Los nuevos fármacos para la obesidad han revolucionado la pérdida de peso en los últimos años. Medicamentos basados en análogos del GLP-1, como la semaglutida o la tirzepatida, han permitido a miles de personas adelgazar de forma significativa. Sin embargo, los expertos advierten de un problema clave: al suspender el tratamiento, gran parte del peso perdido tiende a recuperarse.
Desde el Hospital Clínic de Barcelona subrayan que este fenómeno no es un fallo del tratamiento, sino una consecuencia directa de la naturaleza de la obesidad. “Todavía hay mucha gente que sigue pensando que la obesidad es casi una elección personal”, explica Josep Vidal, director del Instituto de Enfermedades Digestivas y Metabólicas.
El efecto rebote: hasta un 60% del peso en un año
Los datos disponibles son claros. Diversos estudios muestran que, durante el primer año tras dejar la medicación, los pacientes recuperan de media alrededor del 60% del peso perdido. Con el tiempo, esta recuperación se estabiliza en torno al 75%, lo que implica que solo una parte del adelgazamiento se mantiene a largo plazo. Además, el proceso es progresivo: se estima una recuperación media de unos 0,4 kilos al mes, lo que podría llevar a volver al peso inicial en un periodo de entre uno y dos años.
Este fenómeno se explica, en gran parte, porque al dejar el tratamiento desaparece el efecto del fármaco sobre el apetito. “Es como quitar el pie del freno”, señalan los especialistas. El hambre regresa, y con ella, la tendencia a recuperar peso.
Una enfermedad crónica que requiere tratamiento sostenido
Los expertos insisten en que la obesidad debe entenderse como una enfermedad crónica, influida por factores biológicos, genéticos y ambientales. En este contexto, la medicación actúa como una herramienta eficaz, pero no definitiva. La dieta y el ejercicio siguen siendo fundamentales, pero a menudo no son suficientes por sí solos para mantener la pérdida de peso a largo plazo, especialmente en un entorno que favorece el sedentarismo y el consumo de alimentos ultraprocesados.
Por ello, cada vez más especialistas defienden un enfoque combinado: tratamiento farmacológico junto a cambios en el estilo de vida. En muchos casos, incluso, se plantea la necesidad de mantener la medicación durante largos periodos o reducirla progresivamente en lugar de suspenderla de forma abrupta. El debate, además, tiene implicaciones para los sistemas sanitarios, que deberán decidir cómo financiar y regular estos tratamientos ante una evidencia creciente: cuando se dejan, el peso vuelve.



