Perdonen por tomar prestado el título de la última película de Berlanga, pero es que con tantos sumarios abiertos que investigan a quienes fueron estrechos colaboradores de Sánchez en el PSOE y en el Gobierno, así como al hermano y a la esposa del presidente, constituyen ya legión quienes pueden acabar siendo juzgados, condenados y encarcelados en los próximos meses. Aunque de momento resulta obligado hablar de presuntos delitos y otorgarles a todos los investigados la presunción de inocencia, como los ministros y portavoces del PSOE nos recuerdan cada día, lo cierto es que los indicios son tan graves que algunos de esos hombres del presidente, como Ábalos y su asesor Koldo están ya en la cárcel, y otros, como Santos Cerdán, han pasado en Soto del Real varios meses y van a volver más pronto que tarde a ocupar una celda. A estos casos, se ha sumado en las últimas semanas el del expresidente Rodríguez Zapatero (Zapatero) cobre cuyo futuro procesal sobrevuelan oscuros nubarrones. El 17 y 18 de junio la prudente investigación del juez Calama puede dar un buen susto a quienes defienden su inocencia.
Un plato de lentejas y los collares de mi suegra
En mi artículo de la semana pasada, me sorprendía de que personas como Raúl Morodo (catedrático de Derecho Político y Constitucional, fundador del Partido Socialista Popular junto a Tierno Galván, embajador de España en la Unesco, en Portugal y en Venezuela) y Zapatero (secretario general del PSOE y presidente del Gobierno) hubieran podido ser tan bobos como para “emborronar sus más que brillantes trayectorias políticas y el desahogado nivel de vida que habían alcanzado con ellas por un plato de lentejas envenenado”. Entiéndaseme: hablo de brillante trayectoria no porque sus desempeños me deslumbren sino para subrayar que alcanzaron puestos políticos muy destacados a lo largo de sus vidas.
Especialmente llamativo es el caso de Zapatero, el secretario general del PSOE que llegó a decir que “bajar los impuestos es de izquierdas”, ganó contra todo pronóstico las elecciones generales el 14 de marzo de 2004, volvió a ganar las elecciones el 8 de marzo de 2008, y se mantuvo como presidente hasta que la mala gestión de la crisis financiera y la recesión que se iniciaron a finales de 2008 le obligaron a adelantar los comicios que perdió el 10 de noviembre de 2011. Como expresidente, se incorporó al Consejo de Estado el 9 de febrero de 2012, puesto por el que cobraba 100.000 euros anuales con carácter vitalicio. Zapatero ocupó ese cargo hasta el 1 de septiembre de 2015 en que renunció temporalmente para presidir el consejo asesor de la fundación alemana Instituto de Diplomacia Cultural. Antes de su renuncia, Zapatero había empezado a explorar la posibilidad de realizar negocios lucrativos en el continente americano, pese a ser incompatibles con su cargo en el Consejo de Estado.
Un buen amigo me reprochó que empleara la expresión “un plato de lentejas envenenado” porque -me decía- “si algún día llega a salir la porquería gorda, creo que veremos cifras mareantes”. Quiero aclarar también que no es que yo creyera que tan distinguidos ‘socialistas’ se habían prostituido por unos pocos millones de euros, porque como advertía en el artículo la instrucción del caso Zapatero tenía un largo camino por delante y había “mucho material incautado en los registros realizados en varios despachos esta semana por analizar, numerosos testigos que serán llamados a declarar, varias personas más que a buen seguro van a ser investigadas por sus estrechas relaciones con Rodríguez Zapatero y Martínez, e infinidad de cabos sueltos por atar”. Quizá, como adelantaba mi amigo, la cifra total de las mordidas acabe siendo mareante en este caso, pero es al juez Calama al que le corresponde cuantificarlas.
En otras palabras, lo que pretendía subrayar cuando recurrí a la expresión bíblica “por un plato de lentejas” es que sólo un bobo integral es tan inconsciente como para no anticipar que sus trampantojos empresariales acabarían saliendo a la luz antes o después y arruinando sus vidas personales y familiares. Cada hora que pasa, afloran nuevos detalles de la trama empresarial Zapatero-Martínez y sus conexiones con la República Maduriana que, a buen seguro, han demudado el semblante de más de un militante y votante del PSOE de Sánchez, convencidos hasta hace unas semanas de que las labores de intermediación del bondadoso y progresista Zapatero en Venezuela eran completamente desinteresadas y respondían a una genuina preocupación por el bienestar de los venezolanos.
Como me decía otro amigo con mucha guasa, al departamento de comunicación de Ferraz sólo le falta ya redactar una nota de prensa explicando a los militantes y votantes del partido socialista que el incorruptible cráneo de Zapatero planeaba abrir una joyería en la misma calle de Ferraz sin fines de lucro para ayudar a familias vulnerables, circunstancia que explicaría por qué había depositado numerosas alhajas y relojes de alta gama en la caja fuerte de su despacho bajo la custodia de María Gertrudis Alcázar. Sin duda, tanto el futuro de Koldo, como asesor para todo de Ábalos, como el de Alcázar, la secretaria para todo del expresidente Zapatero, se ha complicado notablemente por ser ambos piezas operativas esenciales de las presuntas organizaciones delictivas organizadas por sus patronos.
Zapatero va camino de ser otro perfecto desconocido
No mientras el número 1 de la trama continúe dando todo su apoyo a Zapatero, y diciendo tras conocer la imputación del expresidente que “no hay motivos para cambiar mi posición”. Mientras el presidente Sánchez continúe respaldando a Zapatero, las mediocridades políticas que repiten al unísono las consignas de Moncloa en Ferraz (Montserrat Mínguez), en el Congreso (Patxi López) y en el Palacio de la Moncloa (Olga Saiz, Óscar Puente,´Óscar Lopez, Víctor Torres y Cia.) se atreverán a poner en duda la honorabilidad del expresidente. La operación “negarlo todo” se ha puesto en marcha por enésima vez como ya ocurriera cuando Sánchez respaldó con firmeza a Ábalos hasta por lo menos el 23 de julio de 2023 y mostró su respaldo inequívoco a Cerdán hasta que prácticamente su secretario de organización y ‘cerebro’ de los ataques a jueces fiscales pisara la puerta de la cárcel.
Pero la instrucción del caso Zapatero está abriendo tantos frentes dentro y fuera del territorio nacional que todos estos esbirros de Sánchez no tardarán mucho en seguir los pasos de aquel otro Pedro (¿o era el mismo?) que refiriéndose a Ábalos, su mano derecha en el partido y más estrecho colaborador en el Gobierno, dijo que para él “era un gran desconocido”. No creo que tarde mucho Mínguez en mostrar una impostada sorpresa cuando alguien le pregunte por su relación con Zapatero y responda sin pestañear. ¿Relación? Apenas lo conocía. Alguna vez nos cruzamos en los pasillos de la sede y una vez coincidimos en el ascensor. Para mí, era un perfecto desconocido y me siento muy decepcionada por no haberme enseñado su colección de alhajas.
Reflexiones finales
Lo más lamentable de la situación presente no es la patética imagen de los estómagos agradecidos (Míngueces, Lópeces, Puentes, Torres altas y Cia.) en sus fútiles intentos de encubrir los casos de corrupción de sus dos secretarios de organización y entorpecer las investigaciones judiciales que afectan al PSOE y al entorno personal de Sánchez –“Me voy de urgencia a Madrid. Me ha mandado Santos [Cerdán], tenemos información que ayudaría al presidente”, palabra de fontanera-, sino que quienes han presumido de rectitud moral por ser de izquierdas y lo auparon al poder el 1 de junio de 2018 sigan sosteniendo sin ningún pudor al Gobierno más corrupto de nuestra corta democracia. A nada mejor pueden aspirar los líderes de coaliciones como Sumar y Podemos, y de los partidos nacional independentistas, PNV, Junts, ERC y EH Bildu, que a tener como interlocutor en Moncloa a un presidente acorralado por la corrupción y dispuesto a dar satisfacción a sus demandas para evitar su caída estrepitosa y rendir cuentas ante los tribunales de justicia.
Hay mucho en juego para el PSOE, de ahí la preocupación que sienten algunos líderes socialistas por la gestión del actual secretario general Algunos líderes históricos como González y Guerra que refundaron el partido en 1974 han mostrado sus discrepancias abiertamente desde que Sánchez decidió amnistiar a los golpistas para ser investido en noviembre de 2023. García-Paje, presidente de Castilla La Mancha, no ha dudado en reconocer abiertamente que “es, con diferencia, el peor momento de mi partido” desde el inicio de la democracia y que continuar adelante sin convocar elecciones en estas circunstancias sólo puede agravar la situación porque sigue habiendo «muchas investigaciones en marcha». ¡Qué razón tienen!
No son los únicos militantes que piden celebrar elecciones generales para acabar con el liderazgo de Sánchez y limpiar el estercolero en que Sánchez y toda su compaña han convertido Ferraz desde que se hizo con la secretaría general arropado por una pléyade de presuntos delincuentes. En un acto de cinismo máximo que retrata al sujeto perfectamente, hemos escuchado atónitos a Sánchez, tras visitar al Papa en el Vaticano, que no convoca elecciones precisamente porque a él no le mueve un interés partidista sino el interés general, cuando lo único que mueve a Sánchez en su huida desesperada hacia adelante es no seguir los pasos de Ábalos, Cerdán y Zapatero y acabar con ellos y algunos compinches más en Soto del Real.



