¿Puede una mujer hacer frente al hombre más ambicioso y poderoso de Europa? Pues esto es ni más ni menos lo que hizo María Luisa de Borbón. Olvidada por la historia, pero crucial en uno de sus episodios más intensos, esta mujer emerge como un símbolo de una España que supo mantener su prestigio, su identidad y su vocación europea. Reina y mecenas de las artes, su vida combina coraje político, compromiso familiar y liderazgo femenino frente a las mayores adversidades, como guerras, intrigas, e incluso el exilio. La vida de esta mujer fascinante y para muchos desconocida se narra en «Una infanta frente a Napoleón» (Ediciones Encuentro), obra de Antonio Manuel Moral Roncal, catedrático de Historia contemporánea y Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia.
Hija de Carlos IV y María Luisa, fue testigo excepcional, en unos casos, y actriz principal, en otros, de numerosos acontecimientos que se desarrollaron entre 1782 y 1824 en Europa. Intentó cumplir sus deberes como infanta y reina, proporcionando hijos a la
dinastía de los Borbones hasta la muerte de su marido, tal y como se esperaba de su rango y educación. Fue la única miembro de la familia real española exiliada por Napoleón en Francia que intentó escapar de las garras del emperador, lo que costó la vida a algunos
de sus colaboradores y, a ella, una prisión en un convento en Roma durante varios años. Nunca mantuvo relaciones extramaritales escandalosas que mancillaran su imagen ni la de su familia. A pesar de no haber sido educada para ejercer el gobierno —a diferencia de las infantas de la Casa de Austria—, tuvo que cumplir su papel como regente de su hijo Carlos Luis, defendiendo su corona italiana con los medios que tuvo más a mano y, cuando no pudo, lograr otro trono alternativo en medio de las grandes convulsiones que azotaron Europa a principios del siglo XIX por el huracán napoleónico.
Exilio forzoso
Tras su caída como reina del efímero Reino de Etruria, fue forzada a un exilio que la llevó a pasar por territorio español y catalán. Se registra su llegada al puerto de Barcelona junto a su hermano Fernando VII, a quien Napoleón engañó para reunirse en el norte, y otros miembros de la familia real en el contexto de las tensiones previas a la invasión napoleónica (1807-1808). Defendió sus derechos frente a las ambiciones francesas y austríacas actuando con inteligencia política y firmeza moral. El lector descubrirá una mujer culta y sensible, mecenas de las artes, protectora de artistas, especialmente mujeres, y promotora de la educación, que llevó consigo la influencia cultural hispana por las cortes europeas.
A través de su correspondencia y de su acción política, emerge como símbolo de una España que supo mantener su prestigio, su identidad y su vocación europea. También conocerán la vida en la corte de la época goyesca, el París napoleónico, la Italia de comienzos del siglo XIX, la Sicilia de la reina Carolina —una de las grandes enemigas de Bonaparte—, y las luchas diplomáticas y políticas en un mundo en plena era de transformación.



