Pedro Sánchez viajó a la Universidad de Harvard dispuesto a hablar de inteligencia artificial, algoritmos y los riesgos que, a su juicio, representan las grandes compañías tecnológicas para las democracias. Sin embargo, el turno de preguntas de los estudiantes terminó llevando al presidente del Gobierno a un terreno muy diferente.
Corrupción, las causas judiciales que afectan a su esposa y su hermano, el espionaje con Pegasus, Marruecos, el cambio de posición de España sobre el Sáhara Occidental o Venezuela fueron algunas de las cuestiones que los alumnos pusieron encima de la mesa durante el encuentro celebrado en el John F. Kennedy Jr. Forum.
Las intervenciones no han tardado en hacerse virales en España. En X, numerosos usuarios han destacado el contraste entre el contenido de las preguntas formuladas por los estudiantes y las que, según critican, recibe habitualmente el presidente en España.
«¿Qué les dice a quienes piensan que usted es una de las razones de esa corrupción?»
Una de las intervenciones más comentadas llegó de un estudiante que comenzó enumerando varios de los asuntos que han marcado la actualidad política y judicial española.
El joven mencionó las causas que afectan a Begoña Gómez y David Sánchez, esposa y hermano del presidente, así como al ex fiscal general del Estado Álvaro García Ortiz y otros casos relacionados con el PSOE y el Gobierno, antes de plantear a Sánchez qué respondería a quienes consideran que él forma parte del problema de corrupción en España.
Sánchez reconoció que tanto su Gobierno como su partido han sufrido casos de corrupción y defendió que había reaccionado ante ellos. Sin embargo, rechazó incluir en esa categoría las causas que afectan a su familia.
El presidente sostuvo que los procedimientos relacionados con su esposa y su hermano no son casos de corrupción ni escándalos y los vinculó a lo que considera «política sucia». También reprochó al estudiante que diera por culpables a ambos.
La pregunta llega además en un momento especialmente delicado para el presidente. Esta misma semana, el juez Juan Carlos Peinado ha abierto juicio oral con jurado contra Begoña Gómez por presuntos delitos de tráfico de influencias y malversación. La Fiscalía y la defensa solicitan su absolución.
Pegasus, Marruecos y el Sáhara
La ronda todavía reservaba otra pregunta especialmente incómoda. Otro estudiante recordó que el teléfono móvil de Sánchez fue infectado con el programa de espionaje Pegasus y relacionó aquel episodio con el posterior cambio de la posición española sobre el Sáhara Occidental.
El alumno preguntó al presidente si una tecnología como Pegasus podía haber influido en decisiones políticas de su Gobierno respecto a Marruecos, el Sáhara y la crisis migratoria de Ceuta.
Sánchez confirmó que su teléfono había sido hackeado, aunque recalcó que se desconoce quién estuvo detrás del espionaje y recordó que los hechos fueron denunciados ante la Audiencia Nacional.
También negó que sus decisiones políticas respondieran a presiones externas y defendió la posición adoptada por España sobre el Sáhara Occidental.
Y Venezuela también apareció en Harvard
El último gran asunto de política española llegó de la mano de otro estudiante, que llevó el debate hasta Venezuela y preguntó a Sánchez por la celebración de elecciones libres y por su posición respecto al expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero.
Sánchez respondió que España no reconoció los resultados electorales de Nicolás Maduro y defendió la celebración de elecciones libres y que sean los propios venezolanos quienes decidan el futuro de su país.
Sin embargo, no respondió a la parte de la pregunta referida específicamente a Zapatero.
Las preguntas terminaron alterando por completo el guion de un acto concebido inicialmente para abordar un asunto muy diferente. Sánchez había dedicado su intervención a advertir de los riesgos de la inteligencia artificial y del poder de las grandes compañías tecnológicas, a cuyos propietarios se refirió como «tecnooligarcas».
El presidente defendió una mayor regulación de la inteligencia artificial y alertó de que algunos algoritmos no están concebidos para servir a los ciudadanos, sino, según afirmó, para «esclavizarnos», debilitar el pensamiento crítico y distorsionar el debate público.
Pero fueron los minutos posteriores al discurso los que acabaron acaparando buena parte de la atención en España. Un turno de preguntas universitario convertido, inesperadamente, en un interrogatorio sobre algunos de los asuntos más incómodos de la política nacional.



