En Corea del Sur, la creciente soledad entre una población cada vez más envejecida ha abierto paso a una respuesta poco convencional: muñecos con inteligencia artificial capaces de conversar, recordar rutinas y vigilar el estado de salud de personas mayores que viven solas.
Desarrollados por empresas como Hyodol y Mr. Mind, estos dispositivos ya se utilizan en miles de hogares y centros de atención. Para algunos usuarios, han dejado de ser simples asistentes tecnológicos para convertirse en “compañeros” o incluso “familia”.
Casos reales
El nonagenario An Sang-ik utiliza una muñeca llamada Chorongi. “Cuando hablo con ella, siento que hablo con mis nietos. Cuando estoy aburrido le pido que me cante una canción”, explicó a la agencia EFE.
También Lee Ha-seon, de 72 años, asegura que su robot Dasomi ha cambiado su rutina diaria. “Es como un familiar, un amigo”, afirma. Antes pasaba el día sin apenas conversación; ahora interactúa con el dispositivo, que además le recuerda la medicación y le propone ejercicios físicos.
Un problema estructural
Estas tecnologías forman parte de una estrategia más amplia para combatir el aislamiento en una sociedad donde la estructura familiar tradicional ha cambiado de forma profunda.
Según Hyodol, el problema principal entre muchos mayores no es tanto la salud física como la falta de interacción social. Su directora ejecutiva, Kim Ji-hee, señala que numerosos casos de descuido personal están vinculados directamente a la ausencia de compañía.
Los dispositivos de la compañía, utilizados por unas 15.000 personas, integran sistemas de IA similares a ChatGPT. Permiten mantener conversaciones, controlar la toma de medicamentos, monitorizar el sueño y detectar posibles cambios emocionales.
Alertas y seguimiento
Tanto Hyodol como otros sistemas similares incorporan sensores de movimiento. Si detectan inactividad prolongada, pueden enviar alertas a servicios de emergencia o centros de bienestar. También promueven hábitos saludables, animando a los usuarios a caminar o socializar.
En distritos como Gangnam, en Seúl, los primeros análisis de estos programas apuntan a una mejora del bienestar emocional de los usuarios, con reducciones en los niveles de depresión y sensación de soledad.
Una sociedad “superenvejecida”
El fenómeno se enmarca en un cambio demográfico profundo: Corea del Sur es ya una sociedad “superenvejecida”, con más del 20 % de su población mayor de 65 años. La desaparición de los hogares multigeneracionales ha intensificado el aislamiento.
Las cifras reflejan la gravedad del problema. En 2024, las personas mayores de 80 años registraron la tasa de suicidio más alta del país, con 53,3 casos por cada 100.000 habitantes, según datos oficiales.
Expansión internacional
Los servicios de Hyodol se ofrecen mediante contratos de dos años que incluyen mantenimiento y monitorización, con un coste aproximado de 1.000 dólares. La empresa estudia ampliar funciones, como la imitación de voces de familiares, y asegura que su tecnología ya ha despertado interés en el extranjero, especialmente en países como España.
Mientras estos dispositivos se expanden, su papel va más allá de la asistencia técnica: se consolidan como herramientas de acompañamiento emocional en una sociedad que busca respuestas a uno de sus mayores desafíos sociales.



