El sábado de furia que acelera el duelo Mélenchon-Le Pen, con ventaja de la líder del RN

El macronismo desbordado

Marine Le Pen
Marine Le Pen

Ayer sábado 17 de octubre dejó en Francia un paisaje de escombros y una polarización exacerbada. Medio millón de personas, según el Ministerio del Interior (cerca de 800.000 según los organizadores), salieron a la calle contra el coste de la vida, la degradación de los servicios públicos y las condiciones en la educación. Chalecos amarillos, estudiantes, sindicatos y agricultores coincidieron en una movilización que en muchas ciudades derivó en violencia: el ayuntamiento histórico de Limoges fue destruido por un incendio, la oficina de turismo de Lyon ardió, se saquearon comercios en París, Marsella, Lyon y otras ciudades, y se registraron enfrentamientos cerca del Elíseo. El balance provisional superó las 1.800 detenciones , más de 500 policías heridos y la muerte de un manifestante en París.

El gobierno de Sébastien Lecornu y el propio Emmanuel Macron reaccionaron con una condena firme de la violencia y la promesa de perseguir a los responsables de los saqueos y los ataques a edificios públicos. Culparon a la “ultrizquierda” y a grupos de delincuentes de haber secuestrado una protesta legítima. El problema para el macronismo es que el malestar por los precios y el poder adquisitivo es amplio y no se circunscribe a una minoría radical. El centro queda sin un relato propio: ni puede negar la realidad del descontento económico ni logra proyectar una respuesta de orden creíble. A seis meses de las presidenciales de 2027, la imagen de un ejecutivo desbordado refuerza la percepción de fin de ciclo.

Jean-Luc Mélenchon y La France Insoumise aprovecharon la jornada para consolidar su posición. Habían apoyado abiertamente la movilización y, una vez desatada la violencia, mantuvieron una línea ambigua: condenaron el pillaje como “contrario a nuestros métodos”, pero señalaron a las fuerzas del orden como responsables de parte del desorden y acusaron al gobierno de provocación. Esta postura le permite presentarse como el único que no criminaliza a los manifestantes y que abanderan las reivindicaciones sociales. Su base —jóvenes, sectores populares y una parte importante de los hijos de inmigrantes de las banlieues— se siente representada. El riesgo es evidente: asociarse demasiado a las imágenes de caos puede alejar a votantes más moderados, pero en el corto plazo moviliza y radicaliza a los suyos.

Marine Le Pen optó por una posición distinta. Reconoció la legitimidad de gran parte de las demandas vinculadas al coste de la vida, pero trazó una línea clara: las reivindicaciones sociales “han sido tomadas como rehén” por la extrema izquierda. Acusó a Mélenchon y a los diputados de LFI de legitimar la violencia al presentar el orden como opresión y el desorden como un derecho. De esta forma intenta ocupar el espacio de quienes quieren soluciones al poder adquisitivo sin renunciar a la seguridad y al orden público. Su electorado tradicional —más ligado a la Francia de las clases medias y populares de provincias y a una visión más clásica de la nación— encuentra en ese mensaje una respuesta coherente.

El sábado 17 de octubre no inventó la polarización francesa, pero la aceleró. Mélenchon emerge como el candidato de la confrontación y de una parte de las banlieues; Le Pen, como la de la reivindicación social sin el caos. El macronismo, atrapado entre ambos, sale más debilitado. Las imágenes del ayuntamiento de Limoges en llamas o de las barricadas en los Campos Elíseos no solo muestran un problema de orden público: ilustran un país en el que el malestar económico se convierte con rapidez en enfrentamiento político, y donde los dos polos ya compiten por capitalizarlo de cara a 2027.

Impacto en las presidenciales de mayo 2027

Las encuestas ya mostraban antes de los disturbios una posición muy sólida de la dirigente del RN y posibilidades de que Mélenchon ( 18%) alcanzara la segunda vuelta. Pero esa eventual coincidencia encierra una profunda desigualdad: el barómetro Odoxa publicado por Public Sénat situaba a Le Pen en el 37 % en primera vuelta y le atribuía una ventaja mucho mayor frente a Mélenchon (67% a 33%) que frente a Édouard Philippe en la segunda.

Ahí reside la paradoja. Mélenchon puede encontrar en la protesta el impulso necesario para disputar el acceso a la segunda vuelta, mientras Le Pen puede encontrar en el temor que provoca esa misma protesta el impulso para ganarla.

Las dos posturas polarizadoras

Francesc Moreno
Francesc Moreno
Abogado y editor. Ha sido profesor de derecho financiero en la UAB y derecho mercantil en la UB. Fundador de cronicaglobal.com y SCC .

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