La naturaleza optimiza sus formas para alcanzar una eficiencia biológica mayor, que va acompañada de una marcada tendencia evolutiva hacia lo bello y la extinción de lo inarmónico. Es recurrente la presencia de la Proporción Áurea en elementos tan diversos como el sistema solar, el desarrollo embrionario, la evolución del cráneo humano o la trayectoria de caza de los halcones. La naturaleza optimiza sus formas para alcanzar una eficiencia biológica mayor, que va acompañada de una marcada tendencia evolutiva hacia lo bello y la extinción de lo inarmónico. Son ejemplos de planteamientos y estrategias que, aprovechando esta proporción, conectan mediante diferentes algoritmos ámbitos como el color y la música. De forma asombrosa, la traducción de estos algoritmos, los colores de la naturaleza (flores, conchas, mariposas o minerales) en notas musicales permite la contemplación de estas formas naturales en una experiencia audiovisual única.
Natalia López Moratalla y María Font Arellano nos muestran en Bello (Rialp) la evolución en busca de la belleza en todas sus formas, del Big Bang al Homo sapiens. Es una detallada y apasionada incursión en la compleja y a la vez sencilla belleza del mundo natural. Algo abierto al interés de cualquier ser humano, de cualquier disciplina. La belleza está ahí, para ser contemplada. Y en los ojos no hay distinciones de letras o de ciencias. El lector encontrará caminos de terrenos que se abren incesantemente a nuevos descubrimientos. Explican que la evolución es uno de los conceptos científicos más importantes en la biología moderna, ya que proporciona el marco teórico para entender cómo los organismos cambian a lo largo del tiempo, ilustrando los posibles procesos naturales que se han dado a lo largo del mismo.
Las diversas formas de la belleza
Aunque la hipótesis de la evolución ha sido ampliamente aceptada en el ámbito científico, su percepción y descripción varían significativamente entre culturas, influenciadas por factores históricos, filosóficos, religiosos y sociales. A lo largo de millones de años de un proceso, los seres vivos han desarrollado una increíble diversidad de formas y estructuras. Surge un concepto de belleza, un fenómeno que, aunque profundamente subjetivo, se manifiesta de diversas formas en todas las culturas humanas y tiene aspectos universales cuando se aplica al mundo natural. Así, en el campo de la biología, la belleza a menudo se relaciona con simetría, coloración vibrante y patrones.
Los temas que se tratan son el color, la música, el universo, las plantas, las flores y los animales (son curiosísimas las observaciones sobre las flores y las mariposas), para terminar en la criatura más perfecta: el ser humano, donde se manifiestan también las Proporciones Áureas.

Natalia López Moratalla es catedrática de Bioquímica y Biología Molecular, doctora Honoris Causa por la Universidad Panamericana de México y María Font Arellano es doctora en Ciencias Biológicas y en Farmacia por la Universidad de Navarra, y Catedrática Emérita de la Facultad de Farmacia y Nutrición de la Universidad de Navarra. Las autoras desarrollan la hipótesis de que la razón por la que las estructuras áureas son favorecidas en los procesos evolutivos está relacionada con la función plena a la que tiende la evolución. La conclusión es que con todo lo expuesto, el orden en la naturaleza no es una mera ilusión. Existe una estructura subyacente que rige y organiza todo según modelos matemáticos definidos. La presencia de dichas proporciones en el mundo natural se ha asociado con la armonía y, por ende, con la belleza. Lo bello tiende a alcanzar esa proporción; cuanto más se aproxima a ella, más lograda es su forma y, consecuentemente, más plena su función.



