El laborista Keir Starmer ha anunciado este lunes su dimisión como primer ministro del Reino Unido, en un movimiento que abre la puerta a una transición interna dentro del Partido Laborista hacia el exalcalde de Mánchester Andy Burnham.
Starmer compareció en Downing Street, sede del Gobierno británico, para comunicar que su renuncia no será inmediata y que permanecerá en el cargo hasta la celebración de unas primarias internas, previstas para principios de septiembre.
Presión interna
La dimisión de Starmer se produce tras varias semanas de creciente tensión interna en el Partido Laborista. Según fuentes del Gobierno, el primer ministro consultó a ministros, dirigentes del partido y sindicatos antes de concluir que su permanencia podía provocar una rebelión interna. Además, el Ejecutivo se enfrentaba a la amenaza de dimisiones en cadena si no renunciaba, lo que habría forzado su salida de manera anticipada.
Debilitamiento electoral
La crisis del Partido Laborista se debe en parte a sus malos resultados en las elecciones municipales en Inglaterra y en los comicios autonómicos de Escocia y Gales del pasado 7 de mayo.
En ese contexto, la victoria de Nigel Farage en Makerfield fue determinante, ya que permitió a Andy Burnham conseguir un escaño en el Parlamento británico y consolidarse como el principal aspirante a liderar el partido.
Un posible nuevo ciclo político
Si se confirma la llegada de Burnham al liderazgo, el Reino Unido sumaría su séptimo primer ministro en una década, en un contexto de fuerte inestabilidad política.
El cambio se produciría además en torno al décimo aniversario del referéndum del Brexit, que ha marcado profundamente la política británica desde 2016.



