Por Ceuta y por España: Sánchez dimisión

La crisis fronteriza evidencia la falta de previsión y respuesta del Gobierno mientras los ceutíes soportan las consecuencias y las Fuerzas de Seguridad trabajan en primera línea

Calle de Ceuta abarrotada de personas tras la llegada masiva de inmigrantes desde Marruecos.
Miles de personas ocupan una de las principales calles de Ceuta tras la entrada masiva de inmigrantes desde Marruecos.

Ceuta ha sido invadida y los caballas han visto cómo, en cuestión de horas, se ponían en riesgo su libertad, su seguridad y sus derechos ante la pasividad de un Gobierno de Pedro Sánchez que ha eludido su responsabilidad de defender a los españoles y proteger nuestras fronteras.

Todo mi apoyo a nuestros compatriotas de Ceuta, que han sufrido una situación sin precedentes y que, además, tienen que afrontar sus consecuencias en su vida cotidiana, conviviendo con una sensación de inseguridad que condiciona incluso algo tan básico como salir de sus propias casas.

Ceuta soporta, además, una enorme presión sobre sus servicios públicos y de atención ciudadana sin disponer de los recursos suficientes para hacer frente a una situación que jamás debería haberse producido. Mientras tanto, los ceutíes que pagan sus impuestos y cumplen con sus obligaciones encuentran dificultades para acceder a unos servicios que deberían estar garantizados. Cuando quienes sostienen el sistema ven limitado el acceso a aquello que necesitan, estamos ante una profunda injusticia que no puede ser ignorada.

Pedro Sánchez ha traspasado todas las líneas rojas. Creíamos que su hipocresía ya no podía sorprendernos más y, una vez más, lo ha conseguido. Empiezo a pensar que ni él mismo se cree ya sus propias mentiras.

Su gestión ha demostrado una enorme incompetencia y una preocupante falta de empatía. Pasará a la historia —ya sabemos cuánto le preocupa su legado— como uno de los presidentes más alejados de la realidad y de las necesidades de los españoles. Parece vivir únicamente pendiente de sí mismo y de su supervivencia política.

Un presidente también de vacaciones

Un presidente no deja de serlo cuando está de vacaciones. Por supuesto que tiene derecho a descansar, pero quien acepta voluntariamente la responsabilidad de presidir un país sabe que lo es las veinticuatro horas del día. Y cuando se produce una crisis de esta magnitud en territorio español, no debería existir ninguna duda sobre dónde tiene que estar: al frente de la situación y al lado de sus compatriotas.

Su actitud refleja una apatía y una insensibilidad preocupantes. Su entrevista, concebida para justificar su actuación, y su posterior intervención en el Congreso de los Diputados proyectaron la imagen de un presidente débil, refugiado en excusas y empeñado únicamente en resistir para evitar una dimisión que, a estas alturas, sería el mínimo ejercicio de responsabilidad política exigible.

Un presidente y un Gobierno incapaces de garantizar la integridad territorial del Estado y la seguridad de sus ciudadanos deberían asumir responsabilidades y dimitir.

Tampoco se entiende que la frontera no contara con la protección necesaria. Si existían informes y advertencias previas, resulta todavía más difícil explicar por qué no se adoptaron las medidas necesarias. Ni prevención suficiente ni una respuesta a la altura de las circunstancias: demasiada inmovilidad ante un problema que continúa afectando a Ceuta.

Especialmente preocupantes son las condiciones en las que trabajan los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Quienes están en primera línea defendiendo nuestras fronteras merecen disponer de los medios, las instalaciones, el descanso y la alimentación adecuados para desarrollar su trabajo con garantías. Y, sobre todo, necesitan respaldo para cumplir con su obligación dentro de la ley y con plena seguridad.

A todos ellos, gracias una vez más por vuestra valentía, vuestro compromiso y vuestro servicio a España.

Solidaridad y legalidad

Quienes hayan entrado ilegalmente en nuestro territorio deben regresar a sus países de origen conforme a la legislación y con todas las garantías correspondientes. En el caso de los menores, debe prevalecer siempre su interés superior y, cuando sea posible y procedente, favorecer su reunificación con sus familias.

Mientras permanezcan bajo nuestra responsabilidad, tienen que recibir la protección y la atención que necesiten. Nadie debe pasar hambre ni quedar desatendido en nuestro país. Pero solidaridad y legalidad no son conceptos incompatibles. Ayudar a quien lo necesita no significa renunciar al cumplimiento de nuestras leyes ni ser permisivos con quienes cometan delitos.

Lo ocurrido no puede reducirse simplemente a una crisis migratoria. Estamos hablando de una entrada masiva e irregular en territorio español que ha puesto en evidencia las deficiencias en el control y la protección de nuestras fronteras.

Y, por si fuera poco, los caballas han tenido que soportar la última visita del ministro del Interior a Ceuta, hablando de la “seguridad subjetiva” de los ciudadanos. Las palabras de Fernando Grande-Marlaska demuestran una preocupante falta de empatía hacia quienes viven diariamente esta situación.

Creer en la política

Los ciudadanos no necesitan que desde un despacho les expliquen cómo deben percibir su seguridad. Necesitan soluciones, medios, presencia institucional y responsables políticos dispuestos a escucharlos y a dar la cara.

Frente a la actuación del Gobierno de España, el presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas Lara, ha demostrado entereza, responsabilidad y sensibilidad hacia sus ciudadanos. Actitudes como la suya permiten seguir creyendo en la política y en quienes ejercen sus responsabilidades con verdadera vocación de servicio público.

El pasado 2 de septiembre, muchos españoles salieron a la calle para mostrar su apoyo a Ceuta y expresar su rechazo a la gestión del Gobierno de Sánchez. Esa movilización no debería ser ignorada ni silenciada. Es la expresión del hartazgo de quienes consideran que Ceuta no puede seguir sintiéndose abandonada y reclaman al Gobierno que asuma, de una vez por todas, sus responsabilidades.

Ceuta necesita seguridad, recursos, respaldo institucional y un Gobierno de España que esté a la altura. Por dignidad, por Ceuta y por España, Pedro Sánchez y su Gobierno deberían dimitir y convocar elecciones.

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