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Infeliz aniversario

El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), Fernando Simón, Foto: Europa Press

El pasado 31 de enero se cumplió un año desde que Simón, director del Centro Nacional de Alarmas y Emergencias Sanitarias (CNAES), nos confortó a los españoles con una ‘predicción’ digna de recordarse, no precisamente por su gran precisión y acierto, sino por lo desatinada que resultó ser al subestimar la gravedad de las alarmantes noticias que llegaban de Wuhan desde finales de diciembre y para cualquier observador mínimamente perspicaz no dejaban lugar a dudas: se había desatado una epidemia causada por un nuevo coronavirus (Covid-19) de alta transmisibilidad y elevada letalidad. Infravalorar una y otra vez la gravedad de lo que estaba ocurriendo en China y la amenaza que suponía para los ciudadanos españoles, enfrascados en su vida cotidiana y ajenos a lo que allí ocurría, constituyó una prueba de incompetencia profesional que debería haber bastado para cesar en su cargo al director del CNAES.

La única explicación que encuentro a que no fuera cesado inmediatamente un profesional incapaz de alertarnos sobre la gravedad de la avalancha que se nos venía encima es que sus inmediatos superiores, Illa, ministro de Sanidad, y Sánchez, presidente del Gobierno, eran incluso más incompetentes e ignorantes que el propio Simón, y alguien debía comparecer todos los días ante los medios de comunicación para entretener al personal, cuando no directamente para contar medias verdades y hasta mentiras. En muchos ámbitos, la eficacia en la gestión de las Administraciones Públicas es una cualidad que brilla por su ausencia en España, si bien normalmente las deficiencias en los servicios pasan más o menos desapercibidas para el público, salvo cuando, claro está, se produce una emergencia que deja al descubierto las vergüenzas sin posibilidad de encubrirlas con argucias y palabras vacías.

Datos incontestables

Las cifras de fallecidos semanales en España que proporciona el INE resultan demoledoras. Entre el 12 de enero de 2020 y el 17 de enero de 2021, el número de fallecidos en España superó en 87.264 el número de fallecidos entre el 14 de enero de 2019 y el 12 de enero de 2020. Hay, es verdad, computados algunos días más en 2020 debido a que el INE incluye en 2020 una semana más a caballo entre 2019 y 2020, pero la diferencia en el número de fallecidos es tan enorme que cualquier corrección de unos días sólo maquillaría muy levemente la elevada letalidad que ha originado la epidemia y su desastrosa gestión. 87.264 muertos suponen muchas vidas truncadas y un enorme sufrimiento que, en buena parte, podría haberse evitado si Simón, Illa y Sánchez (SIS) hubieran alertado a la población, realizado compras de material en previsión de la llegada de la epidemia y preparado al sistema sanitario y a las residencias de mayores para hacer frente a la previsible avalancha que ello, de manera incomprensible e irresponsable, prefirieron ignorar hasta que ya la teníamos encima.

Gráfico 1. Exceso de mortalidad por todas las causas
Fuente: Centro Nacional de Epidemiología. Instituto de Salud Carlos III.

El último informe publicado por el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo) el 2 de febrero indica que se han producido cuatro episodios de exceso de mortalidad entre el 10 de marzo de 2020 y el 1 de febrero de 2021 con un total de exceso de fallecimientos respecto a los habituales que asciende a 79.147 fallecidos. La cifra es algo inferior a la que proporciona el INE a pesar de incluir el mes de enero completo, pero resulta en todo caso tan estremecedora que bien podemos decir que estamos ante la mayor catástrofe sanitaria y humanitaria de la sociedad española desde el final de la Guerra Civil. El hecho que quiero resaltar es que, como muestra el Gráfico 1, el 56,3% de los fallecidos se produjeron entre el 10 de marzo y el 7 de mayo mientras que el resto 44.574 se distribuye durante un período que va desde el 20 de julio de 2020 hasta el 1 de febrero de 2021. Si el SIS hubiera adoptado las medidas apropiadas antes de la irrupción de la epidemia ese pico asesino no se habría producido y podrían haberse salvado miles de personas fallecidas.

Vamos a contar mentiras, tralará…

El 31 de enero de 2020 (razón del título del artículo), Simón comparecía ante los medios de comunicación y afirmaba sin pestañear que “España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado» y que esperan que «no haya transmisión local y en ese caso sería muy limitada y muy controlada». En esa misma comparecencia, se atrevía a sostener que “con la información que tenemos ahora mismo, hay indicios de que esta enfermedad sigue sin ser excesivamente transmisible”. Y concluía el director del CNAES que “por lo tanto parece, según número de casos diagnosticados día a día, que la epidemia comienza a remitir”. No hace falta recordarles que se han producido 3 millones de contagios y en torno a 90.000 fallecidos en España y sus regiones desde entonces.

«Si el SIS hubiera adoptado las medidas apropiadas antes de la irrupción de la epidemia ese pico asesino no se habría producido y podrían haberse salvado miles de personas fallecidas.»

La interpretación benévola de esta sarta de lugares comunes es que con la información disponible en ese momento era imposible predecir con precisión la magnitud de la catástrofe que iba a producirse en España. Pero una cosa es no ser capaz de predecir con exactitud la magnitud de la avalancha y otra muy distinta asegurar que España no iba a ser pasto de la epidemia. Con la información que ya se disponía en esos momentos sobre la alta transmisibilidad y elevada letalidad del virus, constatada trágicamente en Wuhan, la actitud razonable del máximo responsable del CNAES hubiera sido haber hecho sonar la campana de alarma y haber recomendado a la población y al gobierno adoptar inmediatamente medidas de emergencia para prevenir la irrupción del virus, evitar en lo posible la transmisión interpersonal y preparar los sistemas sanitario y asistencial, incluidas las residencias de mayores, para amortiguar sus estragos.

En lugar de hacer lo que tocaba, el SIS nos confortaba diciéndonos que la gripe era mucho más preocupante y que llevábamos años preparando nuestro sistema sanitario para afrontar posibles situaciones de emergencia. No, no fue error de un día sino un error contumaz, repetido una y otra vez en las comparecencias de Simón e Illa. El 7 de marzo, Simón ridiculizaba con suficiencia a la periodista que osó preguntarle al supuesto experto por la posibilidad, expresada por el responsable de un centro hospitalario, de que se produjera una avalancha de casos que colapsara la atención sanitaria. Estábamos en vísperas de la ‘ochomarzada’ y Simón se atrevió a asegurar en televisión que no había riesgo alguno en asistir a las manifestaciones feministas convocadas al día siguiente. En la cabecera de la multitudinaria manifestación de Madrid se encontraban la vicepresidenta Calvo, varias ministras y la esposa del presidente Sánchez que, si no estaban ya contagiadas, enfermaron pocos días después.

Resulta imposible en un artículo enumerar la interminable lista de despropósitos verbalizados por el director del CNAES y el ministro Illa durante estos meses fatídicos para los españoles. En relación con el uso de mascarillas por la población, el director del CNAES manifestó el 20 de febrero que “no es necesario que la población ahora mismo esté preocupada por si tienen o no mascarillas en casa”. ¿Por qué debíamos estar preocupadas? Por la gripe, naturalmente. El 20 de mayo, después de que se hubieran producido en España 44.573 muertos más de las habituales entre el 10 de marzo y el 7 de mayo, Simón nos aclaraba que “en una situación de escasez en el mercado de mascarillas quisimos ser prudentes a la hora de hacer recomendaciones que no se pudieran aplicar”. Más claro agua: el SIS había engañado deliberadamente a los españoles sobre la conveniencia de utilizar mascarillas, por la sencilla razón de que Simón, Illa y Sánchez no se habían preocupado durante los meses de enero y febrero de abastecer el mercado. Estamos hablando de una irresponsabilidad temeraria que dejó 44.573 muertos durante la primera oleada de la epidemia.

Las gallinas que entran por las gallinas que salen

El 1 de febrero de 2021, Simón volvió a las andadas en una comparecencia digna de un sketch del cómico Mota, de no ser porque la vida de los ciudadanos está en juego. Preguntado acerca de la incidencia de las nuevas variantes del virus (minuto 15 en el video), el experto de botica nos alegraba el día con unas cuantas perlas marca de la casa. “Lo que más me preocupa -decía- es que apliquemos las medidas de prevención de la transmisión correctamente” y si “circulan las variantes más transmisibles, tendremos que aplicarlas aún mejor”, porque “tenemos que tener claro eso. Las medidas de control de la transmisión de la variante británica y de las variantes que circulan en España no son diferentes”. Las variantes -continuó Simón- van a ir ocupando espacio”, pero que “ocupen espacio no quiere decir que vaya a haber incrementos importantes de transmisión si aplicamos bien las medidas”, porque “del total de variantes que circulan en España van a ir despareciendo algunas y las que vayamos encontrando serán cada vez más las que se transmiten mejor o las que tienen una ventaja evolutiva sobre las otras. Pero puede ser perfectamente controlable”. Lo que les decía: “las gallinas que entran por las que salen”.

«Una cosa es no ser capaz de predecir con exactitud la magnitud de la avalancha y otra muy distinta asegurar que España no iba a ser pasto de la epidemia.»

El problema es que nadie sabe si esas variantes que “transmiten mejor” y “tienen una ventaja evolutiva sobre las otras” son, como concluye alegremente Simón, que la situación “puede ser perfectamente controlable”. La verdad es que tras revisar el pobre historial de aciertos de Simón para predecir el curso de la epidemia, esa afirmación en boca suya es para echarse a temblar. Fíjense lo que les digo: me sentiría más seguro si la afirmación la hubiera hecho un augur después de examinar las vísceras de un animal sacrificado, porque escucharlo en boca de quien nos advirtió hace ahora un año que en España no habría más allá de unos pocos casos y nos confortaba diciendo que el CNAES llevaba décadas preparándose para afrontar emergencias sanitarias como la que representaba el Covid-19, no sé qué efecto les produce a ustedes, pero a mí me alarma y me pone los pelos de punta. Así que abróchense el cinturón y agárrense fuerte que vienen curvas, porque les aseguro que la cifra de exceso de mortalidad (en 12 meses) a finales de febrero rondará la escalofriante cifra 100.000 fallecidos. ¿Es o no éste un infeliz aniversario para los españoles?

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