Miren a Casablanca y a lo mejor aciertan

El podio de ministras incompetentes: Mónica García, Elma Saiz, Sira Riego

Este verano he dedicado algunas columnas a unos cuantos ministros de Sánchez que han
destacado por su ignorancia o incompetencia manifiesta, como (Diana) Morant, ministra de Ciencia, Innovación y Universidades que llegó a comparar a Feijóo con Hitler, como Bolaños, ministro de injusticia y especialista en constitucionalizar amnistías que nos sorprendió con otro vergonzoso indulto, esta vez concedido a (Laura) Borrás, y, como no, el Gran Marlaska, ministro del interior de las cloacas y otros menesteres propios de saunas. La penúltima columna se la dediqué al N.º 1 quien, tras pasar raudo por Ceuta el 31 de julio para dar la cabezada (expresión empleada en mi tierra para referirse a quienes acuden por mero compromiso al final del funeral para dejarse ver por los familiares del difunto) un día después de la invasión de la ciudad, partió al día siguiente hacia la mansión de La Mareta en Lanzarote para disfrutar de un merecido descanso.

Incluso quienes rechazamos algunas iniciativas del presidente González en política exterior y política antiterrorista, quienes sentimos auténtica vergüenza por algunas decisiones de política exterior del presidente Aznar y las lamentables actuaciones de sus gobiernos tras el trágico accidente del Yakolev-42 en Trebisonda y los atentados terroristas del 11-M, quienes contemplamos estupefactos la connivencia de Maragall, Montilla y Zapatero con los
independentistas catalanes, y, en fin, quienes rechazamos las equivocadas e inefectivas políticas de apaciguamiento seguidas por el presidente Rajoy y su vicepresidenta Sáenz de Santamaría hasta la declaración de la independencia el 27 de octubre de 2017, todos aquellos gobiernos nos parecen hoy casi idílicos al comparamos con todo lo acontecido desde que Sánchez puso sus pies en la Moncloa aquel fatídico 1 de junio de 2018.


¿Cabe más cinismo? La semana pasada expliqué por qué nunca votaré al PSOE de Sánchez y por qué votaré al partido con mayores probabilidades de echarlo de Moncloa y cada día que pasa surgen nuevos motivos para reafirmarme en mi posición. Esta semana ocupan el podio de la incompetencia y /6cinismo tres ministras del gobierno de Sánchez: el oro es, sin duda, para (Mónica) García, ministra de Sanidad responsable directa de los servicios sanitarios en Ceuta y Melilla que, a diferencia de las Comunidades Autónomas, administra directamente el Estado; la plata es para (Elma) Saiz, ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, entre cuyas competencias figura impedir la llegada de inmigrantes irregulares a España; y el bronce para (Sira) Rego, ministra de la Juventud y de la Infancia, casi con toda seguridad una completa desconocida para la mayoría de españoles de un Ministerio inventado para aumentar la nómina del Gobierno.

Mal como nos pareció que Sánchez pasará por allí el 31 de agosto, se desentendiera de la
situación y se marchara al día siguiente a La Mareta para ponernos al día de sus gustos
musicales y literarios, lo cierto es que dos de las tres ministras que ocupan el podio han
superado con creces a su presidente. En irresponsabilidad, se entiende. Comencemos por García.
La delegación del Gobierno en la ciudad autónoma informaba a bombo y platillo el 16 de agosto que “la ministra de Sanidad Mónica García ya está en Ceuta para conocer de primera mano la situación sanitaria de la ciudad y mantener diversas reuniones con representantes del sector sanitario y del ámbito social”. (Subrayado mío.) Llegó a allí 17 días después de la invasión, fue recibida con abucheos, se reunió exclusivamente con miembros de la dirección del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA), y se marchó increpada por personal del servicio de urgencias que le pedía a gritos entrevistarse con ella.

En fin, Mónica llegó y como decía un comentario en la publicación de Facebook de la
delegación del Gobierno, salió “huyendo como una rata, como Marlaska”, una comparación con el ministro del Interior muy acertada, porque Marlaska bien merece el título de Virrey de las Cloacas, donde el N.º 1 reina, y Leire Díez, con la colaboración indispensable de (Mercedes) González, directora de la Guardia Civil, ejercía de jefa de comando. En la página web de INGESA se puede leer que la situación actualizada en el servicio de urgencias se ha *normalizado porque “tras un pico de 1.149 asistencias el 31 de julio, la demanda descendió a 221 asistencias el 3 de agosto. La actividad de agosto se ha estabilizado en una media diaria de entre 300 y 400 consultas, un volumen totalmente manejable”. La muy cínica evitó durante su visita reunirse con el personal sanitario y pasarse por el servicio de urgencias para constatar personalmente la situación. Tenía prisa.


Sigamos con Saiz, la portavoz gubernamental con más cara dura desde la instauración de la democracia el 6 de diciembre de 1978, capaz de mentir y engañar sin pestañear, o negarse a responder las cuestiones espinosas planteadas por los periodistas tras los consejos de ministros. Saiz cumple dos requisitos que presentan la mayoría de miembros del gabinete de Sánchez: 1) ser lega en las dos principales materias de su competencia, Seguridad Social y Migraciones, y 2) cumplir fielmente el guion de instrucciones remitido desde Moncloa cada mañana para tapar las corrupciones del PSOE y acusar al PP de todos los desastres que su propio gobierno produce por acción u omisión.

Saiz tiene el dudoso honor de ser la principal responsable dentro del Gobierno de la
regularización exprés de inmigrantes impulsada por el Gobierno entre el 16 de abril y el 30 de junio que se ha saldado con la solicitud de regularización por 1,2 millones de inmigrantes irregulares. El proceso provocó enormes tensiones en unas Administraciones Públicas desbordadas para atender con el rigor apropiado la avalancha de solicitudes y no fue acompañado por una memoria económica que garantizara a las Comunidades Autónomas los recursos financieros adicionales para proporcionar servicios públicos a los inmigrantes regularizados. Como ya ocurrió tras la trágica gestión de la pandemia protagonizada por el gobierno de Sánchez entre marzo y mayo de 2020, ya verán como Sánchez acaba trasladando también a las Comunidades Autónomas la responsabilidad de satisfacer los ‘derechos’ de quienes acaben siendo regularizados.

Hace poco más de un mes que la ministra defendía en la conferencia inaugural del curso
Identidades en tránsito, organizado por la Universidad Complutense, una política migratoria
“responsable, ordenada y bien gobernada”, justamente lo contario de lo que ha hecho su
Ministerio en 2026, por no remontarnos a años anteriores. Porque hasta donde sé no ha sido posible establecer con seguridad que los solicitantes cumplían los requisitos de encontrarse en el país con anterioridad al 1 de enero de 2026 y carecer de antecedentes penales. En cuanto a la expedición de certificados de vulnerabilidad, uno se pregunta quien ha comprobado que el solicitante es verdaderamente “una persona se encuentra en una situación de precariedad social o riesgo de exclusión”, y la sospecha es que se han expedido por Ayuntamientos y organizaciones no gubernamentales con más laxitud si cabe que los certificados médicos de no padecer enfermedades infeccioso-contagiosas para acceder a puestos en las Administraciones. Una auténtica chapuza, Sra. Saiz, que supondrá una carga más para los gobiernos en los próximos años.

La ministra Saiz se dejó caer por Ceuta “para conocer de primera mano” la situación el 17 de agosto, esto es, 18 después de la invasión, un día después de la ministra García. Como ésta, fue recibida también con abucheos y se marchó sin explicar qué ha hecho su Ministerio para impedir que Ceuta fuera invadida por decenas de miles de migrantes y si esta política que ha levantado todas las alarmas en la UE encaja en su modelo de política migratoria responsable, ordenada y buen gobierno.

Lo peor de los gobiernos de Sánchez no es sólo la innegable irresponsabilidad sino su cinismo. La semana pasada expuse como las actuaciones de los líderes secesionistas catalanes pasaron de ser consideradas constitutivas de delitos de sedición y hasta rebeldía por Sánchez a no apreciar en los hechos juzgados y condenados por el Tribunal Supremo delito alguno y proceder a blanquearlas concediéndoles la amnistía. En el caso de la
invasión de Ceuta, el Gobierno ha pasado de asegurar que devolvería a todos los inmigrantes irregulares que entraron en Ceuta el 30 de julio, con independencia de su edad, como demanda también la Unión Europea, a darles cobijo en carpas improvisadas en Ceuta como paso previo a su traslado a la Península. A nadie puede sorprender que Albares, al que escuchamos decir “que hasta la última persona que ha entrado irregularmente en España vuelva a Marruecos”, o Marlaska que afirmó que “ninguno de ellos se va a quedar en Ceuta, ninguno de ellos va a ir a la Península, ninguno de ellos va a ser regularizado”. Más mentiras, como aquella tan famosa de Illa: “no habrá amnistía ni nada de eso, lo repito…”.

Aquí puede entrar en juego la tercera medallista, la desconocida ministra Rego quien, por fin, va a tener un papel medio estelar al frente de su descafeinado Ministerio: encontrar acomodo lo antes posible para los asaltantes más jóvenes, 1.342 según la propia ministra, de Ceuta.

Miren ustedes a Casablanca
Mientras vemos perplejos en los telediarios como Ceuta sigue tomada por miles de emigrantes irregulares, viviendo en calles y playas en condiciones de insalubridad extrema, tanta que podría ocasionar un problema de salud pública en la ciudad, mientras se denuncian robos y agresiones sexuales que atemorizan a la población, la ministra García dijo al día siguiente de visitar Ceuta que “estamos muy lejos del colapso sanitario” y que su principal preocupación es que los inmigrantes tengan techo. Por su parte, la ministra Saiz ha llegado a culpar a Génova, la sede de la dirección nacional del PP en Madrid, de tensionar la situación y dificultar la coordinación entre Administraciones.

Algunos pensábamos que había sido el gobierno de Marruecos quien había permitido a las
hordas invasoras alcanzar la frontera con España y entrar sin oposición alguna en territorio
español. ¡Quia!, los culpables son los líderes del PP y al gobierno de Marruecos hay que
agradecerle su colaboración para resolver la crisis en Ceuta. Marruecos es para el gobierno de España un socio preferente, según Albares, más o menos en la misma línea, rumio yo, que EH Bildu lo es para el PSOE de Sánchez en el Congreso. Además de incompetentes, los ministriles de Sánchez están tan acostumbrados a mentir que dicen con solemnidad las tonterías más absurdas y se congratulan de ello. No, Sr. Albares, a ver si cumple lo prometido y acuerda con su homólogo marroquí, Nasser Bourita, el regreso a Marruecos de “hasta la última persona que ha entrado irregularmente en España”. Y, no, Sra. Saiz, la culpa no la tiene Génova: mire usted a Casablanca

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