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ANÁLISIS / Cotizantes, pensionistas y el agujero de la Seguridad Social

El Banco Central Europeo se enfrenta en estos momentos al delicado dilema de reorientar su política monetaria

El Ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá/ Europa Press

En el artículo de la semana pasada mostré la evolución de las cotizaciones sociales y las transferencias (no en especie) de la Seguridad Social (SS) y espero haberles dejado claro a los lectores que a partir de 2010 se produjo un desajuste continuado entre los ingresos y los gastos del sistema de la Seguridad Social. Según la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE), la cuantía del déficit acumulado entre 2010 y 2021, ambos años incluidos, ascendió 157.750 millones y según el Banco de España, la deuda acumulada por el sistema aumentó en 80.0016,03 millones. entre diciembre de 2009 y diciembre de 2021. De ese aumento de la deuda del sistema, 22,14% se produjo durante los años en que Rajoy estuvo al frente del gobierno y 77,86% entre junio de 2018 y diciembre de 2021, ya con Sánchez en La Moncloa.

Que nadie pretenda interesadamente extraer de aquí la conclusión de que el sistema estaba exento de tensiones mientras gobernó Rajoy. La explicación radica en que Rajoy cubrió el déficit sacando del Fondo de Reserva de las pensiones nada menos que 80.049 millones, mientras que Sánchez tan sólo pudo sacar 5.900 millones porque el Fondo estaba ya casi exhausto. En otras palabras, el déficit del sistema ha estado presente con independencia de la ideología del gobierno de turno sólo que Rajoy tuvo la suerte de poder financiar el agujero hasta 2017 echando mano del Fondo acumulado en la primera legislatura de Rodríguez Zapatero, en tanto que Sánchez lo ha financiado y sigue haciéndolo con deuda. Pero el problema de sostenibilidad existía desde 2010 y sigue existiendo pese a la mejoría de la situación económica.

Afiliados, cotización media y recaudación por cotizaciones

Aunque las cuentas de la SS son bastante más complejas, el meollo del asunto reside en la evolución de unas pocas variables. Por una parte, están el número de afiliados, NA, en todos los regímenes y la cotización o aportación media de cada uno de ellos, CSm, al sistema que determinan la evolución de la recaudación total por cotizaciones sociales, RT. Por otra parte, están el número de pensiones y la cuantía de la pensión media que son las variables que determinan la factura de las pensiones. Una vez agotado el Fondo de Pensiones, la sostenibilidad del sistema depende de que los ingresos por cotizaciones permitan financiar los gastos en pensiones contributivas, y el problema del sistema radica en que este deseable equilibrio brilla por su ausencia desde hace aproximadamente 15 años.

Gráfico 1. Número de afiliados anuales 1995-2021

Fuente: elaboración propia con datos MITES y MISSM.

Los Gráficos 1 y 2 muestran la evolución anual de afiliados y la cotización media por afiliado que se ha obtenido dividiendo la recaudación total por cotizaciones sociales (de empleadores, empleados y ficticias) por el número de afiliados. Como puede observarse en el Gráfico 1, la cifra anual de afiliados puede obtenerse por dos vías. La línea morada muestra el número de afiliados obtenido a partir del número medio de afiliados en cada mes que proporciona la base de datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones (MISSM), disponible a partir de 2001. La línea roja presenta la media anual del número de afiliados a último día de mes que proporciona el Ministerio de Trabajo y Economía Social (MITES) y está disponible desde 1982. Para poder examinar lo ocurrido desde 1995, aquí emplearé la serie MITES si bien la proximidad de ambas líneas en el Gráfico 1 indica que resulta indiferente a los efectos de este artículo emplear una u otra serie. 

Sin duda, el hecho más significativo en el Gráfico 1 es el fuerte crecimiento del NA que pasó de 12,3 millones en 1995 a 19,2 millones en 2007 y se mantuvo por encima de 19 millones en 2008. Prácticamente se añadieron al sistema 7 millones de afiliados o 56,27% sobre los afiliados contabilizados en 1995. La Gran Recesión provocó un fuerte desplome del número de afiliados hasta 16,2 millones en 2013, y no fue hasta 2019 cuando volvió a alcanzar niveles similares a los de 2007-2008. A la vista de la evolución del NA, nadie puede extrañarse de las dificultades del sistema para hacer frente a sus obligaciones presupuestarias durante todos esos años en que la afiliación al sistema se mantuvo bien por debajo de las cifras de afiliados 2007-2008.

Gráfico 2. Cotización social media 

Fuente: elaboración propia con datos de IGAE, MITES y MISSM.

Dos son los hechos más resaltables en relación con el Gráfico 2. En primer lugar, la cotización media muestra un aumento igualmente espectacular durante los años de bonanza, pasando de 4.068,70€ en 1995 a 6,818,69€ en 2008, esto es, un aumento de 2.749,99€ o 67,58%. En segundo lugar, la aportación media al sistema casi se estancó entre 2010 y 2016 y sólo comenzó a remontar el vuelo a partir de 2018. Obsérvese que la aportación media continuó aumentando incluso en 2020, durante el primer año de la pandemia. Como difícilmente puede achacarse el aumento en la aportación media registrada en los últimos años a una subida de salarios, este aumento se explica por la mayor presión impositiva sobre el trabajo, circunstancia que no ayuda precisamente a impulsar la contratación de trabajadores ni la competitividad de las empresas. 

La conclusión general que se puede extraer de los Gráficos 1 y 2 es que el aumento de la afiliación y de la aportación media por afiliado fueron espectaculares durante los años de bonanza y posibilitaron a los gobiernos de Aznar y Rodríguez Zapatero no sólo eliminar los déficits que el sistema venía registrando en la década de los 90 sino alcanzar superávits que, como muestra el Gráfico 3, posibilitaron acumular los excedentes obtenidos, principalmente hasta 2008, por las entidades gestoras y servicios comunes y las mutuas colaboradoras en el Fondo de Reserva.  Como puede observarse en el gráfico esas aportaciones fueron nulas en 2009 y meramente simbólicas en 2010. 

Gráfico 3. Aportaciones al Fondo de reserva de las pensiones

(En millones de euros)

Fuente: Fondo de Reserva de la Seguridad Social. Informe a Las Cortes Generales. Evolución, actuaciones en 2020 y situación a 31 de diciembre de 2020, p. 11.

El Cuadro 1 resume la evolución de la afiliación media, la cotización media por afiliado y la recaudación total por cotizaciones sociales entre 1995 y 2018, desglosada en dos subperíodos 1995-2008 y 2008-2021. Obsérvese que el aumento de la recaudación en el período de bonanza 1995-2008 se debió tanto al notable aumento de la afiliación, 54,42%, como de la cotización media por afiliado, 67,59%, en tanto que en el período 2008-2021, que incluye la Gran Recesión (2008-2013), la recuperación económica 82013-2019) y la crisis pandémica (2020-2021), la aportación de la afiliación resultó insignificante, 1,28%, y el crecimiento de la cotización media, 23,44%, explica la casi totalidad del aumento en la recaudación (25,03%).

Cuadro 1. Evolución de Afiliación, Cotización Social media y Recaudación Cotizaciones Sociales

(En porcentaje)

 NACSmRCS
1995-200854,4267,59158,79
2008-20211,2823,4425,03
1995-202156,40106,88223,56

Fuente: elaboración propia con datos de IGAE, MITES y MISSM.

Pensionistas, pensión media y nómina de las pensiones

Los Gráficos 4 y 5 muestran la evolución el número de pensiones (NP) y el importe de la pensión media (IPm), respectivamente. Ambas líneas son ascendentes a lo largo de todo el período, 1995-2021, tanto en los años de bonanza (1995-2008) como durante el resto del período que incluye la Gran Recesión (2008-2013), los años de recuperación (2013-2019) y la crisis pandémica (2019-2021).  

Gráfico 4. Número medio de pensiones 1995-2021

Fuente: elaboración propia con datos obtenidos del MISSM.

Gráfico 5. Importe de la pensión media anual 1995-2021

(En euros)

Fuente: elaboración propia con datos obtenidos del MISSM.

En el período de bonanza, 1995-2008, la nómina de las pensiones aumentaba impulsada por el cada vez mayor número de pensiones a pagar y por el cada vez más elevado importe de la pensión media. Pero el aumento de la factura se compensaba gracias al crecimiento tanto del número de afiliados como de la cotización media aportada por cada uno de ellos (véase, Gráficos 1 y 2 y Cuadro 2). Pero al entrar la economía en recesión a partir del último trimestre de 2008, el mantenimiento del equilibrio presupuestario de la SS se tornó una tarea imposible. Como puede observarse en los Gráficos 4 y 5, el número de pensiones y el importe de la pensión media continuaron su ascenso, bien que a un ritmo algo menor, pero el número de afiliados, como ya hemos visto, descendió entre 2008 y 2013, y la aportación media por afiliado casi se estancó entre 2010 y 2016. 

Aunque con frecuencia se escucha que una imagen vale más que mil palabras, los resultados incluidos en el Cuadro 2 resultan bastante más clarificadores que los Gráficos 4 y 5 y permiten hacer comparaciones directas con los ofrecidos en el Cuadro 1. Entre 1995 y 2008, el aumento de afiliados e importe medio aportado por afiliado hicieron crecer 157,78% la recaudación por CS, en tanto que el aumento del número de pensiones e importe de la pensión media incrementaron la nómina de las pensiones 124,93%. El sistema gozó de holgura y pudo incluso arrojar superávits y hacer aportaciones continuadas al Fondo de Reserva a partir del año 2000. Pero entre 2008 y 2021, el número de pensiones creció 17,16% y el importe de la pensión media lo hizo 45,76%, mientras que el número de afiliados creció tan sólo 1,24% y la aportación media por afiliado lo hizo en 23,44%. Los ingresos del sistema aumentaron 25,73% y la nómina de las pensiones 70,77%, una cifra que casi triplica el crecimiento de la recaudación. Los números no engañan

Cuadro 2. Número de pensiones, importe pensión media e importe total nómina de pensiones 

(En porcentaje)

 NPIPmITN
1995-200820,4686,73124,93
2008-202117,1645,7670,77
1995-202141,13172,17284,11

Fuente: elaboración propia con datos de MISSM.

La principal partida de gasto, las pensiones contributivas, desbordó la capacidad del sistema para financiarla. Una vez casi agotado el Fondo de Reserva de las pensiones, resultaba evidente la necesidad de apuntalar el sistema y el gobierno de Rajoy aprobó en 2018 una reforma para adecuar la revalorización de las pensiones a la evolución de la economía e introducir un factor de sostenibilidad para tener en cuenta el aumento en la longevidad. No sabemos lo que hubiera dado de sí esta reforma, lo que sí sabemos es que la contrarreforma aprobada por Sánchez en 2021 va a disparar la nómina de las pensiones en 2022 y 2023. De momento, las pensiones medias contributivas han aumentado 5,43% en los seis primeros meses del año.

Insostenibilidad a medio plazo

El agujero en el sistema de la SS emergió en 2010, un año y medio después de que concluyera el largo período de expansión vivido entre 1995 y mediados de 2008, y se iniciara la Gran Recesión en el último trimestre de 2008. Pero la nómina de las pensiones siguió creciendo sin tregua, impulsada por el aumento del número de pensiones y el importe de la pensión media, en tanto el número de afiliados disminuía y la cotización media por afiliado se estancaba. Las cuentas de la SS registraron déficits desde 2010 y el déficit acumulado entre 2010 y 2021 alcanzó 157.750 millones según la Intervención General de la Administración del Estado. No todos estos déficits se tradujeron en deuda porque el gobierno de Rajoy echó mano del Fondo de Reserva de las pensiones desde 2012 hasta 2017, ambos años incluidos, hasta dejar prácticamente exhausta la hucha.

Aunque interrumpida por las restricciones a la actividad y la movilidad impuestas por las autoridades para hacer frente a la crisis pandémica, la recuperación económica vivida entre 2013 y 2021 ha permitido recuperar el número de afiliados, y las alzas salariales y la mayor presión impositiva sobre el trabajo han aumentado la cotización media por afiliado. Como contrapunto a esta mejoría de los ingresos del sistema, el número de pensionistas ha seguido creciendo, y el importe de la pensión media desde la llegada de Sánchez a La Moncloa lo ha hecho a tasas muy elevadas, 5,3% en 2019, 3,4% en 2020 y 4,1% en 2021, similares a las registradas durante la presidencia de Rodríguez Zapatero entre 2006 y 2008 en pleno boom económico. Desde 2018, los déficits de la SS se han financiado aumentando la deuda del sistema que ha pasado, según el Banco de España, de 27.393,064 millones en diciembre de 2017 a 97.184,879 millones en diciembre de 2021.

Como concluía en mi artículo de la semana pasada, “Pensiones y populismo democrático”, el agujero de la SS no se ha cerrado, y hoy me atrevo a añadir que no tiene ningún viso de cerrarse en los próximos años, a menos que la economía española viva un nuevo período de expansión similar al registrado entre 1995 y 2008. Por mera prudencia, decía, el gobierno debería mostrarse más cauto en sus políticas de gasto social y aguardar a ver cómo finaliza la temporada estival y qué ocurre cuando nos adentremos en la ‘normalidad’ otoñal. Por mucho que Calviño, vicepresidenta económica del gobierno, nos asegure que “España sigue manteniendo un crecimiento fuerte”, la realidad es que el escenario económico y político presenta una enorme incertidumbre que no invita precisamente a ser optimista sobre la evolución de la economía mundial, ni por supuesto de la economía española y de nuestro mercado laboral en los próximos trimestres.

Se han desatado tensiones políticas entre bloques casi olvidadas en las últimas décadas y estamos inmersos en una crisis energética muy seria, agravada en el caso de España por las incongruentes decisiones políticas del gobierno de Sánchez que han puesto en peligro el suministro de gas natural procedente de Argelia, nuestro principal proveedor hasta octubre de 2021. Para el conjunto de la UE, no pueden descartarse en los próximos meses interrupciones en los suministros de bienes indispensables, como el gas ruso, que podrían abocar a las principales economías de la UE a entrar en recesión y desencadenar tensiones sociales con consecuencias imprevisibles. Además, las tasas de inflación continúan desbocadas y el Banco Central Europeo, como la mayoría de los bancos centrales, se enfrenta al delicado dilema de reorientar su política monetaria para frenar las subidas de los precios sin desestabilizar los mercados financieros ni espantar a los inversores en los mercados de deuda pública.

Como advirtió la directora general del FMI, Kristalina Georgieva, en un mensaje dirigido el 13 de julio a los jefes de Estado y gobernadores de los bancos centrales del G-20 antes de reunirse en Bali la próxima semana, “va a ser un duro 2022 -y posiblemente incluso un más duro 2023 con riesgo agravado de recesión”. Ojalá que el optimista pronóstico de Calviño sobre la economía española sea algo más acertado que cuando anunció a comienzos de mayo que la inflación había tocado techo en abril. Palabra de ministra. 

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