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Estados Unidos – Venezuela: lecciones aprendidas. Por Gabriel Cortina

Un análisis sobre la hegemonía del dólar, el abastecimiento energético y la pérdida de relevancia de una Europa que ya solo puede regular lo que otros deciden

El dictador venezolano Nicolás Maduro esposado y rodeado de agentes, a su llegada a Nueva York.
El fin de la era de Nicolás Maduro tiene una clara vertiente de interés económico por parte de EE.UU.

Gabriel Cortina, diplomado en Altos Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN)

Comparto una reflexión acerca de la intervención de Estados Unidos sobre Venezuela. En primer lugar, es necesario tener claro el punto de partida. En el ámbito de la geopolítica, de los estudios estratégicos, una cosa son los hechos, otras las valoraciones, otras las interpretaciones, otras el saber intuir o el mostrar una evidencia, otras son especulaciones superficiales. Antes de opinar a la ligera, conviene dejar de lado los sesgos ideológicos (en contra y a favor) y leer, tomar nota, escuchar, consultar mapas, identificar actores e intereses. Primero analizar y comprender, luego prospectiva y diseño de escenarios. Hay dos materias siempre presentes: la Historia y la geografía. Y hay dos actitudes a evitar: uno es el de la conspiración, siempre perfecta, global, oculta y fácil de explicar; y otras es el espectáculo, el show TV, el entretenimiento superficial y pasajero.

Definir el marco. Distinguir planos ayuda a ver un poco más claro la gama de grises, ver en la «niebla de la guerra», como dicen los teóricos de la estrategia militar. Evidentemente, hay una agenda y una narrativa de Estados Unidos para todo lo que vemos, en este caso, sobre la intervención en Venezuela. Por concretar, podemos afirmar que se trata de posicionar la economía financiera, el dólar; de asegurar la zona de influencia, definida por la geografía; del abastecimiento energético, lo que implica asegurar accesos, logística, rutas navales; de política interna, dirigida al electorado para ganar las próximas elecciones, de afrontar las amenazas de rivales geopolíticos, como es el caso de China, que es la gran potencia emergente, y no tanto de Rusia; de desarrollar y liderar la tecnología; mantener la hegemonía militar, etc. En el aspecto militar, la operación ha podido ser exitosa porque ha habido colaboración desde dentro, es decir, que los servicios de inteligencia han hecho bien su trabajo.

Distinguir planos ayuda a ver un poco más claro la gama de grises, ver en la «niebla de la guerra», como dicen los teóricos de la estrategia militar

En cuanto a lo que está por venir, ningún intento de eso que se llama «cambio de régimen» ha funcionado desde el exterior, y mucho menos ocurrirá en Venezuela. Cuba entra en esta ecuación y las lecciones aprendidas allí en los años 60 servirán para buscar otras opciones. Una vez pasada esta etapa llegan las sorpresas. Por ejemplo: resulta gratificante saber que en el primer país del mundo de consumo de drogas, que es Estados Unidos, no hay cárteles nacionales o locales. Los malos son siempre de fuera. Si se quiere acabar con la droga, de verdad, la solución se llama México y Colombia. En referencia al petróleo venezolano, todas las compañías del mundo desean operar sobre él, como es evidente. Si el poder económico es el US dólar y las principales transacciones se hacen en «petrodólares», lo lógico será lograr asegurar eso, dejando fuera a China y las opciones de crecimiento de su moneda, el yuan.

Lo esencial del marco es esto: primero la economía, el liderazgo del dólar, y luego asegurar esa economía, mediante diplomacia, poder militar y tecnología. No se trata de poder duro o blando; se trata de poder, y en función de los escenarios, se aplica lo duro, el uso de la fuerza, o lo blando, la cooperación. ¿Y cómo nos afecta? En todo esto hay cosas que nos vienen bien, otras que no nos afectan y otras que ahora no podemos comprender. Mi opinión es que en los escenarios que están por venir hay muchas más ventajas que inconvenientes. Debemos enfocarnos en lo que nos viene bien y saber utilizarlo. Una clase dirigente educada en pensamiento estratégico es lo que marca la diferencia.

Europa ya no decide nada relevante en el ámbito geopolítico, porque no puede en términos de poder económico, tecnológico y militar

Estamos viendo la dinámica propia de cómo actúa una Gran Potencia. En cierta medida, no se trata de Trump ni de un problema de Estados Unidos, sino de que el mundo hoy es así. China toma nota, aprende, calcula. Su agenda no tiene nuestro mismo reloj pero sí objetivos muy claros y los está cumpliendo. Insisto: todos, a su manera. Estamos ante algo nuevo, emerge una nueva realidad. La única forma de comprenderla es con el criterio de identificar las dinámicas del poder. Por eso, Europa ya no decide nada relevante en el ámbito geopolítico, porque no puede en términos de poder económico, tecnológico y militar. Resalto «decidir». Únicamente, a la UE le queda regular lo que otros hacen.

La paradoja de todo esto es que las dos grandes potencias hegemónicas, EEUU y China (Rusia no lo es, ni lo será), se necesitan porque están globalizadas. Esta interconexión de todo es la buena noticia. El discurso de la multilateralidad es irrelevante. No hay un orden internacional porque nunca lo ha habido, y las normas las ponen los que mandan porque el poder necesita un mínimo de equilibrio sostenible para poder estar y operar. Y por último, ante lo que estamos viendo, afirmar que vamos hacia una Tercera Guerra Mundial es no haberse enterado de qué va esta película.

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