Democracias frente a autocracias: un falso dilema

Vladímir Putin.

Hace un par de semanas publiqué en este diario un artículo titulado “Dos conflictos, dos invasiones y dos guerras difíciles de detener” (El Liberal, 27 de enero de 2024). Como el título trataba de subrayar se trata de dos conflictos con un largo recorrido, que acabaron con dos invasiones, la de Ucrania por el ejército de Rusia en el 24 de febrero de 2022, y la de Gaza por el ejército de Israel tras los atentados terroristas perpetrados por Hamás en el sur de Israel el 7 de octubre de 2023, que han devenido en dos guerras terribles que ya han provocado la muerte de decenas de miles de combatientes en el campo de batalla y civiles, incluidos mujeres y niños ajenos al conflicto, destruido las infraestructuras y viviendas, y desplazado a centenares de miles de civiles que sobreviven en condiciones miserables cuando sobreviven los bombardeos y misiles.

En mi opinión, algunos asuntos merecen tratarse con sumo cuidado y quizá por ello ese artículo ha sido uno de los que he escrito con mayor esmero en los últimos meses. Pretendía alejarme de la visión estereotipada que suelen trasladar a la opinión pública quienes abierta o veladamente practican un reduccionismo superficial que en poco ayuda a comprender las causas de conflictos tan enquistados, a aclarar lo que verdaderamente está en juego y mucho menos a encontrar soluciones razonables, puesto que quienes así actúan ya han decidido de antemano que sólo vale la victoria de victoria de su bando. Reducen, en otras palabras, los conflictos a un combate maniqueo entre las fuerzas del bien (las democracias) y el mal (las autocracias), sin prestar apenas atención a los grises que empañan su mundo ficticio, ni mostrar piedad alguno por los peones sacrificados en el campo de batalla o quienes padecen los estragos de la guerra en la retaguardia.

Lo que está sucediendo en Gaza no puede calificarse como una ‘crisis’ sino como una guerra devastadora que está ocasionando una crisis humanitaria gravísima

El lunes 29 de enero tuve ocasión de asistir en Madrid a una jornada organizada por la fundación FAES bajo el título “La guerra de Ucrania y su relación con la crisis de Oriente Medio”. Como acababa de publicar mi artículo sobre el mismo tema, acudí con gran interés a escuchar las exposiciones de los diversos ponentes, comenzando por el expresidente Aznar y presidente de FAES. Quizá una de las primeras cosas que me llamó la atención fue el título mismo de la jornada que contraponía “la guerra en Ucrania” con “la crisis de Oriente Medio”, eludiendo la circunstancia de que la invasión y posterior guerra de Ucrania estuvo precedida por una crisis territorial en Ucrania, y que lo que está sucediendo en Gaza (no en Oriente Medio) no puede calificarse como una ‘crisis’ sino como una guerra  devastadora que está ocasionando una crisis humanitaria gravísima.

La segunda circunstancia llamativa fue la enorme concordancia en las posiciones mantenidas por los distintos ponentes sobre ambos conflictos. Aunque tomé varias páginas de notas, me permitirán que resuma lo allí dicho de forma muy sumaría. El mundo está dividido entre autocracias (Rusia, China, Irán y Corea del Norte fueron expresamente mencionadas) reforzadas que funcionan conjuntamente y democracias debilitadas por disensiones internas y fragmentadas cuya supervivencia está amenazada por las primeras y podría abocarnos a una III Guerra Mundial en un futuro no muy lejano. Lo que debería ser una conclusión tras un análisis pormenorizado se convierte en una afirmación al parecer autoevidente de la que se siguen importantes consecuencias sobre los dos temas objeto de la jornada.

Nos encontramos librando ya una guerra de baja intensidad y las guerras en Ucrania y Gaza son dos manifestaciones del conflicto a escala planetaria

De hecho, nos encontramos librando ya una guerra de baja intensidad y las guerras en Ucrania y Gaza son dos manifestaciones del conflicto a escala planetaria que están librando autocracias y democracias. “Los dos conflictos son lo mismo desde un punto de vista estratégico”, se afirmó sin ningún tipo de duda, y resulta esencial para las democracias que tanto Ucrania como Israel salgan victoriosos. El conflicto en Ucrania ha tenido la virtud de fortalecer la OTAN y reforzar la debilitada capacidad de disuasión de las democracias lideradas por Estados Unidos frente a las autocracias, en tanto que la victoria de Israel en Oriente Medio resulta vital porque en caso de no ganar esta guerra “la siguiente sería en la frontera más débil de Europa” y todo el mundo sabe dónde se libraría.

Me pareció escuchar una tímida discordancia en la primera intervención de uno de los ponentes cuando apuntó la relevancia de prestar atención a la historia de de Rusia que, a su entender, fue siempre más imperio que nación, padece una acusada sensación de vulnerabilidad al haber sido invadida cuatro veces sin causa alguna, siente la necesidad de contar con un colchón territorial  en torno a sus fronteras para sentirse segura y no va a permitir que los países fronterizos pongan en riesgo su existencia.  Claro que estos apuntes se vieron ahogados por las afirmaciones de otro ponente que le sucedió en el uso de la palabra y llegó a afirmar que Rusia exige desmantelar la OTAN y afirmó sin examinar la situación que la expansión de la organización Atlántica en el Norte y Centro de Europa no pasa de ser una mera excusa para justificar la invasión de Ucrania. Lo que realmente le preocupaba a Rusia, dijo, es que Ucrania se convierta en un próspero miembro de la UE.

En mi opinión, incluso si Rusia fuera desalojada de Ucrania e Israel conquistara Gaza, ambos conflictos seguirán enquistados

Aunque la jornada estuvo centrada en los conflictos de Rusia y Oriente Medio, alguna vez se aludió a la actual situación de España cuyas instituciones democráticas están siendo debilitadas por las concesiones a los partidos secesionistas. Para reforzar nuestra democracia se abogó abiertamente por el entendimiento entre los dos partidos políticos de ámbito nacional (PP y PSOE) para evitar concesiones que están poniendo en riesgo la separación de poderes y la igualdad de los ciudadanos españoles ante la ley. Comparto plenamente esta preocupación y diagnóstico y la traigo a colación porque resulta un tanto sorprendente que se propugne buscar puntos de acuerdo en el ámbito nacional para fortalecer nuestra democracia y en el plano internacional se descarte cualquier posibilidad de encontrar salidas negociadas a conflictos y sólo se contemple la victoria en el campo de batalla. En mi opinión, incluso si Rusia fuera desalojada de Ucrania e Israel conquistara Gaza, ambos conflictos seguirán enquistados y como los viejos volcanes dormidos, pero no apagados, volverán a desatar su furia en un futuro muy lejano.

China, Rusia e Irán no pueden ni deben meterse en el mismo saco si queremos evitar la III Guerra Mundial, ni se pueden despachar las preocupaciones y prioridades de sus líderes con tanta frivolidad. China y Rusia cuentan con extensos territorios y reservas de importantes recursos, y no van a desvanecerse por arte de magia para facilitar los designios hegemónicos de la Casa Blanca. Por limitarnos al caso de Rusia, las democracias occidentales harían bien en reconocer que junto a la lógica preocupación que suscita el régimen autocrático de Putin y sus intentos de desestabilizarlas democracias, hay que poner en el otro lado de la balanza la lógica desconfianza que suscita la ampliación de la OTAN impulsada por Estados Unidos desde la  disolución de la U.R.S.S., y la desestabilización de países limítrofes como Ucrania instigada por los gobiernos estadounidenses desde al menos las presidencias de Obama. Como tampoco pueden esconderse bajo la conveniente tapadera de combatir a las autocracias las barbaridades cometidas por Estados democráticos en el sudeste asiático, en Irak, en Cisjordania y Gaza, porque esa es la vía más segura para desencadenar la III Guerra Mundial. Cosas así iba pensando mientras cruzaba el parque del Buen Retiro de vuelta a casa.

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