El PSOE y las fuerzas del Frente Amplio han acordado concurrir conjuntamente al Senado bajo la denominación Senado de Progreso, con excepciones territoriales. Su objetivo es concentrar el voto y disputar la mayoría de la Cámara Alta al PP.
La importancia de la operación se entiende por el sistema electoral. En las provincias peninsulares se eligen cuatro senadores, pero cada elector puede marcar un máximo de tres candidatos, incluso de partidos distintos. Resultan elegidos los cuatro más votados. El reparto de tres senadores para la primera candidatura y uno para la segunda es habitual, pero no constituye una regla automática.
Un ejemplo hipotético muestra el efecto, suponiendo que los electores votasen disciplinadamente a los tres candidatos de su opción:
| Situación | Votos por candidatura | Reparto probable |
|---|---|---|
| Derecha dividida | Izquierda unida: 43%; PP: 35%; Vox: 18% | Izquierda: 3; PP: 1 |
| Derecha coordinada | Candidatos apoyados por PP y Vox: 53%; izquierda: 43% | Derecha: 3; izquierda: 1 |
Con los mismos apoyos de partida, la coordinación puede invertir el resultado provincial. Eso explica que una operación aparentemente limitada al Senado tenga tanta relevancia.
Qué puede ganar Abascal
Según las informaciones publicadas, Vox contempla no concurrir en algunas provincias y negociar la presencia de representantes suyos entre los candidatos del PP. El plazo para registrar coaliciones ya ha terminado, de modo que se estudia una fórmula diferente a la utilizada por PSOE y Frente Amplio.
Abascal busca obtener tres ventajas:
- Representación efectiva: transformar votos que podrían quedarse sin escaño en senadores propios.
- Reconocimiento político: conseguir que el PP lo trate como socio antes de las elecciones.
- Imagen de responsabilidad: presentarse como quien acepta concesiones para facilitar una alternativa a Sánchez.
El riesgo también es claro: pedir el voto para candidatos del PP al Senado puede reforzar el argumento del voto útil popular y extenderlo al Congreso. Vox necesitaría explicar por qué recomienda cooperación en una papeleta y competencia en la otra.
El dilema de Feijóo
Para el PP, aceptar puede mejorar sus posibilidades en el Senado, pero implica ceder candidaturas y hacer visible su dependencia de Vox. Rechazarlo le permitiría preservar su autonomía, aunque asumiría el coste político si la división facilitase victorias provinciales de la izquierda.
El posible efecto paradójico del pacto PSOE-Frente Amplio
La izquierda pretende aprovechar la fragmentación de sus adversarios, pero puede terminar impulsando una coordinación que antes no existía. Si PP y Vox responden conjuntamente, una parte de la ventaja electoral buscada podría neutralizarse. No necesariamente toda: los apoyos no se transfieren de manera perfecta y cada provincia tiene una competencia diferente.
Lo que habrá que observar tras la reunión de Vox es en cuántas circunscripciones propone apartarse, cuántos candidatos exige a cambio y si el PP acepta un acuerdo explícito. Ahí se distinguirá entre un gesto de Abascal y un verdadero pacto electoral.
Las informaciones publicadas sitúan en unas quince provincias la principal zona de disputa donde una coordinación PP-Vox podría resultar decisiva. Es un mapa provisional: no equivale a disponer de encuestas públicas detalladas para cada provincia.
Estas son las circunscripciones citadas expresamente como más competidas en la información de El Español de hoy:
| Territorio | Provincias señaladas |
|---|---|
| Andalucía | Cádiz, Huelva, Córdoba, Jaén, Granada y Sevilla |
| Comunidad Valenciana | Valencia y Castellón |
| Extremadura | Badajoz y Cáceres |
| Aragón | Zaragoza y Huesca |
| Castilla-La Mancha | Guadalajara y Cuenca |
| Asturias | Asturias |
En ellas, el periódico sitúa la posibilidad de que Vox no presente candidatura y negocie incorporar algún representante suyo entre los candidatos del PP. La relación procede de proyecciones que cita el medio, cuyos datos completos no publica; por eso no permite ordenar con rigor cuál está más ajustada.



