A poco más de un año de que expire la legislatura, las elecciones generales se vislumbran ya con nitidez en el horizonte político español. Pedro Sánchez insiste públicamente en agotar la legislatura, pero la realidad parlamentaria, económica e internacional apunta a que el presidente podría estar preparando el terreno para convocar comicios anticipados.
Las encuestas del CIS siguen siendo generosas con el PSOE.
El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (abril de 2026) mantiene al PSOE con un 36,4 % de estimación de voto, casi 13 puntos por delante del PP. Si se cree en estos números, Sánchez cuenta con un colchón suficiente para plantearse un adelanto electoral en condiciones favorables.El enfrentamiento con Sumar, Junts y PNV parece una estrategia premeditada.
Las relaciones con sus socios parlamentarios se han roto .
Junts ha declarado un “divorcio irreversible”, el PNV suspende reuniones indignado tras un meme y Sumar también muestra crecientes discrepancias. Lejos de ser un problema, este choque frontal parece una estrategia deliberada de Sánchez para marcar perfil propio de cara a las urnas. Al tensar la cuerda con sus antiguos aliados independentistas y de izquierda, el presidente busca aparecer como un líder fuerte e independiente ante su electorado.
Un año más sin presupuestos parece inaguantable.
Sin Presupuestos Generales del Estado para 2027 y con la mayoría parlamentaria hecha trizas, la gobernabilidad se ha vuelto prácticamente imposible. Mantener la legislatura un año más en estas condiciones resultaría insostenible tanto para la economía como para la imagen del Gobierno.
El horizonte económico se oscurece más de lo previsto.
Las previsiones del FMI ya apuntaban a un claro empeoramiento para 2027 (crecimiento del 1,8 % y inflación persistente). Sin embargo, la prolongación de la guerra en Oriente Medio podría deteriorar la economía española todavía más de lo estimado, con un impacto directo en los precios de la energía, las cadenas de suministro y el turismo. En un contexto de alto paro estructural y preocupación ciudadana por la vivienda y el empleo, este frenazo adicional podría resultar letal en las urnas.
La rentabilidad del anti trumpismo y la oposición a Netanyahu se diluye.
El Gobierno de Sánchez ha mantenido la línea más dura de toda la UE contra Trump y contra Israel. Pero esa estrategia, que en su momento generó rédito político interno, podría haber perdido fuerza dentro de un año. La máxima repercusión del antitrumpismo y de la posición ante Israel ya no parece que vaya a ir a más. Las amenazas de represalias comerciales de Washington son reales y el aislamiento en Europa empieza a notarse. Si las encuestas siguen siendo favorables y se las cree, Sánchez podría estar calculando que es mejor forzar la mano ahora y convocar elecciones antes de que el coste de esa política exterior se haga evidente para los votantes.
En definitiva, todo indica que Sánchez, confiado en las encuestas del CIS, ha decidido jugar fuerte: confrontar a sus socios para marcar territorio, evitar un año más sin presupuestos y adelantar las elecciones —probablemente a otoño— antes de que la economía se deteriore aún más y la rentabilidad de su política exterior se agote. Tampoco el panorama judicial parece que vaya a mejorar de cara a 2027. Las urnas ya no parecen tan lejanas. Y esta vez, la iniciativa parece estar en manos del presi dente.



