La no publicación `por La Vanguardia de un artículo de Juan José López Burniol titulado » La revancha» ha generado un interesante debate. Aunque LV ha permanecido en silencio, ha sido el ARA , por medio de un artículo de su subdirector David Miró, quién ha defendido la posición de La Vanguardia argumentando el deber de censurar de los diarios.
La tesis central de David Miró es incuestionable: los medios privados tienen pleno derecho a tener una línea editorial y a censurar lo que supere sus límites de tolerancia.
Lo que pasa es que la tolerancia del medio no esta marcada, como pretende el autor, por » su obligada responsabilidad social» . La atribución implícita al artículo censurado de un carácter abominable o no democrático, carece de cualquier fundamento. Los medios censuran, censuramos, en función del posicionamiento ideológico y de los intereses económicos de cada uno. Y al final ambas cosa tienden a converger. El que paga manda. Y los fariseos que se rasguen las vestiduras.
Un medio como La Vanguardia que recibe abundantes recursos públicos, lógicamente no va a ser el medio más crítico con quién le permite salvar las cuentas de resultados año tras año, a día de hoy Sánchez e Illa. Tiempo habrá, si es necesario, de evolucionar en función de los resultados electorales. La habilidad camaleónica de La Vanguardia, ejecutada a la perfección, le ha permitido sobrevivir a cambios de régimen y de gobierno con apenas rasguños. La misión de un medio no es salvaguardar la libertad de expresión , eso es obligación del estado, debería serlo, mediante potenciación de la pluralidad informativa.
La autonomía de los medios respecto al poder político ha cambiado sustancialmente. Yo fui abogado del Comité de Empresa de La Vanguardia en la década de los 80. En aquellos momentos los ingresos privados: venta de ejemplares, suscripciones, publicidad privada era sustancialmente superiores a la actualidad. Esta mucho menor dependencia de los ingresos provenientes de administraciones públicas (Estado Generalitat, Diputaciones , Ayuntamientos etc. ) daba un grado de autonomía superior al actual a los medios. Los que tengan la edad para hacerlo recuerden las separatas de anuncios de todos los medios, especialmente en LV, o el volumen de ventas por suscripción y en los kioscos. Ahora el peso de los ingresos públicos es absolutamente determinante. Y, claro, la autonomía del medio, mucho menor. Y cualquier cosa que pueda molestar más de la cuenta al pagador debe censurarse. Es una realidad que resalto, no porqué sea exclusiva de uno u otro medio, sino por qué no comulgo con las ruedas de molino que nos quieren imponer que /lo hacen por el bien común. Por responsabilidad social.
Pero volvamos al caso concreto. Es el artículo de López Burniol » peligroso «? Incita a actuaciones que puedan calificarse de ilegales? Para nada. Pueden leerlo en link del comienzo de este artículo. habla del 36 para evitarlo no para promoverlo, denunciando, eso si, el revanchismo de la izquierda y el independentismo.
El artículo habla del 36 para advertir de un peligro, no para promoverlo. Por otra parte es el sanchismo y la izquierda los que viven de utilizar la guerra civil de forma revanchista. Por lo demás su defensa de la Monarquía frente a la deriva republicana no es una exageración innecesaria. Recuerden las declaraciones de Puente al respecto, sucesor in pectore de Sánchez.
Estos medios, ARA y La Vanguardia en este caso, entienden la «responsabilidad social» a su manera. Fueron más que comprensivos con las ilegales leyes de desconexión o con el intento de golpe del 1 de Octubre. Han entrevistado y, por tanto, difundido, líderes de formaciones extremistas de ambos lados etc. El mundo lo ven a través de la cuenta de resultados como cualquier empresa, nada escandaloso. Lo que no cuela es que se quieran hacer pasar por hermanitas de la caridad democrática. En otro momento analizare el peso relativo de los ingresos públicos en el resultado de la La Vanguardia Ediciones S.L.U pero se puede anticipar que la empresa entraría en pérdidas significativas sin esos ingresos*/( no hablo del Grupo Godó en su conjunto que implica analizar otras sociedades o el consolidado lo que no he hecho)
En conclusión: derecho a censurar si. Lo de que se hace por el bien común , nanay. Los medios » serios» son los que más fake news difunden de facto mediante la práctica de no publicar nada que ofenda a sus pagadores hasta que no tienen más remedio. La libertad de información la garantiza el pluralismo. La competencia. Han perdido el monopolio de la verdad. Ahí les duele. Hoy censuran como han hecho siempre. Pero al final, el artículo tiene más difusión que si lo hubieran publicado.
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