedios, Energía, Bienes capital, Bienes consumo duradero y Bienes consumo no duradero.

Fuente: Eurostat.

Las tasas de crecimiento interanuales (diciembre 2021-diciemebre de 2020) correspondientes a los subsectores incluidos en el Gráfico 3 en la EA-19 fueron las siguientes: 20,87% Industria, 18,86% bienes intermedios, 74,80% Energía, 4,1% Bienes de capital, 5,20% para los bienes de consumo duradero y 4,67% para los bienes de consumo no duradero. La tasa media de variación para los doce meses en 2021 para el sector industrial fue algo menos elevada, 9,7% (9,8% en la UE-27), si bien en nueve economías superó 13%, con Bélgica (17,3%), Holanda (16,7%), Bulgaria (15,3%), Rumanía (15,0%) y España (14,9%) ocupando la cabeza del pelotón. 

La subida de los precios de la energía desempeñó un papel protagonista en la subida de los precios de producción en 2021

Como el Gráfico 3 sugiere, la subida de los precios de la energía desempeñó un papel protagonista en la subida de los precios de producción en 2021, y resulta evidente que para controlar la inflación de precios la EA-19 no va a bastar con implementar una política monetaria restrictiva que asfixie la recuperación económica, sino iniciativas diplomáticas e inversiones dirigidas a asegurar los suministros de bienes energéticos y a reducir el coste de generación de energía eléctrica. En mi artículo “¿Por qué ha subido tanto el precio de la electricidad?” analicé el importante papel que desempeñaron las fuertes subidas de los precios de los derechos de emisión de gases y del gas natural en el aumento de los precios de la electricidad en 2021. Sobre las primeras, la Comisión y el resto de las instituciones europeas tienen mucho que decir. Y todavía no han dicho nada a pesar de que las subidas del precio de la energía ponen en peligro la supervivencia de las industrias intensivas en energía y la estabilidad de los precios de producción y consumo en la Eurozona.

El comunicado emitido por el Consejo del Gobierno del BCE de 3 de febrero rebosa de momento prudencia. Se mantienen inalterados los principales tipos de interés, con el tipo de las principales operaciones de financiación en 0%, aunque se confirma que se discontinuará el Programa de Compras (netas) por Emergencia Pandémica (PEPP) al finalizar marzo. Sin embargo, se continuará reinvirtiendo con flexibilidad hasta al menos finales de 2024 los ingresos por vencimientos de la cartera acumulada desde el inicio del PEPP, sin perjuicio de “evitar interferencias con la política monetaria apropiada”. Por otra parte, el Programa de compras de activos (APP) continuará realizando compras netas por importe de 40.000 millones de euros mensuales en el segundo trimestre de 2022, 30.000 millones en el tercer trimestre y 20.000 millones en el cuarto trimestre, compras que el BCE dejará de efectuar poco antes de que suba el tipo de interés básico. A partir de ese momento, la institución reinvertirá la totalidad de los rendimientos obtenidos de la cartera durante un horizonte que puede extenderse bastante más allá del momento en que se produzca la subida del tipo de interés básico.

Las tensiones inflacionistas en la EA-19 no responden a una robusta recuperación de la demanda sino a disrupciones en la producción, cuellos de botella en los suministros y subidas de precios

Todo indica que el Consejo del BCE, pese al claro desbordamiento del objetivo de inflación en 2021 y comienzos de 2022, ha optado por mantener los tipos y eliminar progresivamente las compras de activos para no aumentar la ya elevada incertidumbre existente, en tanto no pueda considerarse controlada la pandemia y se rebajen las tensiones político-militares en Ucrania que están propiciando nuevas subidas de los precios del petróleo y el gas natural. Quizá también porque los miembros del Consejo son conscientes de que las tensiones inflacionistas en la EA-19 no responden a una robusta recuperación de la demanda, sino en gran medida a disrupciones en la producción, cuellos de botella en los suministros y subidas de los precios de los productos energéticos que requieren otro tipo de medidas más específicas. 

Los autores de un reciente estudio (“Supply bottlenecks: where, why, how much and what next?”) publicado por el Fondo Monetario Internacional (IMF) sobre este asunto, estiman que las interrupciones en la producción y los cuellos de botella han ralentizado el crecimiento de la oferta de bienes en todas las economías avanzadas y son responsables de la ralentización de la recuperación económica y las alzas de precios de bienes en 2021. A las rigideces habituales impuestas por los límites de capacidad productiva, hay que sumar las disrupciones en la producción ocasionadas por la pandemia: cierres de empresas y bajas laborales por enfermedad; reducción de la oferta de trabajo para atender a personas infectadas; interrupción de las cadenas de suministros y aumento en los tiempos de entrega de bienes intermedios; subidas de fletes, etc. Los resultados del estudio estiman que las perturbaciones de oferta han reducido la producción de bienes industriales 6% en la EA-19 y 4% en Estados Unidos hasta septiembre de 2021. En cuanto al efecto sobre los aumentos de los precios bienes industriales (excluida la energía), el estudio estima que las perturbaciones de oferta explican aproximadamente 50% de la inflación en los PPI en la EA-19 se explica y en torno a 45% en Estados Unidos.

Resultaría deseable a corto plazo que las instituciones europeas redujeran el precio de los derechos de emisión de gases que son, en parte, responsables de las fuertes subidas de la electricidad

Los elevados aumentos de los precios industriales en las principales economías de la EA-19 en 2021 y las poco halagüeñas perspectivas sobre la evolución de los precios de la energía en 2022  ponen de manifiesto la vulnerabilidad de la Eurozona ante disrupciones en la producción como las ocasionadas por la pandemia y la reducción de suministros de gas natural que han disparado los precios de la energía. Resultaría deseable a corto plazo que las instituciones europeas redujeran el precio de los derechos de emisión de gases que, son en parte, responsables de las fuertes subidas del precio de generación de la electricidad en 2021. Está en su mano hacerlo y los perjuicios causados a las familias y empresas han sido ya enormes y podrían incluso agravarse en el futuro y propiciar la deslocalización de empresas intensivas en energía.

Los ambiciosos objetivos de reducción unilateral de emisiones de gases fijados por la UE para 2030 y 2050 pueden hacer un gran daño a las economías de la Eurozona, si el plan de acelerar la implementación del Pacto Verde Europeo (PVE), en el que la Comisión Europea tiene puestas sus esperanzas para afrontar la crisis energética, no va acompañado de iniciativas en materia de salud pública que reduzcan las disrupciones de la producción ocasionadas por la pandemia, acciones diplomáticas para asegurar el suministro de petróleo y gas natural en el medio plazo, y ambiciosos proyectos de inversión para generar electricidad a precios compatibles con la estabilidad de precios.

El programa razonable de actuaciones que acabo de esbozar para evitar la estanflación en la UE y en la Eurozona se ha venido abajo en unas horas tras la agresión de Putin contra Ucrania

El programa razonable de actuaciones que acabo de esbozar para evitar la estanflación en la UE y en la Eurozona se ha venido abajo en unas horas tras la agresión imperialista perpetrada por el gobierno de Putin contra Ucrania, devolviéndonos a la cruda realidad geopolítica, completamente ajena a los planes buenistas de la UE, más propios de una ONG de altos vuelos y presupuesto que de una confederación de Estados dispuesta a jugar un papel propio en el concierto mundial y a defender sus intereses estratégicos.

Ojalá la actual crisis política y económica nos ayude a repensar el proyecto europeo para dotarlo de contenido sustantivo que vaya mucho más allá de la ingenua retórica del PVE para transformar a la UE “en una economía moderna, eficiente en el uso de los recursos y competitiva” que “reduzca la dependencia del gas y produzca energía a bajos precios”. La competitividad, la eficiencia y los bajos precios de la energía brillan por su ausencia de momento, y la crisis de Ucrania ha vuelto a dejar al descubierto la inanidad de las instituciones europeas ante una crisis de envergadura.

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