Por qué no votaré al PSOE de Sánchez

Razones de un desencanto

Cartel de la campaña
Imagen difundida en redes sociales por simpatizantes y cargos del PSOE bajo el lema «Yo con Pedro», en apoyo a la continuidad de Pedro Sánchez al frente del Gobierno.

En víspera de las elecciones generales celebradas el 23 de julio de 2023, el escritor Cercas publicó una columna en uno de los diarios de cabecera del régimen sanchista, El País, titulada“ Por qué pienso votar a Pedro Sánchez”. Justificaba el autor la decisión de abrirnos los secretos de su trémulo corazón ante una cita política tan importante con el siguiente razonamiento: “la razón principal es que es el candidato del PSOE y el PSOE es el principal representante en España de la socialdemocracia, y la socialdemocracia ha creado las sociedades más prósperas, libres e igualitarias del mundo”. Una argumentación bastante desacertada porque el PSOE de Sánchez a mediados de 2023 nada tenía que ver con el PSOE liderado por Felipe González y Alfonso Guerra en las décadas de los 80 y 90, un PSOE que sí representó para la mayoría de los españoles la alternativa socialdemócrata, confirmó la viabilidad de la alternancia política en el marco de la Constitución de 1978 y culminó el proceso de transición política de la dictadura a la democracia en España.

Algunos tardan en enterarse de que les engañan
La posición de Cercas resulta incluso menos consistente de lo que uno podría pensar
inicialmente puesto que, al residir en un pueblo del Bajo Ampurdán, presumo que no votó al PSOE aquel 23-J sino al PSC de Illa, actual presidente de la Generalidad de Cataluña, el mismo hombre de palabra que había asegurado a los votantes socialistas en noviembre de 2022 que “las conductas de 2017 tienen tipificación penal” y afirmaba sin pestañear que el delito de rebelión seguía vigente en el Código Penal y no habría “ni amnistía, ni nada de eso, lo repito, para que quede claro, ni amnistía ni nada de eso” para los golpistas. Al parecer, Cercas no se había enterado de las intenciones de Sánchez e Illa de amnistiar a los golpistas catalanes cuando el 12 septiembre 2023 publicó otro artículo, en su diario de cabecera, con un título muy enfático: “No habrá amnistía”. En ese artículo, Cercas llegó a decir “me niego en redondo a creer que el presidente Sánchez vaya a cometer semejante desatino”.

El 13 de noviembre de 2023, el grupo socialista en el Congreso, formado por el PSOE y PSC, registró un proyecto de ley para conceder la amnistía a los golpistas para comprar los votos de los 14 diputados de ERC y Junts e investir presidente a Pedro Sánchez tres días después. El bueno de Cercas despertó de su ensimismamiento finalmente el 23 de diciembre y publicó otro artículo en el que manifestaba sentirse profundamente decepcionado por la medida adoptada por los mismos líderes para los que había pedido el voto cinco meses antes, aunque difuminaba su responsabilidad al culpabilizar a “una clase política cínica, irresponsable y envenenada por el poder, que no trabaja para unirnos sino para separarnos, que considera el engaño un instrumento legítimo, y pueril la mínima exigencia ética. Hemos tocado fondo”. El indignado Cercas se declaraba antisistema y llamaba a sus lectores “a la rebelión general” que concretaba en el compromiso de votar en blanco de ahora en adelante y abogar por la lotocracia. ¡Menuda rebelión la suya!

Quizá la clave para entender la escasa lucidez de Cercas como analista político resida en la
confesión que hizo él mismo en una entrevista publicada en la revista Esquire el 23 de marzo de 2021: “para mí es como si el mundo no existiera. Si no, no podría hacerlo. No se puede crear un mundo si no te abstraes del que te rodea”. El escritor parece haber vivido tan abstraído en su mundo que ni siquiera se percató del enorme daño que el PSC ocasionó a causado a la sociedad española cuando decidió convertirse en el lazarillo de ERC e impulsó el proyecto de Reforma de Estatuto de Cataluña en 2003. Tampoco parece haberse percatado de que Sánchez dejó de ser un líder socialdemócrata en 2018 (si es que alguna vez lo fue), y que sus acuerdos con los golpistas catalanes, pneuvistas vascos y herederos de ETA para alcanzar la Moncloa no encajan con su visión del PSOE como un partido que impulsa la prosperidad, la libertad y la igualdad.

¿A cuento de que viene todo esto?
Alguno de ustedes se preguntará tal vez a qué viene todo este recordatorio en medio del tórrido verano y hasta si acaso el eclipse del pasado 12 de julio me habrá dejado algo trastocado. Merecen una explicación: la actitud de Cercas ilustra la resistencia de tantos españoles a dejar de votar al PSOE y al PSC. Algunos residentes en Cataluña no dimos cuenta de la gravedad de la situación cuando fundamos Ciudadanos en junio de 2006, mientras que otros, como Cercas, mantuvieron su fe en los socialistas durante todo el proceso secesionista que, no olvidemos, el PSC propició al aprobar el proyecto de Reforma del Estatuto de Cataluña el 30 de septiembre de 2005 junto con los dos partidos que liderarían el proceso de secesión. Y lo que resulta incluso más grave: ni los cambios de opinión de Sánchez sobre la naturaleza del proceso secesionista tras su llegada a la Moncloa, ni los indultos concedidos a los cabecillas en noviembre de 2023,
pese al informe desfavorable del Tribunal Supremo, hicieron mella en su fe. Cercas aguantó más de 7 años, desde el 1 junio de 2018 hasta el 12 de diciembre de 2023, en tomar nota de los reiterados engaños del PSOE de Sánchez y el PSC de Illa antes de declararse decepcionado, llamar a la rebelión y anunciar que, como castigo, votará en blanco.


Claro que lo sorprendente no es tanto la tardanza de Cercas en rebelarse contra los partidos que lo habían engañado, sino que varios millones de españoles sigan todavía dispuestos a votar al PSOE de Sánchez y al PSC de Illa. Las encuestas electorales apuntan a que ambos partidos podrían obtener más 100 escaños en las próximas elecciones y uno se pregunta qué tiene que suceder para que esos ciudadanos se sientan, como Cercas, decepcionados, se rebelen y dejen de votarlos. Además del respaldo al inconstitucional proyecto de reforma del Estatuto, la pésima gestión de la pandemia, con Illa al frente del Ministerio de Sanidad (remito al lector interesado a mi libro “Covid-19: la Gran Decepción”), la instrumentación partidista por los gobiernos de Sánchez de una trágica Guerra Civil que terminó hace 87 años para desviar la atención, el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental para satisfacer las exigencias de un régimen autocrático, el blanqueamiento de la coalición EH Bildu, la organización política heredera de la banda terrorista ETA, y las diversas tramas de corrupción urdidas desde la secretaría de organización del PSOE de Sánchez y el Ministerio de Transportes,
son, individualmente y en conjunto, razones de suficiente peso para no votar nunca más a
Sánchez.

¿Quién está equivocado?
Graves como son todos estos asuntos, querría destacar una cuestión central que es “la razón principal”, como diría Cercas, por la que nunca votaré a un partido liderado por Sánchez y respaldaré al partido con mayor probabilidad de desalojarlo de la Moncloa, incluso si muchos de sus propuestas no terminan de convencerme o incluso me incomodan. Y es que, si los indultos a los golpistas catalanes condenados por el Tribunal Supremo supusieron ya un ataque muy grave a nuestro sistema democrático, el proyecto de Ley Orgánica de Amnistía con el que el grupo socialista (PSOE y PSC) compraron los votos de Junts y ERC para investir a Sánchez presidente el 16 de noviembre de 2023, vino a dar la razón a los golpistas y a deslegitimar tanto las medidas adoptadas por el Senado para frenar el golpe de Estado el 27 de octubre de 2017 como las posteriores actuaciones del Tribunal Supremo para juzgar a sus cabecillas. En pocas palabras, el Gobierno de Sánchez giró 180 grados su posición sobre la naturaleza del proceso secesionista, se puso del lado de los golpistas y deslegitimó las actuaciones de dos instituciones centrales del Estado: el Senado que aprobó la aplicación del artículo 155 de la Constitución y el Tribunal Supremo que instruyó las causas contra los líderes golpistas.

Me pregunto, cómo millones de compatriotas pueden mirar a otro lado y tragarse estos sapos ypensar, para colmo, que están en el lado correcto de la historia. ¿Quiénes están equivocados, los defensores del estado de derecho, o quienes lo socavan para mantenerse en el poder a cualquier precio? Cuando escucho a algunos ciudadanos justificar los indultos y la amnistía a los golpistas, la instrumentalización de instituciones del Estado como la Fiscalía y Abogacía del Estado y el Tribunal Constitucional, mostrarse comprensivos con las mentiras y las tramas corrupción del sanchismo, apelando a la prosperidad económica, más aparente que real, todo sea dicho, que estamos viviendo en los últimos años, no puedo evitar acordarme de quienes justificaban la dictadura de Franco destacando los indudables y asombrosos avances económicos registrados por la economía española desde finales de los años 50 hasta 1975. Por pura higiene democrática algunos pensábamos entonces que no se podía respaldar a la dictadura, pese al creciente bienestar económico de la mayoría de los españoles, y por pura higiene democrática algunos pensamos ahora que no se puede respaldar a los partidos que registraron el proyecto de ley de amnistía en el Congreso mientras su principal beneficiario, Sánchez, sea el nexo de todas las obscenas tramas de corrupción, institucional y económica, que están minando nuestra democracia. No, lo repito para que quede claro, no votaré nunca al PSOE de Sánchez ni al PSC de Illa.

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