La extrema izquierda más feroz que representa ahora el PSOE, teniendo de socios a otros grupos comunistas, los proetarras de Bildu y los golpistas catalanes han configurado ya un panorama político, social y económico muy convulso que se asemeja en algunas cuestiones a la Segunda Republica (1931-1936). Una Segunda guerra fría que se ha desatado dentro del territorio español, mientras el Gobierno radical de Sánchez intenta dilapidar la verdad de lo relativo a la invasión de Ceuta y sus terribles escándalos de corrupción, incluso cesando a cargos que ofrecen información a la ciudadanía o ocultando daros veraces.
Todo vale. Y se toman decisiones con un despotismo claro, porque en su régimen izquierdoso únicamente cabe el nepotismo y una tiranía creciente sin patriotismo español ni valores morales, ya que lo que se prioriza en todo momento son los intereses de Sánchez. Tanto es así, que se está llevando una amnistía escrita a medida por unos condenados que realizaron un golpe de Estado desde Cataluña en 2017, lo que significa el mayor acto de corrupción e impunidad de la misma desde que se puso en marcha el régimen del 78.
Precisamente por ello, para que hayamos llegado a una situación tan sumamente grave y excepcional como la que se encuentra España, el ejecutivo extremista se fue haciendo progresivamente con el control de todas y cada una de las instituciones (Correos, RTVE, Banco de España, CNI), llegando a meter sus zarpazos en empresas privadas (Telefónica, Indra, entre otras). Y por supuesto comprando a traidores de todas partes. El objetivo sin más: poderlo manejar todo con el máximo poderío desde la Moncloa y que ninguna de esas instituciones, personas y medios de comunicación supongan un peligro para el sanchismo.
Como les advierto, todo sirve para tapar las malas cifras del paro real, la inflación desbocada, los muertos en las diversas tragedias que hemos vivido en los últimos años (la pandemia, el accidente de Adamuz, la DANA de Valencia, los volcanes de Canarias, los incendios, etc) y el caos de las políticas nefastas del socialismo, que además despilfarran cantidades millonarias del erario público, que también funcionan para dar cobijo a una gran agencia de colocación socialista.
Por ello, en estos momentos, el sanchismo ha dinamitado la separación de poderes en España, provocando la mayor crisis institucional de la Historia, y en juego está la España que conocemos. Y a Sánchez no le preocupa ni lo más mínimo, porque se va un mes de vacaciones a la Mareta muy bien escoltado.
Por lo tanto, si los españoles no reaccionan ante la deriva antidemocrática del ejecutivo socialista y el caos de manera más unida y cohesionada en una especie de reivindicación ciudadana contra el mal para poder reconducir el país, esta nación puede entrar en parada respiratoria no tardando, y quién avisa no es traidor. En juego está la supervivencia de la España que conocemos.



