Barcelona tiene un problema de seguridad y de civismo y, por mucho que el PSC quiera negarlo, la realidad habla por sí sola. Mientras el alcalde, Jaume Collboni, vende un relato triunfalista de la ciudad, muchos barceloneses perciben una realidad muy distinta: la de una ciudad que sufre un deterioro progresivo y un preocupante abandono institucional.
Solo hay que dar un paseo por Montjuïc y sus alrededores para comprobar cómo proliferan las tiendas de campaña y los asentamientos, poniendo en riesgo la salubridad y la convivencia en la zona. Esta permisividad no ayuda a quienes viven en esas condiciones; al contrario, los condena a perpetuar una situación de extrema precariedad. No hay respuestas ni soluciones. Solo silencio y dejadez por parte de quienes tienen la responsabilidad de actuar.
La organización Arrels Fundació ha contabilizado 5.000 personas sin hogar en Barcelona, de las cuales más de 2.000 duermen en la calle. Otras sobreviven en albergues, infraviviendas o asentamientos. Las circunstancias que llevan a una persona a esta situación son múltiples y complejas, y nunca he juzgado ni juzgaré a quien se ve obligado a vivir de una forma tan dramática. Sin embargo, negar la realidad tampoco ayuda.
La organización Arrels Fundació ha contabilizado 5.000 personas sin hogar en Barcelona, de las cuales más de 2.000 duermen en la calle
Entre quienes sobreviven en la vía pública hay muchas personas que no cometen ningún delito y que merecen más apoyo social del que actualmente reciben. Pero también existen situaciones de delincuencia e incivismo que no pueden ignorarse. Conviene recordar que la Ordenanza de Civismo prohíbe dormir en la calle y hacer fuego en espacios públicos, algo que sucede diariamente ante la pasividad de la Administración.
Resulta paradójico que el mismo gobierno que pretende prohibir los pisos turísticos —una medida que, a mi juicio, perjudicaría la economía de la ciudad— se muestre tan tolerante con quienes incumplen la Ordenanza de Civismo y con quienes cometen delitos como la ocupación ilegal.
Y si hablamos de seguridad, no podemos ignorar la creciente preocupación de muchos barceloneses. Porque ya no se trata únicamente de una percepción: los datos también reflejan una situación inquietante.
Se han producido cinco asesinatos y diversos ataques con arma blanca en distintos puntos de la ciudad
Según datos del Ministerio del Interior, en Barcelona se registraron durante 2025 un total de 87.321 hurtos y 1.179 agresiones sexuales. Además, la ciudad encabezó el número de violaciones registradas en España, con 462 casos. Otro dato especialmente preocupante son los 7.261 procedimientos judiciales por tráfico de drogas, una cifra que representa un incremento del 71,5 % respecto a 2023.
A ello se suma que, durante el último mes, se han producido cinco asesinatos y diversos ataques con arma blanca en distintos puntos de la ciudad. Ante esta situación, Daniel Sirera, presidente del Partido Popular en el Ayuntamiento de Barcelona, ha denunciado la sensación de desprotección que sufren muchos ciudadanos y ha reclamado un refuerzo urgente de la presencia de la Guardia Urbana y de los Mossos d’Esquadra.
Por eso resulta incomprensible que las patrullas nocturnas de la Guardia Urbana se reduzcan a la mitad durante los fines de semana. Una decisión difícil de justificar cuando la preocupación por la seguridad continúa creciendo. Barcelona cuenta con excelentes profesionales en sus cuerpos de seguridad, pero necesitan más recursos, más efectivos y más respaldo institucional para desempeñar su labor en las mejores condiciones.
La falta de compromiso con quienes velan por nuestra seguridad también se refleja en otros ámbitos
Lo que parece evidente es que el Partido Socialista no está dotando a los cuerpos de seguridad de los recursos que necesitan ni ampliando unas plantillas que siguen siendo insuficientes. De poco sirve presumir de tener más agentes de la Guardia Urbana que nunca si no se tienen en cuenta las bajas, las jubilaciones y las necesidades reales de una ciudad como Barcelona.
Esta falta de compromiso con quienes velan por nuestra seguridad también se refleja en otros ámbitos. Cuando un presidente del Gobierno como Pedro Sánchez y sus ministros no son capaces de acudir al entierro de dos guardias civiles que perdieron la vida luchando contra el narcotráfico, se transmite un mensaje equivocado a quienes arriesgan su vida cada día al servicio de los demás. Calificar aquellos hechos simplemente como un accidente fue, para muchas personas, una muestra de insensibilidad en un momento de enorme dolor.
Quiero terminar expresando todo mi apoyo y admiración a los hombres y mujeres que integran nuestros cuerpos policiales y de seguridad, así como a las familias que han perdido a un ser querido en el cumplimiento de su deber. Su vocación de servicio, su sacrificio y su profesionalidad son esenciales para garantizar nuestra libertad y nuestra seguridad.



