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Así ha reaccionado el mundo al ataque de Israel y EE.UU. contra Irán

Así ha reaccionado el mundo al ataque de Israel y EE.UU. contra Irán
Benjamín Netanyahu / X.

El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciado esta madrugada, ha generado una oleada de reacciones internacionales que reflejan divisiones profundas en la geopolítica global. Descrito por Israel como un «golpe preventivo» para neutralizar amenazas existenciales y por Trump como «operaciones de combate a gran escala» destinadas a eliminar capacidades nucleares y militares iraníes, el operativo ha sido visto por muchos como un paso necesario para la seguridad regional, mientras que otros lo perciben como una «escalada de riesgo». Netanyahu, primer ministro israelí, ha elogiado el liderazgo de Trump y ha llamado a un cambio de régimen en Teherán, enfatizando valores como la libertad y la autodeterminación para el pueblo iraní.

Las condenas al avance provienen principalmente de potencias como Rusia y China, motivadas por intereses estratégicos en mantener alianzas con Irán. Rusia, que ha criticado la acción como una violación de la Carta de la ONU, busca proteger sus influencias en la región y evitar precedentes que afecten su propia esfera de influencia, como en Siria. China, enfatizando principios de «no intervención», prioriza sus rutas comerciales y energéticas, temiendo disrupciones en el Estrecho de Ormuz que impacten el flujo de petróleo global. Países del Golfo, como Omán y Qatar, expresan profunda inquietud por posibles represalias que afecten sus infraestructuras y economías dependientes del petróleo.

Los países vecinos de Irán, especialmente los del Golfo Pérsico, se han visto directamente salpicados por la escalada, lo que añade una dimensión regional crítica al conflicto. Tras el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel, Irán respondió lanzando oleadas de misiles balísticos y drones no solo contra Israel, sino también contra bases militares estadounidenses en varios de estos países, activando defensas antiaéreas, sirenas de alerta y cierres temporales de espacio aéreo en toda la zona. En los Emiratos Árabes Unidos (EAU), las defensas interceptaron varios misiles sobre Abu Dhabi, aunque se confirmó al menos una muerte por esquirlas o restos de proyectiles, lo que llevó al Ministerio de Defensa emiratí a condenar el acto como una violación flagrante de su soberanía y a reservarse el derecho pleno a responder con todas las medidas necesarias para proteger su territorio y civiles. En Qatar, explosiones y defensas activas se registraron cerca de la base Al Udeid —la mayor instalación militar estadounidense en Oriente Medio—, mientras que Bahréin confirmó un ataque contra el cuartel general de la Quinta Flota naval de EE.UU., con humo visible y alertas para refugios. Kuwait también reportó interceptaciones tras impactos cercanos a instalaciones militares, y Arabia Saudita condenó en los términos más enérgicos los ataques iraníes contra varios de sus vecinos (incluyendo EAU, Bahréin, Qatar y Kuwait), advirtiendo sobre consecuencias graves por la violación de la soberanía estatal y el derecho internacional, al tiempo que reforzaba precauciones en sus infraestructuras petroleras ante el riesgo de disrupciones en el Estrecho de Ormuz. Estos gobiernos, que albergan presencia militar estadounidense clave para la estabilidad regional, se encuentran en una posición delicada: mantienen su alianza con EE.UU. para contrarrestar amenazas compartidas, pero priorizan evitar represalias directas que pongan en peligro a sus civiles, economías dependientes del petróleo y seguridad interna, lo que explica sus llamados urgentes a la contención y a la diplomacia para prevenir una guerra más amplia.

Entre quienes celebran la acción, destacan voces occidentales que priorizan la defensa contra lo que perciben como amenazas inminentes. Para Israel, el ataque representa una salvaguarda vital contra el programa nuclear iraní y el apoyo a grupos proxy, alineado con valores de seguridad nacional y prevención de genocidios históricos. En EE.UU., ven la operación como una demostración de fuerza que protege intereses estadounidenses, como la prevención de ataques a tropas y aliados, y promueve la estabilidad a largo plazo al debilitar regímenes hostiles de carácter totalitario como lo es el iraní, que arrastra solo desde el inicio de las protestas internas contra la teocracia decenas de miles de civiles ejecutados. Trump ha subrayado en su mensaje que el objetivo es defender al pueblo estadounidense y ofrecer una oportunidad para que los iraníes tomen el control de su destino, resonando con ideales de democracia y anti-terrorismo. 

En el ámbito doméstico estadounidense, hay divisiones: los demócratas cuestionan la falta de autorización congresional, priorizando intereses constitucionales y evitando «guerras extranjeras innecesarias» que podrían elevar déficits y riesgos para tropas. La ONU y Europa urgen contención, motivados por intereses en controlar parte de la narrativa pese a su rol de espectador. La situación evoluciona, con Irán prometiendo una «respuesta aplastante» y posibles impactos en mercados mundiales.

María Riera
María Riera
Licenciada en Ciencias de la Información por la UCM.

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