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Trump y Sánchez, dos autócratas peligrosos

Donald Trump y Pedro Sánchez
Donald Trump y Pedro Sánchez

Hace algo más de un año publiqué un artículo en este diario titulado “¿En qué se parecen Trump y Sánchez?” (El Liberal.cat, 15 de febrero de 2025) y advertía en la primera línea que a algunos lectores podría parecerles exagerado “situar al todopoderoso Trump en el mismo sistema planetario donde orbita un agonizante Sánchez, habida cuenta que el primero lidera con indisimulada prepotencia la internacional patriótica mientras que el segundo, pese a su irrelevancia, se considera a sí mismo el último bastión frente a la internacional ultraderechista y la ‘tecnocasta’”. Pese a las diferencias superficiales en sus posicionamientos políticos que da por sentado que Trump es un conservador y Sánchez un progresista, lo cierto es que cuando uno no se deja engatusar por las apariencias encuentra similitudes entre ambos muy preocupantes.

En concreto, el artículo señalaba como importantes coincidencias el desapego de ambos presidentes a la verdad, su falta de escrúpulos morales, y su desprecio a las investigaciones judiciales y a la separación de poderes, consideradas por ambos un lastre para su acción de gobierno, unas actitudes que desvirtúan el funcionamiento de los regímenes democráticos y los acercan peligrosamente a los regímenes autocráticos. No debería resultar necesario insistir en ello, pero visto los preocupantes resultados de las últimas elecciones autonómicas en Extremadura, Aragón y Catilla y León, donde uno de cada cuatro ciudadanos aproximadamente sigue respaldando al PSOE de Sánchez, me siento obligado a volver sobre este asunto. Pido, por adelantado, ya que no es la primera vez que denuncio en esta columna el daño que los engaños de Trump y las mentiras de Sánchez están ocasionado a las democracias estadounidense y española, respectivamente.

Trump, un autócrata tramposo y muy peligroso

El mundo atraviesa un momento muy peligroso por culpa de un delincuente convicto que anda por ahí suelto haciendo de las suyas. Primero, fueron los aranceles ‘recíprocos’ anunciados por el presidente Trump el pasado 2 de abril, en realidad y pese al truculento nombre unas tarifas arbitrarias aprobadas sin contar con el Congreso y el Senado, cuyo objetivo era extraer ventajas de todos los gobiernos del mundo, aliados o no, bajo la amenaza de subirlas en caso de no aceptar sus exigencias. Los aranceles ‘recíprocos’ asestaron un golpe severo a los acuerdos internacionales que posibilitaron la creación de la Organización Mundial del Comercio en 1995 y debilitaron el comercio internacional y el crecimiento. Resulta importante, además, subrayar que los aranceles fueron anulados por decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de 20 de febrero de 2026 al considerar los jueces que la ley de emergencia internacional (International Emergency Economic Powers Act de 1977) invocada por Trump no otorga al presidente poder para imponer aranceles.

Ahora la mano negra de Netanyahu, reencarnación de la tentadora serpiente bíblica en pleno siglo XXI, parece haberle arrastrado a una guerra iniciada con nocturnidad y alevosía en la madrugada del 28 de febrero, sin contar tampoco con el respaldo del Capitolio, justo cuando la tercera ronda de conversaciones auspiciadas por el gobierno de Omán en Ginebra habían registrado avances muy significativos hasta el 26 de febrero. El primer ministro omaní, Al Busaidi, viajó a la Casa Blanca ese mismo día para informar a Trump sobre los avances y estaba previsto reanudar las conversaciones el 2 de marzo para cerrar el acuerdo. En lugar de actuar racionalmente y esperar unos días, Trump confió en que una campaña de asesinatos selectivos de los principales líderes iraníes, complementada con bombardeos masivos contra instalaciones militares y centros estratégicos en Irán, podía instigar una revuelta popular y propiciar un cambio de régimen en Teherán que pondría en manos de Trump las fabulosas reservas de petróleo y gas de Irán que, sumadas a las de Venezuela, las mayores del Planeta, le permitirían amenazar a los líderes del resto del mundo con represalias incluso más contundentes que los aranceles ‘recíprocos’.

Tras veintiún días de guerra, las operaciones León Rugiente y Furia Épica, desplegadas contra Irán por las fuerzas armadas de Israel y Estados Unidos, respectivamente, han logrado matar a varios miles de iraníes, incluidos algunos de sus principales líderes religiosos, políticos y militares, y el gobierno iraní ha respondido cerrando el Estrecho de Ormuz y atacando a los países vecinos donde Estados Unidos mantiene bases militares e intereses económicos. La paralización de los flujos de petróleo y gas han disparado los precios de ambos combustibles y los ciudadanos y las empresas están pagando ya precios muchos más elevados en casi todo el mundo. En caso de que la guerra se prolongue y el Estrecho siga cerrado durante varias semanas más, la subida de precios podría desencadenar un proceso inflacionista y abocar medio mundo a entrar en recesión. La conjunción de intereses de un presunto criminal y un megalómano convicto han puesto el mundo patas arriba.

Sánchez, un autócrata tramposo y muy peligroso

El régimen democrático instaurado en España en 1978 vive también horas bajas, las más delicadas desde el fallido golpe militar de febrero de 1981. En este caso, la conjunción astral causante del desastre no es otra que el irresponsable comportamiento de Sánchez que logró hacerse con la secretaría general del PSOE contando como colaboradores más cercanos a quienes fueron sus dos secretarios de organización y están o han pasado por la cárcel, logró acceder a la presidencia del Gobierno el 1 de junio de 2018 tras ganar una moción de censura en una situación de debilidad parlamentaria extrema (contaba con 85 diputados) y lo convirtió en rehén de todos sus avalistas.

Para mantenerse en la Moncloa, Sánchez se ha visto obligado a engañar una y otra vez a sus votantes prometiéndoles no hacer nunca lo que luego se avendría a hacer, incluso a las pocas horas de conocer los resultados electorales, y comprando con indultos, leyes a medida y transferencias de competencias a Cataluña y el País Vasco las voluntades de la variopinta combinación de avalistas que a duras penas lo han mantenido en el Congreso desde 2018. Con la investidura de Sánchez a cambio de registrar la Ley de Amnistía el 13 de noviembre de 2023 en el Congreso, Sánchez agotó el poco margen de maniobra que le quedaba y ni siquiera las condonaciones de deuda aprobadas en marzo de 2025 para satisfacer a los partidos secesionistas catalanes, Junts y ERC, le han servido para contar con su respaldo y cumplir con su obligación constitucional de presentar los Presupuestos Generales del Estado (PGE).

Quizá los lectores recuerden el nombre de aquel honorable diputado que descalificaba al gobierno de Rajoy con estas palabras: “un gobierno sin presupuestos no gobierna nada, que gobernar no consiste en vivir en la Moncloa. Creo que es la responsabilidad del presidente del Gobierno, primero, intentar sacar adelante esos presupuestos, y si no los saca adelante, yo, desde luego en su lugar, anticiparía las elecciones para que hubiera una mayoría parlamentaria distinta que pudiera gobernar este país. Como este presidente no parece que vaya a hacer ni lo uno ni lo otro, lo que tiene que hacer desde el punto de vista constitucional es someterse a una moción de confianza”. Aquel honrado diputado completó su diatriba contra un gobierno agotado y asediado por los casos de corrupción con unas palabras premonitorias: “lo que nos ha alarmado es la supuesta voluntad que tiene este gobierno de vivir de la prórroga, es decir, que si no hay presupuestos generales del Estado, pues lo que va a hacer es prorrogar los presupuestos del año pasado y, por tanto, no rendir cuenta ante los ciudadanos”.

Por si acaso lo han olvidado, permítanme recordarles que aquel honorable diputado no era otro que Don Pedro Sánchez Pérez-Castejón, el mismo sujeto que lleva tres años gobernando con los PGE de 2023, aprobados en 2022 y prorrogados una y otra vez, empecinado en seguir en la Moncloa pese a los graves casos de corrupción que han afectado a sus dos más estrechos colaboradores en el partido y el Gobierno. Aplicándole su propia receta, los ciudadanos le reclamamos que dé un paso al lado y convoque elecciones para darnos la palabra. Y caso de no hacerlo, le exigimos que presente una moción de confianza como él le exigía a Rajoy en 2018. Por cierto, que Rajoy acababa de aprobar los PGE de 2018 el 23 de mayo, con algo de retraso, eso sí, cuando Sánchez presentó unos días después la moción de censura que lo aupó a la Moncloa el 1 de junio de 2018 y gobernó con los PGE de Rajoy durante su primer año y medio de okupa en la Moncloa.

Caja vacía y juicios a la vista

Cuando pienso en el entusiasmo que debieron provocar los ataques de Sánchez a Rajoy a cuenta de los presupuestos entre los militantes y votantes socialistas en 2018, no puedo evitar preguntarme por qué se sienten tan orgullosos de su líder ahora y siguen respaldando a un gobierno que, ante la imposibilidad de ofrecer nada sustancial a sus avalistas en el Congreso, ha prorrogado los PGE de 2023 en 2024, 2025 y 2026 y gobierna recurriendo a aprobar créditos extraordinarios y Reales Decretos cuya validación en el Congreso sólo está asegurada en situaciones excepcionales, como ocurrió en el caso de la actualización de las pensiones hace unas semanas, y como podría volver a ocurrir la semana próxima cuando se vote en el Congreso el recorte de impuestos exigido por la oposición para paliar los efectos de la subida de los precios de los carburantes y la electricidad ocasionado por la guerra de Irán.

Hace unos días, Junqueras, el líder secesionista indultado por el gobierno de Sánchez en 2021 y amnistiado en 2024, le retó a que entregue a la Generalidad de Cataluña todas las competencias fiscales si quiere contar con su respaldo unos meses más y el aliado de Sánchez en Cataluña se ha visto obligado a retirar los presupuestos. El líder de ERC le recordó también que él es independentista y le advirtió que forzado a elegir entre más competencias y recursos, todo lo que puede ofrecerle Sánchez a estas alturas, o independencia, no tiene dudas lo que elegiría. A Sánchez se le ha agotado el crédito y los conejos que puede sacar de la ajada chistera no bastan ya para seguir comprando los votos de sus avalistas en el Congreso. La suerte está echada.

Para pasar su particular calvario, sólo le queda imitar a Trump, amigo de gobernar a golpe de órdenes ejecutivas, aunque la situación de Sánchez resulta bastante más desesperada porque el presidente estadounidense cuenta con mayoría en el Congreso y el Senado por ahora y hizo valer la inmunidad presidencial para evitar una sentencia condenatoria el 10 de enero de 2025, pocos días antes de jurar su cargo. Sánchez, lo tiene más complicado, al encontrarse encausados Ábalos y Cerdán, sus dos secretarios de organización y más estrechos colaboradores desde 2017, y bien pudiera ser que estos juicios terminen de esclarecer si la organización criminal que lideraban Ábalos y Cerdán sirvió también para financiar ilegalmente al PSOE de Sánchez.

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